ASI COMO PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES:

Kyle Pope

Concentrándonos en las enseñanzas de Cristo acerca del perdón, Kyle nos reta a dejar atrás el resentimiento y la amargura que crece en nuestros corazones cuando somos maltratados.
A nadie le gusta ser maltratado. Si nos dan la opción, a todos nos gusta que nos traten con amor, honor y respeto siempre. Nos hace sentir seguros, confiados y valorados por aquellos que nos rodean. Cuando nos tratan mal, nuestra imagen se ve amenazada, nuestra confianza se ve sacudida y nos brota un deseo de defendernos y arremeter en represalia del mal que hemos sufrido. Cuando como cristianos nos hacen algo, si la palabra de Dios habita en nosotros, nos confrontamos con un difícil deber: la obligación de perdonar. La palabra de Dios es clara: “más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonara vuestras ofensas” Mateo 6:15. Nos enseña a orar: “y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mat 6:12). Así que, si buscamos el perdón, claramente también debemos perdonar. Vamos a considerar algunas preguntas sobre el perdón.
¿Por qué debemos perdonar?
Los hombres y mujeres en el mundo ven el perdón hacia los otros como algo que no los satisface por completo. El mundo solo encuentra satisfacción en la venganza. Su pensar es el de “el pensamiento carnal” (Rom 8:7) y lo poseen aquellos que “piensan en las cosas de la carne” (Rom 8:5). Cuando una persona no se da cuenta de su pecado ante Dios, tampoco reconocerá su propio valor al enfrentar la oferta de Dios de perdonarlo a través de Cristo Jesús. Esta persona posee una “mente reprobada” (Rom 1:28), que es “implacables” y “sin misericordia” (Rom 1:31). Como cristianos, debemos perdonar porque hemos sido perdonados. Si no lo hacemos, demostramos cuan poco valoramos la misericordia de Dios hacia nosotros.
¿Cuándo debemos perdonar?
Lucas 17:3 nos dice: “mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale”. La clave aquí es arrepentirse. En nuestro trato con los demás, nunca debemos ignorar o ser tolerantes con el pecado. Al mismo tiempo, no debemos ser de “piel sensible” que nos molestamos por la mas mínima palabra que es dirigida a nosotros. La Biblia nos instruye a ser “pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Sant 1:19) con un amor que “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor 13:7). No debemos que el tono de voz de alguien o sus comentarios sin tacto traigan a nuestros corazones amargura y resentimiento. Cuando nos hacen algo, nuestro primer pensamiento como cristianos debe ser, “talvez lo malentendí” o “talvez era de otra forma”. Si asumimos esta forma de pensar, estamos en una posición más objetiva para analizar la situación libre de la sensación de tener que defendernos.
¿Qué pasa si el arrepentimiento nunca llega?
Habrá momentos en que nos harán algo malo, y aun así la otra persona no se arrepiente de lo que hizo. ¿Significa que no tenemos que perdonar? ¿Significa que estamos justificados en abrigar resentimientos hacia ellos hasta que se arrepientan? ¡Claro que no! Marcos 11:25 enseña “y cuando estés orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas” en este texto, no dice nada sobre el arrepentimiento de la otra persona. Es más, está claro que la persona a la que hicieron mal debe poner el problema detrás de su propia mente y perdonar a la persona que le ha hecho mal. Este es el mismo carácter presentado en los ejemplos de Jesús (Lucas 23:34) y Esteban (Hechos 7:60) cuando los dos perdonaron a sus ofensores sus ofensas hacia ellos. Esto no significa que la persona está bien con Dios por nuestro perdón, y tampoco significa que la persona que ha hecho mal no tiene la obligación hacia Dios de arrepentirse. Lo que muestra es que las mentes espirituales resuelven este tipo de problemas mucho antes de que el ofensor vuelva a ellos en arrepentimiento (si es que lo hacen).
¿Qué bien hace?
Abrigar pensamientos de resentimientos en nuestros corazones demanda una gran labor emocional y energía mental, debemos continuamente “alimentar el fuego” para que el resentimiento queme en nosotros. Se vuelve más y más difícil “poner la mira en las cosas de arriba” (Col 3:2) cuando llenamos nuestros pensamientos de resentimiento continuamente. El perdón alcanza un gran bien cuando beneficia al recipiente y al que se le extiende. Nos libera de la misma forma que el arrepentimiento, del que se dice que para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hech 3:19). Los israelitas fueron advertidos “no te vengaras, ni guardaras rencor a los hijos de tu pueblo, sino amaras a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.” (Lev 19:18). Los cristianos han sido advertidos “juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia…” (Sant 2:13). Si queremos ser perdonados, no podemos retener el perdón a los demás.

 

Traducido por: Eula Vasquez.

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