A SOMETERNOS:

Phillip E. Stuckey

Dios el Padre, Jesucristo el Hijo y el Espíritu Santo esperan que los creyentes exhiban un espíritu de sumisión en relaciones con la familia, hacia el gobierno, en el lugar de trabajo y especialmente en la iglesia.
“Los quebrantarás con vara de hierro; Como vasija de alfarero los desmenuzarás. Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; Admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, Y alegraos con temblor.” (Salm 2:9-11).
Cuando se trata de la fe en Cristo, muchas cosas sobre el evangelio apelan a nosotros. El amor mutuo, honestidad, compromiso, comodidad y el ánimo que recibimos uno del otro suena bien para muchos, pero ¿Qué hay de la sumisión? Esto es algo que los hijos de Dios deben hacer para agradarlo (Sant 4:7; Efe 5:21).
Este concepto es difícil de aceptar para muchos. Muchas personas, incluso cristianos, tienen un desdén por la autoridad. Ellos tienen problemas con que les digan lo que deben hacer. ¿Por qué debe el cristiano resolverse a ser sumiso en su vida? Y ¿Cómo es una vida de sumisión en servicio al Señor?
Sumisión a Dios.
Mucho tiempo atrás, el faraón pregunto: “¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz?” (Exod 5:2). Esta misma pregunta es hecha por muchos hoy en día, si no en palabras, por la forma en que viven. Cada ser humano debe someterse a la autoridad del Dios Todopoderoso.
Dios como Padre, como Creador de todas las cosas, tiene el derecho de gobernar nuestra vida (Apoc 4:11). Él no necesita nada de nosotros, aun así Él nos da todas las cosas. Él derrama su amor por toda la creación, proveyendo vida y sustento a todos. Él hace esto por todos, sean buenos o malos (Mat 5:45). Sobre todo, Él ofreció a Su Hijo como sacrificio para salvar a la humanidad de nuestros pecados (Juan 3:16; Rom 5:6-8). Él nos ha dado Su palabra para decirnos como vivir, como servirle y como disfrutar la vida lo mejor posible, antes, ahora y por toda la eternidad (Deut 6:24; Jere 32:39; 1 Juan 5:3). Aunque Él tiene el derecho de demandar obediencia de nosotros, nos permite elegir el someternos o no a Él. Sin embargo, también leemos en las Escrituras de Su gran poder, fuerza, ira, así como de su bondad y severidad, ¿No es más sabio y prudente estar deseosos de someternos a Él ahora, antes que sea muy tarde? (Mat 10:28; Sant 4:7; Rom 2:1-11).
No solo debemos ser sumisos con el Padre, sino también con Cristo Jesús. Como el Cordero de Dios y el Salvador de la humanidad, Él merece obediencia. Él dio su vida por nosotros, y nosotros debemos dar nuestra vida en servicio a Él (2 Cor 5:14-15). Aunque Él estaba con Dios, Jesús fue humilde en obediencia a los deseos de Su Padre (Luc 22:42; Heb 5:7-8). Por Su sumisión a los deseos del Padre, Dios lo ha hecho Rey de reyes y Señor de señores (Mat 28:18; Apoc 17:14, 19:16). Como el Padre, el Hijo no fuerza a nadie a someterse a Él, pero gentilmente suplica a cada uno de nosotros a rendirse a Su voluntad (Mat 11:28-30). Desde que leemos en las Escrituras que a Él también se le ha dado autoridad para juzgarnos, ¿No sería sabio someterse a Su voluntad antes de que sea tarde? (Juan 12:48; Heb 17:30-31).
La sumisión a Dios también envuelve al Espíritu Santo. Cuando Jesús volvió al Padre, Él envió al Espíritu a guiar a los apóstoles a la verdad y a revelar el Nuevo Convenio al hombre (Juan 16:12-13; 1 Cor 2:10-13). Por Su obra, conocemos lo que es el pecado, hemos aprendido la forma de salvación y verdad, y conocemos las maravillas de Dios y Su amor por nosotros (Juan 16:8-11). Su trabajo le trae al cristiano confianza y paz mientras peleamos la buena batalla de fe (Rom 8:14-17). ¿Por qué lo entristeceríamos o enojaríamos rehusándonos a rendirnos a Sus enseñanzas? (Heb 10:28-29; Efe 4:30; 1 Tes 5:19).
Por causa del poder, grandeza, gracia, amor, misericordia e ira del Señor, el cristiano y toda la humanidad deben vivir una vida en sumisión a Dios el Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo.
Sumisión en la iglesia.
Nuestra sumisión a Dios debe guiarnos a tener un espíritu de sumisión cuando se trata de nuestra vida en la iglesia. Después de todo, el Señor compro la iglesia con Su propia sangre (Hech 20:28). Por esta razón, cuando se trata del trabajo, adoración, y organización de la iglesia, debemos rendirnos a las reglas de Cristo (Efe 5:24; Col 1:18).
¿Qué significa una vida de sumisión en la iglesia? Primero y más importante, significa someternos al mundo, a la voluntad de Cristo, en todo lo que hacemos (Sant 1:22-25; Col 3:17). No importan nuestros sentimientos, opiniones o creencias sobre cómo debe funcionar la iglesia, la palabra de Cristo es más importante. Él sabe lo que es mejor para nosotros en nuestras vidas individuales y en nuestras vidas junto a Su sangre.
También significa que debemos aprender a someternos unos a otros (Efe 5:21; 1 Cor 16:15-16). En lugar de ser egoístas e insistir en lo que pensamos, debemos rendirnos unos a otros un respeto por Cristo e imitar Su ejemplo (Fil 2:3-8). Nuestro Señor estaba deseoso de entregar Su vida por nosotros; por lo tanto, debemos estar deseosos por hacer lo mismo unos por otros (1 Juan 3:16; 4:11-17). ¿Puedes imaginar cómo sería tu iglesia local si todos se sometieran como Jesús?
La sumisión en la iglesia también significa someternos a aquellos a los que el Espíritu a calificado para ver por nosotros y nuestras almas (Heb 13:17; 1 Tim 3:1-7; Tito 1:5-9). Tales hombres no se sirven a ellos mismos, sino a la iglesia en nombre del Pastor de las ovejas, que es Cristo (1 Ped 5:1-5). En lugar de ser desafiantes, debemos respetar a aquellos que imitan y siguen al Señor y realizan el trabajo de liderar el rebaño (1 Tes 5:12-13).
La sumisión en la iglesia es una parte del plan de Dios para ayudar al cuerpo a crecer en madurez (Efe 4:11-16). Los desafíos y la división en la iglesia son peligrosos (1 Cor 3:16-17). A través de la reverencia a Dios y a Cristo, debemos someternos unos a otros en la iglesia (Efe 5:21; Rom 15:1-7).
Sumisión toda la vida.
Nuestra sumisión a Dios no solo afecta nuestras relaciones en la iglesia, sino que también permanece por siempre en nuestras vidas.
En el hogar, el cristiano debe exhibir un espíritu de sumisión. Las esposas deben someterse a sus esposos (Efe 5:22-24; Col 3:18). Los hijos deben someterse a sus padres (Efe 6:1-3; Col 3:20). Los jóvenes deben someterse a los mayores (1 Ped 5:5; Tito 2:1-5). Dios también espera que aquellos que están en autoridad de servir y guiar amorosamente a los que se encuentran bajo su cuidado, lo hagan sin abusar de su autoridad (Efe 5:25-33, 6:4).
En el lugar de trabajo, el cristiano debe exhibir el mismo espíritu de sumisión (Efe 6:5-9; Col 3:22-24). Incluso cuando se trata del gobierno, siempre y cuando no se viole la palabra del Señor, los cristianos deben someterse a aquellos que gobiernan sobre ellos (1 Ped 2:13-14; Rom 13:1). Con amor y respeto a Dios, el cristiano debe vivir una vida de sumisión (Col 3:17).
Conclusión.
Dios, Jesús y el Espíritu Santo todos esperan del cristiano que exhiban un espíritu de sumisión en toda relación en esta vida, familia, gobierno, lugar de trabajo y especialmente en la iglesia. Dios es nuestro Padre amoroso y nuestro Creador que sabe lo que es mejor para nosotros (Heb 12:9). ¿Quiénes somos para retarlo o rehusarnos a Él? (2 Cron 20:6; Rom 9:20). Resolvámonos a no ser hinchados con arrogancia, sino a confiar amorosamente a Su juicio y someternos a Él en todas las cosas antes de que sea muy tarde (Luc 14:31-33).

Traducido por: Eula Vasquez.

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