El canto de un hombre perseguido:

Salmo 26

Introducción:

  1. El dulce cantor de Israel aparece ante nosotros en este Salmo como un tipo, o figura de Cristo, y es un ejemplo alentador para nosotros para llevar la carga de la calumnia al trono de la gracia. “Él apela a Dios, el Juez Supremo, en el testimonio de una buena conciencia, testificando primero de su esfuerzo por caminar rectamente como creyente; Vv. 1-3; en segundo lugar, de mantenerse alejado a sí mismo de la corrupción del mal consejo, de los caminos pecaminosos y del ejemplo de los malvados; Vv. 4-5; en tercer lugar, su propósito todavía es de conducirse con justicia y rectitud, por amor al participante de los privilegios públicos del pueblo del Señor en la congregación; Vv. 6-8. Después de lo cual, ora para ser libre del juicio que viene sobre el malvado; Vv. 9-10, según él se había propuesto evitar sus pecados; V. 11; y cierra su oración con el consuelo y la seguridad de ser escuchado; V. 12.

 

I: Características de un cristiano completo.

  1. Todo indica que David escribiera este salmo cuando era perseguido por Saúl y su grupo, quienes para darle un poco de color a su ira injusta, lo representaron como un hombre muy malo y lo acusaron falsamente de muchos delitos y faltas graves. David aquí era un tipo de Cristo, quien fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores y experimentado en quebranto; Isaías; 53:3-5. Ahora miremos lo que David hizo y lo que nos enseña a nosotros hoy.
  2. “Júzgame, oh Jehová escudríñame y pruébame”Vv. 1-2. Él desea ser probado por Dios, una solemne apelación al justo tribunal del Dios que escudriña el corazón, justificada por las circunstancias del escritor, en lo que respecta a los delitos particulares de los que fue acusado erróneamente. Preocupado y consumido por la injusticia de los hombres, el espíritu inocente vuela desde sus falsos acusadores al trono del Eterno. “Yo en mi integridad he andado”. Mantuvo la integridad como su principio, fue para él su práctica, igual que Cristo, e igual que Job; Job 31:3-8.
  3. “He confiado en Dios sin titubear” – V. 1. Él tiene fe en Dios, la fe es la raíz y la esencia de la integridad. El que se apoya en el Señor, con seguridad andará en justicia. La fe trabajará duro para el Señor y a la manera del Señor, la fe confía en Dios para cumplir sus propios decretos. ¿Por qué debería robar cuando Dios ha prometido suplir mi necesidad? ¿Por qué debería vengarme cuando sé que el Señor ha defendido mi causa? La confianza en Dios es la seguridad más efectiva contra el pecado. No podemos confiar en Dios si caminamos torcidos; pero los caminos rectos y la fe, llevan al peregrino felizmente al final de su viaje. “Y en la casa de Jehová morare por largos días” – Sal. 23:6.
  4. “Tu misericordia esta delante de mis ojos, y ando en tu verdad” – V. 3. La bondad del Señor para con nosotros debe estar frente a nuestros ojos como un motivo que impulse nuestra conducta; no estamos bajo la el yugo de la ley, sino bajo las dulces restricciones de la gracia, que son mucho más poderosas, y mucho más suaves. Los hombres pecan con la ley ante sus ojos, pero el amor divino cuando se ve claramente, santifica la conversación. Si no nos olvidamos del camino de la misericordia en que Dios camina hacia nosotros, deberíamos tener más cuidado de caminar en los caminos de la obediencia hacia él. «Y he andado en tu verdad».
  5. No me he sentado con hombres de falsedad; Ni entré con los que andan encubiertamente. Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté” – Vv. 4-5. Se separa de los enemigos de Dios, un hombre es conocido por su compañía, “el que anda con sabios, sabio será”, y si nos hemos mantenido separados de los malvados, siempre será una prueba a nuestro favor si nuestra persona es cuestionada, o atacada; 1 Ped. 3:13-17.
  6. Lavaré en inocencia mis manos, Y andaré alrededor de tu altar, oh Jehová: Para exclamar con voz de acción de gracias, Y para contar todas tus maravillas” – Vv. 6-7. Ofrece sacrificio y glorifica a Dios en santidad, el lavado de las manos era una acción importante para establecer que no se tenía ninguna conexión con hechos inicuos. La adoración a Dios requiere que seamos santos en la vida. El que es injusto con el hombre no puede ser aceptablemente religioso para con Dios. No debemos traer nuestros agradecimientos con las manos contaminadas con la culpa. Amar a la justicia y la pureza es mucho más aceptable para Dios que la grasa de diez mil carneros. Vemos en este texto que las mentes santas se deleitan en la adoración del Señor y encuentran su más dulce consuelo en su altar; y que su preocupación más profunda, nunca promueva ninguna acción que les estorbe para la comunión más sagrada con Dios. Y así “exclamar con voz de acción de gracias y para contar todas sus maravillas”.
  7. “Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar de la morada de tu gloria” – V. 8. Él hijo de Dios ama la Casa del Señor, el no entraría en las moradas del pecado, sino a la casa de Dios que había amado durante mucho tiempo, y todavía la amaba. Seremos unos hijos tristes si no amamos la morada de nuestro Padre Celestial. Aunque no poseemos edificios sagrados como antes, la iglesia del Dios viviente es la casa de Dios, y los verdaderos cristianos se deleitan en sus ordenanzas, servicios y asambleas; Salmo 84:1-4, 10.
  8. “Ahora piso tierra firme, y en público alabaré al Señor á” – V. 12. El siervo de Dios alaba su santo y grandioso Nombre. El canto de David comenzó con una nota menor, pero ahora ha alcanzado la clave principal. El pisar en tierra firme y apoyar nuestro pie, es la fidelidad segura y tratada, la promesa eterna y el juramento inmutable del Señor de los Ejércitos; no hay temor de caer desde esta base sólida, o de que sea removida de debajo de nosotros. Establecidos en Cristo Jesús, al estar vitalmente unidos a él, no nos queda nada para ocupar nuestros pensamientos sino las alabanzas de nuestro Dios. No abandonemos nuestras reuniones, y cuando nos reunamos, no nos demoremos en contribuir con nuestra porción de acción de gracias. Cada santo es un testigo de la fidelidad divina, y debe estar listo con su adoración. En cuanto a los imperfectos, que griten afuera de la puerta mientras los perfectos cantan adentro.

 

Conclusión:

  1. En este Salmo David habla de dos cosas inseparables: la fe y la santidad. Bienaventurado el hombre que las posee, no debe temer el juicio, ni el peligro del camino. El único medio de procurarlos, es el poder sustentador de nuestra confianza en Dios. Dijo David; “He confiado en el Señor sin vacilar”.
  2. «Tu misericordia está delante de mis ojos». Sería bueno seguir el ejemplo de David y mantener la misericordia de Dios ante nuestros ojos. Esto debe hacerse de cuatro maneras: La razón de nuestra contemplación. Como fuente de estímulo. Como una persuasión al elogio. Y como ejemplo para la imitación.

Este Sermon pertenece a nuestro hermano: JUAN ANTONIO SALAZAR.

(Este mismo Sermon esta publicado en POWER POINT aqui en nuestro Sitio).

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