A ESTAR FIRMES:

Los discípulos de Cristo están firmes, no por pie, sino luchando la buena pelea de la fe; vamos, por lo tanto, a resistir el mal y a defender lo que es bueno.
Jesucristo uso un lenguaje claro para describir el alto costo del discipulado: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.” (Luc 14:26-27). Para ser discípulos fieles, debemos amar a Cristo en primer lugar. Solo así podremos “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.” (1 Cor 16:13).
Con una respuesta resuelta, Pablo se crucifico a sí mismo a vivir por fe “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gal 2:20). Como Pablo, debemos estar resueltos a estar firmes, vivir por fe y pagar el precio del discipulado.
Estar firmes en contra de los esquemas del diablo.
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.” (Efe 6:10-13).
Los esquemas engañosos del diablo son diseñados para distraer, desanimar, y destruir almas. La habilidad de levantarse en contra de sus engaños viene de la fuerza del poder de Dios, no por el poder de nuestras propias proezas. Toda la armadura de Dios nos da la protección y poder que necesitamos para hacerlo todo y para “estar firmes” (Efe 6:13-17).
Estar firmes en contra de los esquemas del diablo demanda pelear con la espada del Espíritu, la palabra de Dios (Efe 6:17). Nos podemos estar firmes sino luchamos. Estamos en una batalla espiritual, peleando en contra de las fuerzas del mal y los malvados. El progreso del evangelio de Cristo es adelante y hacia arriba, peleando la buena batalla de la fe para alcanzar la vida eterna (1 Tim 6:12; 2 Tim 4:7-8). Podemos caer en derrota cuando nos resistimos y rehusamos la naturaleza combativa del evangelio. El discipulado no puede ser pasivo, porque nuestro adversario, el diablo, está siempre pronto a atacar (1 Ped 5:8). Debemos derrotar al enemigo con una fe completa de que la palabra de Dios cumple Sus propósitos si confiamos y obedecemos (Isa 55:10-11; Fil 2:12-13).
Oponerse a lo que está mal.
Debemos oponernos al rechazo de la absoluta verdad. Los esquemas de satanás son numerosos como para catalogarlos, pero este esquema particular llega al corazón de muchos otros. El evangelio, poder de Dios salva a los perdidos y protege a los salvos, es plantado en los corazones al escucharlo (Luc 8:11-15). Cuando la verdad divina es plantada en el corazón, convierte al pecador, corrige el pecado y convierte una vida (Rom 1:16-17, 12:1-2; Juan 16:8; Hech 2:37-41; 2 Tim 3:16-17). Entonces, cuando el diablo convence a la gente de que la verdad es relativa, fluida, cambiante, irreconocible e inalcanzable, el efectivamente endurece los corazones de escuchar y recibir la palabra implantada que es capaz de salvar sus almas (Sant 1:21).
Debemos estar resueltos a oponernos a esta falsa vista de la verdad para poder estar firmes. Consideremos algunas de las evidencias que nos llaman a la batalla. Para algunos, la Biblia es vista como una mitología. Es rechazada como la palabra inspirada de Dios por muchos. La palabra de Dios es vista como una carta muerta en lugar de los vivos oráculos de Dios (2 Tim 3:16-17; 1 Cor 14:37; Efe 3:3-5; Heb 4:12; 1 Ped 2:20-21).
Más allá, el absoluto estándar moral de Dios es desechado mientras que la diversidad inmoral es glorificada. Como en los días de Isaías, lo bueno es llamado malo y lo malo bueno (Isa 5:20). El matrimonio es deshonrado con el divorcio y pervertido con definiciones mundanas y conductas pecaminosas, tal como matrimonios del mismo sexo, matrimonios adúlteros, y uniones poligamias (Heb 13:4). Dios es redefinido, las criaturas atentan con rehacer al Creador en semejanza con su fútil imaginación (Rom 1:21-23). Los cristianos deben resolver el estar firmes rápidamente y pelear en contra de tales redefiniciones impías en contra de Dios, la verdad, moralidad y santidad.
Adicionalmente, la norma absoluta de autoridad de Dios es ridiculizada por aquellos que profesan conocerlo, pero cuyas obras lo niegan (Tito 1:16). Estos enemigos de la cruz rechazan los patrones bíblicos, su establecimiento, la autoridad de la Biblia por comandos, ejemplos aprobados e inferencia necesaria. Ellos menosprecian y se burlan, diciendo que todo esto es de origen humano, incluso aunque el Espíritu Santo guio el uso apostólico de ellos para enseñar la verdad en Hechos 15:6-21. Los cristianos deben resolver el estar firmes y luchar en contra de las innovaciones de la sabiduría humana que pervierten el evangelio de Cristo y convierten la gracia de nuestro Señor en lascivia (Gal 1:6-10; Juan 9-10; Judas 3-4).
El resolvernos a estar firmes en verdad demanda que nos opongamos a las distorsiones que pueda haber de ella y que las ataquemos. Los verdaderos discípulos permanecen en la palabra de Cristo y en libertad de pecados (Juan 8:31-32).
Defender lo que es correcto.
Resolvernos a estar firmes por Cristo también requiere de nosotros que defendamos lo que es bueno, correcto y verdadero. Como Pablo, no debemos rendirnos en sumisión a los falsos maestros y sus falsas enseñanzas ni por un minuto, para que la verdad del evangelio continúe con nosotros (Gal 2:5). Estar firmes por la verdad requiere de fe en nuestras fuerzas para derrocar las fortalezas del pecado e ir triunfantes a través de la obediencia, “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” (2 Cor 10:3-5). La verdad derrota a las fortalezas del orgullo humano, la ignorancia, el error y el pecado. Por lo tanto, para estar firmes de forma efectiva y defender la verdad debemos:
Santificar a nuestro Señor Dios en nuestros corazones (1 Ped 3:15). La preminente autoridad de Cristo en el corazón nos prepara para responder en defensa de nuestra esperanza. Cuando Cristo gobierna en nuestros corazones, Su palabra gobierna nuestras palabras y acciones (Col 3:16-17).
Probar todas las cosas (1 Tes 5:21-22). Debemos someter a escrutinio cada actitud, palabra y acción con los estándares de la verdad apostólica (1 Juan 4:1,6). Entonces, podremos “retener lo bueno” y “abstenernos de todo mal”.
Predicar la Palabra (2 Tim 4:2-4). Solo la palabra inspirada de Dios es confiable para “enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,” (2 Tim 3:16). Los pulpitos de hoy en día no necesitan “excelencia de palabras” y “palabras persuasivas de sabiduría humana”; más bien, necesitan predicar la Biblia en “debilidad, y mucho temor y temblor” (1 Cor 2:3, 1-5; Hech 20:27; 1 Tes 2:1-6, 13).
Contender ardientemente por la Fe (Judas 2-3). Para defender lo que es correcto debemos agonizar intensamente por la fe sin miedo (Jere 8:4-12; Efe 4:1-3; Gal 4:16). “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Fil 1:9-11).
¿Dónde debemos estar firmes?
Debemos estar firmes por Cristo en todo lugar y siempre. Resolvámonos a estar firmes en nuestros hogares, en la escuela, en el trabajo, etc. Resolvámonos a estar firmes en nuestras congregaciones y nuestras comunidades. Resolvámonos a estar firmes en la fe en cada relación (1 Cor 16:13; Fil 4:1).
Conclusión.
Una resolución no es un deseo; es un propósito del corazón para perseguir un curso de acción definitivo. Dios dijo, “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.” (Ezeq 22:30). ¿Te resolverás a estar firme en la brecha en favor del Señor por Su voluntad? Si no lo haces tú, entonces ¿Quién? Si no es ahora, entonces ¿Cuándo?

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