CONVERSIÓN DE LIDIA:

HECHOS 16:10-15

 

“Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio. Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.  Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos.”

Pablo llega a Filipos con sus compañeros de predicación. Buscan un lugar de reunión y se informan que fuera de la puerta a la orilla de un rio ahí se reunían un grupo de mujeres para adorar a Dios.

Van un día de reposo y les empezaron a predicar la palabra de Dios. Dice el verso sagrado que Lidia estuvo muy atenta a la predicación y que Dios abrió su corazón. ¿Pero como lo hizo Dios?: Oyendo las oraciones de estas mujeres, enviándoles los predicadores y atreves del mensaje oído.

  • ¿Qué hizo Lidia? Oír atentamente.
  • ¿Qué estaba haciendo Pablo? Predicando la palabra.

 

Y así lo hace siempre. El poder está en su palabra no en los predicadores. Como escribió el Apóstol Pablo en Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.”

Después que oyó el mensaje y lo creyó estaba lista y preparada para Bautizarse, y así lo hizo.

Ahora que se convirtió a Cristo tiene la primera prueba del amor cristiano como la hospitalidad. Dice el verso que los obligo a hospedarse.

Que buen ejemplo de estas personas que amaban a Dios y le estaban adorando conforme a lo que habían aprendido, pero ahora que oyen la verdad la obedecen con esmero y sinceridad.

Por: Jaime Vasquez.

Managua; Nicaragua.

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