CAMBIOS Y CONSTANTES :

Por: Mark Mayberry

Algunas cosas, tales como nuestro compromiso con la verdad, nunca deben cambiar. Otras, tales como la forma en que usamos la tecnología para expandir el mensaje del evangelio, inevitablemente enfrentaran un cambio de circunstancias.
Algunas cosas en la vida son constantes, permanentes y sin cambios. Otras se mantienen sujetas a cambio continuamente. Dependiendo de la situación, esto puede ser bueno o malo.
Algunas cosas no cambian.
Dios es eterno. Mientras que los cielos y la tierra perecerán, él se mantiene igual (Salm 102: 25-27). Pensando el Mesías por venir, Malaquías afirmo que Dios cumpliría Sus promesas y propósitos, sin importar los persistentes actos de rebelión de Israel, diciendo: “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” (Malq 3:1-7. Esp. V.6). nuestro Dios es confiable. Entre las verdades que Balaam proclamo, ninguna es más significativa que la declaración que hizo: “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Núm. 23:18-20, esp. V.19). En contraste con la inconsistencia humana, el Señor es consistente: Él es la roca (Salm 18:2). No proyecta una sombra cambiante (Sant 1:17-18). La Palabra de Dios no cambia (Isa 40:3-8; 1 Ped 1:22-25). Cristo Jesús es el mismo de ayer y hoy y siempre (Heb 13:8).
Cambiando a peor.
Si no somos cuidadosos, nuestro amor por Dios puede volverse frio (Mat 24:9-12), o como en la iglesia de Éfeso, podríamos dejar nuestro primer amor (Apoc 2:4-5). No debemos permitir que nuestro compromiso con la verdad disminuya. Al amonestar a los Gálatas, pablo dijo: “Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?” (Gal 5:7-9). El también advirtió en contra de la mentalidad carnal de aquellos que apartaban sus oídos de la verdad (2 Tim 4:3-4).
Cambiando para mejor.
Nuestro amor por Dios y por nuestros hermanos no debe disminuir sino abundar más y más (Fil 1:9-11; 1 Tes 3:11-13). Nuestro compromiso hacia la verdad divina no debe menguar con el paso de los años sino volverse fuerte (Gal 2:1-5; Fil 1:19-20). Nuestro carácter debe volverse más consistente (Salm 15:1-5; Prov 4:18-19).
Formas de compartir la palabra.
Dependiendo de las circunstancias, la forma de comunicar la voluntad de Dios a veces cambia, pero el mensaje no. Algunas veces, la comunicación directa es la mejor manera: el Señor hablo a Moisés cara a cara, así como un hombre le habla a su amigo (Exo 33:9-11). Juan no quería confiar exclusivamente en el “lápiz y la tinta”, sino que esperaba oportunidades para hablar cara a cara con los hermanos (2 Juan 12, 3 Juan 13-14).
Como sea, la comunicación indirecta, las palabras escritas, tienen un inmenso valor. Dios hablo directamente a Moisés, pero “Moisés escribió todas las palabras de Jehová” proveyendo un escrito permanente para las generaciones futuras (Exo 24:4). De la misma forma, Pablo afirmo: “lo que os escribo son mandamientos del Señor.” (1 Cor 14:37-38). Además, las Sagradas Escrituras tienen un valor durable (Col 4:16; Judas 3-5).
Consideremos las formas en que la comunicación escrita ha cambiado a lo largo del tiempo. En la antigüedad, los jeroglíficos de las civilizaciones Mesopotámicas y Egipcias fueron superadas por los escritos alfabéticos Fenicios, Hebreos y Arameos. Las tabletas de arcilla dieron lugar al cuero y al papiro. El papel y la tinta remplazaron a la aguja. El desarrollo de la imprenta hizo posible las copias de las Sagradas Escrituras para ser distribuidas más ampliamente que cuando las copias se hacían a mano. En la era moderna, los escritores han sido reemplazados por computadoras. Hoy en día, la imprenta está dando lugar a lo digital.

Traducido por: Eula Vasquez,

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*