Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría:

Sabiduría o necedad, la decisión es de nosotros

Introducción:

JUAN Y BARBARA SALAZAR1. Nadie puede alcanzar fuerza espiritual sin sabiduría; Prov. 3:13-18; 4:5-9. Una simple lectura de estos textos, nos revela la importancia de la sabiduría, cada cristiano debe esforzarse constantemente para incorporar sabiduría en su vida. En el gran sermón jamás antes predicado por el gran predicador, el Señor Jesús, él nos presenta una decisión que cada uno debe de hacer: Sabiduría o necedad; Mat. 7:24-27.


2. Todo buen edificador realiza que el fundamento es muy importante, ni un edificio debe de ser más fuerte que la fundación, si la fundación no es lo suficientemente fuerte, el edificio comenzara a mostrar grietas (cracks) y se puede derrumbar. Se lleva tiempo, esfuerzo, y energía para establecer una fundación que dure, todo edificador que no da una seria consideración, va a edificar neciamente. Notemos lo que dice Lucas 6:48; “un hombre al edificar una casa cavó hondo, y hecho cimiento sobre la roca”. Mientras el necio “edifico sin un fundamento” – V. 49. Cada uno de nosotros somos edificadores, y todo lo que uno edifique será probado, vendrán lluvias, inundaciones, torrentes y vientos que azoto las casas de los dos edificadores. Las lluvias, inundaciones y vientos son los problemas de la vida que vendrán a nosotros en esta vida, pues son necesarias; Hechos 14:22, pero otros no resistirán; Lucas 8:14.

I: La importancia de edificar para el futuro.
A. El edificador sabio, fue sabio porque edifico en un buen fundamento, también fue sabio porque edificó para el futuro. El anticipó que un día vendrían las lluvias, inundaciones, vientos, y vinieron pero él estaba preparado porque su casa no fue destruida. Necesitamos reconocer que obedecer las palabras de Jesús no detiene las tormentas de la vida que vienen a nosotros, pero obedecer a Jesús si nos ayuda a poder sobrellevarlas. La característica de la sabiduría es prepararnos para el futuro.
1. Al rico que su heredad había producido mucho, que derribo sus graneros para hacer otros más grandes, Jesús llamo necio porque no tomo a Dios en cuenta, y que anticipo para el futuro, el futuro es para aquellos que se preparan; Lucas 12:20-21; 1 Tim. 6:17-19.
2. Dios nos dice en su palabra lo que necesitamos hacer para prepararnos para el futuro; Deut. 32:29; “Ojalá que fueran sabios, que comprendieran esto, Que comprendieran (del fin que les espera) su futuro”. Un aspecto de la sabiduría es que consideremos el futuro, la eternidad. Desafortunadamente muchos son como necios, se les pasa la vida haciendo planes y preparaciones que tiene que ver con ellos, y su vida aquí en la tierra; Sant. 4:13-14. Sin considerar que un día tendremos que dar cuentas a Dios; 2 Cor. 5:10; Heb. 9:27, y que después de la muerte, porque nos vendrá, no habrá una segunda oportunidad para hacer cualquier clase de preparación.

II: La sabiduría es obediencia al Señor Jesús.
A. Cristo lo dijo en su sermón del monte, la sabiduría es oír y obedecer las palabras que el enseñó.
1. “No todo el que Me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos” – Mateo 7:21. Jesús pregunta en Lucas 6:46; “¿Por qué ustedes Me llaman: Señor, Señor, y no hacen lo que Yo digo? La idea de estas palabras de Jesús es que: ninguna persona, simplemente porque reconoce su autoridad, cree en la Divinidad de su naturaleza, profesa fe en la perfección de su justicia y el mérito infinito de su expiación, entrarán en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de su Padre. Hay un buen dicho entre los rabinos sobre estas palabras de Cristo. “Un hombre debe ser tan vigoroso como una pantera, tan rápido como un águila, tan veloz como una gacela y tan fuerte como un león, para hacer la voluntad de su Creador”.
2. Muchos quieren a Jesús como Salvador, pero no como Señor, tenemos que entender que para que el Señor sea el Salvador, también necesita ser el Señor, porque Dios lo dice; Hechos 2:36; Filip. 2:9-11. La palabra Señor significa maestro, amo, uno que es soberano; necesitamos ser obedientes a Jesús si esperemos que él sea nuestro salvador.
3. Las bendiciones son para aquellos que son obedientes; Sant. 1:21-25. No debemos ser oidores olvidadizos cuando oigamos la palabra de Dios, sino hacedores de ella. El cristiano que va a ser bendecido es aquel que continuamente está buscando en la palabra de Dios como continuar siendo obediente, el será bienaventurado.

III: ¿Cómo podemos obtener la sabiduría?
A. Teniendo el deseo de buscarla con persistencia.
1. “Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido. Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús” – 2 Tim. 3:14-15.
2. En el temor de Dios; “El principio de la sabiduría es el temor del SEÑOR, Y el conocimiento del Santo es inteligencia” – Prov. 9:10. Ningún hombre puede llegar a ser verdaderamente sabio, si tiene en su corazón el temor a Dios, el temor de Dios es el principio de la sabiduría. Una reverencia a la majestad de Dios, y un temor a su ira son el comienzo, es el primer paso hacia la verdadera religión, de donde surgen todos los demás ejemplos.
B. ¿Cómo se demuestra la sabiduría?
1. Obedeciendo a Jesús; Mateo 7:24-27.
2. Preparándonos para el futuro; Deut. 32:29; Sal. 9-:10.
3. Viviendo una vida en sabia mansedumbre; Sant. 3:13. La verdadera sabiduría siempre es mansa y humilde.

IV: La necedad del pecado.
A. Siendo que la justicia es una opción, el pecado también lo es, lo vemos en el A. T., vez tras vez.
1. Aarón y María murmuraron contra Moisés, y Aarón después dijo; “Ah señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado en el cual hemos obrado neciamente, y con el cual hemos pecado” – Núm. 12:11.
2. Cuando Saúl ofreció un sacrificio y no estaba autorizado, Samuel le dijo; “Has obrado neciamente; no has guardado el mandamiento que el SEÑOR tu Dios te ordenó, pues ahora el SEÑOR hubiera establecido tu reino sobre Israel para siempre” – 1 Sam. 13:13.
3. Cuando Saúl trato de matar a David, después confeso diciendo; “He pecado. Vuelve, David, hijo mío, porque no volveré a hacerte daño pues mi vida fue muy estimada en tus ojos hoy. Yo he actuado neciamente y he cometido un grave error” – 1 Sam. 26:21.

Conclusión:
1. El pecado nos hace daño, si nadie es capaz de tomar un martillo y golpearse el mismo, ¿Cómo es que no podamos reconocer que cuando peca, se hace daño a sí mismo? Prov. 8:35-36. Cuando un peca contra Dios, daña a su alma, pues traeremos dolor sobre nosotros mismos.
2. Nadie va a escapar de sus pecados, el que así lo cree es un necio; Dios lo ha dicho “vuestro pecado os alcanzara” – Núm. 32:23. Y Jer. 16:17; “Mis ojos están sobre todos sus caminos, su maldad no se esconde de la presencia de mis ojos”. Por lo tanto, si nosotros queremos vivir en pecado, será nuestra decisión, no vayamos a querer culpar al diablo diciendo que él nos hizo pecar. Si, el diablo nos presenta la tentación, pero uno decide caer o resistir.

JUAN ANTONIO SALAZAR.
Arlington, Texas.

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