Así que, ya que tenemos tales promesas:

 

Así que, ya que tenemos tales promesas, purifiquémonos de toda contaminación de carne o de espíritu, y mantengamos una completa santidad en el temor de Dios

Introducción: 2 Cor. 7:1
1. Las promesas mencionadas en 2 Cor. 6:17-18; nos enseñan que Dios promete de que Él sería un Padre, un protector y un amigo. La idea es que, como tenemos la promesa de que Dios habitará en nosotros, que él sería nuestro Dios, y nuestro Padre, deberíamos apartar de nosotros todo lo que sea ofensivo a su vista, y vivir una vida en completa santidad.


2. Nadie es guardián de la conciencia de otro, cada uno va a decidir si vive una vida santa, o no. El la Biblia la santidad es enseñada, enfatizada y mandada por Dios a sus hijos, ya que para Él, nuestra santidad es importante, porque sin la santidad, “no podremos ver a Dios”.

I: Promesas, la seguridad que Dios ha dado acerca de su presencia, y de la comunión con El, para aquellos que le obedecen. Esta obediencia requiere purificación…

A. Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu…
1. Si bien es cierto que toda influencia purificadora y toda santidad procede de Dios, también es cierto que el Espíritu Santo nos incita a la diligencia para purificar nuestros corazones y a realizar esfuerzos para vencer nuestros propios pecados. El que espera ser hecho puro sin ningún esfuerzo propio, nunca lo será. En consecuencia no pondrá resistir el mal de su propio corazón y llegar a ser como Dios. Pablo dice aquí que tenemos las promesas de Dios para ayudarnos, pero tenemos hacer nuestra parte; 2 Cor. 6:16. El templo de Dios somos nosotros y debemos mantenernos santos. Los ídolos pueden ser todo lo que nos rodea, y que nos roba lo que es de Dios, la adoración, la devoción, la obediencia. Y ¿qué podría ser eso? El trabajo, la familia, los hobbies, y todo lo que ocupa el primer lugar en nuestras vidas; Mat. 6:25-34.
2. La contaminación de la carne, ¿qué es? Todos los apetitos y las pasiones corruptas del cuerpo que nos asechan en todo lugar y a cada momento; Gál. 5:19-21, 24; Col. 3:5-8.
3. La contaminación del espíritu, ¿qué es? Es decir, cuyas mentes, motivos y principios son puros; que buscan no solo tener las acciones externas correctas, sino que desean ser santos de corazón; “Bienaventurados los de limpio corazón” – Mateo 5:8. El hombre mira la apariencia exterior, pero Dios mira el corazón, y Cristo hablo de esas cosas en Mateo 15:19. Y probablemente Pablo aquí incluye todos los pecados y pasiones que pertenecen particularmente a la mente, más que a los apetitos carnales, tales como el deseo de venganza, orgullo, avaricia, ambición, etc. También se puede referir a cualquier persona que contamina la verdad; 2 Cor. 2:17; 4:2; Tito 2:7-8.

B. Perfeccionando la santidad.
1. Perfeccionar, traer totalmente a un fin, en el sentido de total de completar. Esta es una santidad que crece y madura; es una santificación progresiva, una que será semejante a la de Cristo; Filipenses 3:12; 2 Cor. 3:18. En el evangelio se nos permite mirar en todo el esplendor las perfecciones divinas, la justicia, la bondad, la misericordia y la benevolencia de Dios. La idea es que las perfecciones de Dios brillen con esplendor y belleza en el Evangelio, se nos permita mirarlas clara y abiertamente, para motivarnos a ser como él.
2. La santidad comienza en el corazón, y la exhortación del apóstol es que haga todo lo posible para que sea una santidad completa en todo. Él insta a la obligación de hacer un esfuerzo para ser como el objeto de nuestra adoración. Nuestro Dios es perfecto, santo y puro; 1 Ped. 1:15-16. Si el que nos llamó es santo, debemos ser santos. El objetivo continuo de todo cristiano debe ser la perfección en todas las cosas, en el amor de Dios, de Cristo, del trato con el prójimo; perfección del corazón, sentimientos y emociones; perfección en sus palabras, y planes; perfección en sus oraciones y en su sumisión a la voluntad de Dios. El que no tiene una religión verdadera. ¿Cómo puede ser un cristiano si consiente el pecado, y que no desea ser como su Maestro y Señor? 1 Tes. 4:1-5.

C. En el temor de Dios.
1. El temor aquí en un temor reverente. A Dios, como motivo controlador de la vida, en asuntos espirituales y morales, no un mero temor de su poder y justa retribución, sino un temor a desagradarle, temor que ahuyenta el terror de alejarse de su presencia, y que influye en la disposición y actitud de uno cuyas circunstancias son guiadas por la confianza en Dios, por medio del Espíritu de Dios que mora en él; Hechos 9:31; Efe. 5:21; Filip. 2:12.
2. La idea parece ser que siempre estamos en la presencia de Dios; estamos profesamente bajo Su Ley y debemos sentir temor y sujeción por el sentido de su presencia, por la retribución del pecado y por la pasividad a las contaminaciones de la carne y el espíritu. Hay muchos pecados que la presencia de los hijos, impedirá que un hombre cometa; la presencia consciente de un Dios santo nos impide pecar. Si el miedo al hombre o al niño nos refrena y nos hace tratar de ser santos y puros, ¿Cuánto más el temor del Dios omnipresente y omnisciente que nos guarda, no solo de los pecados externos, sino también de los pensamientos contaminados y deseos impíos? Génesis 39:7-9; 42:18. Moisés dice aquí en Génesis que José era de hermoso semblante y bella presencia. La belleza notable, ya sea de hombres o mujeres, a menudo resulta una trampa peligrosa tanto para ellos mismos como para los demás, lo cual prohíbe el orgullo en ella y ordena la vigilancia constante contra la tentación que la acompaña. Tenemos una gran necesidad de hacer un pacto con nuestros ojos así como dijo; Job 31:1; y como le dijo Pablo a Timoteo; 1 Tim. 4:12; 5:2.

Conclusión:
1. Es el temor a Dios la base para obedecerle, imitar su ejemplo, obtener su carácter, y su pureza, y así limpiarnos de toda contaminación; Prov. 8:13; 16:6.
2. Pero es la falta del temor a Dios, que abrirá la puerta del volcán de nuestras pasiones e inmundicias de la carne; Rom. 3:10-18. ¿Tenemos nosotros este temor a Dios? Examine su conducta, su modo de vivir. ¿Es el temor a Dios su confianza?

Por: Juan Antonio Salazar.

Arlington Texas.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*