Al venir a Cristo nuestra vida fue transformada:

Introducción: Al venir a Cristo nuestra vida fue transformada. Esto es como resultado de presentar nuestro cuerpo como sacrificio vivo y no conformarnos a este siglo, veamos Romanos 12:1-2: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
Ahora leamos Romanos 12:11-13: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.”

FERVIENTES EN ESPIRITU SIRVIENDO AL SEÑOR

El hermano transformado es celoso de Dios, como era Pablo antes de hacerse cristiano, veamos Hechos 22:3: “Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros.”
A diferencia del pueblo de Israel, los cristianos fervientes en espíritu tienen celo de Dios, pero conforme a ciencia, Romanos 10:2-3: “Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.”
Hay que servir al Señor con corazón sincero, temiendo a Dios, Colosenses 3:23: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.”
Los fervientes en espíritu son celosos de buenas obras, leamos Tito 2:14: “quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.”

GOZOSOS EN LA ESPERANZA:

La esperanza del cristiano se identifica como la resurrección y la vida eterna, leamos Hechos 24:15, “teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.” También Tito 1:2: “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.”
El cristiano se regocija a causa de esta esperanza, Filipenses 4:4: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”
Los primeros cristianos se alegraban de esta salvación futura, 1 Pedro 1:3-6: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas.”

SUFRIDOS EN LA TRIBULACION

La tribulación quiere decir persecuciones y pruebas.
Todos los que quieren vivir piadosamente la padecerán, 2 Timoteo 3:12: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.”; Mateo 13:20-21: “Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.”; Marcos 10:28-31: “Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.”
Sufridos en la tribulación quiere decir soportar aflicciones que resultan de seguir a Cristo. ¡Una forma de hacer estos es regocijarse en la tribulación! Leamos Romanos 5:3-4: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.” 1 Pedro 1:5-7: “que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.” Mateo 5:11-12: “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.”

CONSTANTES EN LA ORACION

La Biblia nos enseña, nos manda, y nos anima a orar. Lucas 11:1: “Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.” Lucas 18:1: “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.” 1 Timoteo 2:1: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres.” 1 Timoteo 2:8: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.”
Es una de nuestras mayores bendiciones. Filipenses 4:6-7: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” 1 Pedro 5:7: “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”
El cristiano transformado ora, y ora constantemente. Colosenses 4:2: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.” 1 Tesalonicenses 5:17: “Orad sin cesar.”
El nuevo converso, si no aprende a orar, no persevera mucho. Un refrán popular dice: “O la oración refrenara el pecado, o el pecado refrenara la oración”.
Recordemos que orar es expresar a Dios nuestro sentir: nuestras alegrías, tristezas, temores y hasta las victorias. Nuestras oraciones reflejan nuestra dependencia de Dios.

COMPARTIENDO PARA LAS NECESIDADES DE LOS SANTOS

El ejemplo de la iglesia primitiva. Hechos 6:1-2: “En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria. Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.”. 2 Corintios 8:1-4: “Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos.”
La obligación de todo hermano. Mateo 25:45: “Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.” 1 Juan 3:17-18: “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” Hebreos 13:1-2: “Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.”
El deber del cristiano hacia todo hombre. Gálatas 6:10: “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.” Romanos 12:20-21: “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.”
Nuestro buen Dios espera de nosotros obediencia. Para que nuestra vida cristiana sea de bendición para otros debemos de poner en prácticas estas enseñanzas.

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