EL CARCELERO OYE EL EVANGELIO:

HECHOS 16:16-34

El evangelio llego a la ciudad de Filipos y los primeros creyentes fueron Lidia y su familia. Pablo y Silas siguieron yendo al lugar donde se oraba y sucedió lo siguiente:

Hechos 16:16-18: “Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.
Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.”

Aunque la muchacha estaba diciendo una verdad a Pablo no le pareció correcto. Ósea si alguien iba a obedecer que no fuera por lo que dijera la muchacha adivina sino por oír el evangelio de Cristo. Pablo expulso el demonio que tenía la muchacha y el negocio para los amos había terminado.

Ahora leamos Hechos 16:19-23: “Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades;  y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos. Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad.”

Los amos de la mucha que ya no adivina se enojan y acusan a Pablo y a Silas de alborotistas y de enseñar costumbres que no podían seguir. Aparentemente su trama funciono. Pablo y Silas son rasgados de sus ropas, después los azotan y van preso.

Ahora leamos Hechos 16:24-30: “El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas;  y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”

Pablo y Silas están orando porque están tristes y cantan porque están alegres por sufrir por predicar el evangelio. Los presos están atentos a las oraciones y a los cantos. Pero el carcelero es indiferente a todo esto porque él está dormido. Pero todo cambia en el momento del terremoto que sacudió los cimientos de la cárcel y abrió las puertas y las cadenas de todos presos se soltaron en ese instante el Carlero se despierta y toma su espada para matarse. La ley Romana era muy clara en este asunto: Si un soldado dejaba escapar a un preso pagaba con su vida. Pablo lo detiene y le dice no te hagas ningún daño pues todos estamos aquí. Imaginemos que lo que un preso más desea es su libertad, pero, aquí ocurrió otro milagro y es que las puertas están abiertas las cadenas se soltaron, pero ningún preso huye.

EL carcelero pide luz y entra temblando y dice: ¿Señores que debo de hacer para ser salvo? Esta pregunta nos indica que en el ya ocurrió un cambio y que está ahora dispuesto a buscar a Dios.

Veamos ahora que le responde el Espíritu Santo por medio del Apóstol Pablo:

Hechos 16:31-34: “Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.”

La primer repuesta fue rápida: Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y tu casa. Muchos creen que solo eso se le dijo y ya estaba salvo con toda su casa. Pero no, si nos fijamos el los llevo a su casa y con toda su familia oyó la palabra de Dios y esa palabra los motivo a dos cosas; Una es el arrepentimiento porque dice que les lavo las heridas y la otra es bautizarse con toda su familia.

Pero en esta historia hay algo mas y es el resultado después de hacer lo que Dios nos manda; dice el verso que los llevo a su casa y les puso la mesa y se regocijaron de haber creído a Dios. Siempre hay gozo cuando hacemos lo que Dios nos manda.

 

Por: Jaime Vasquez.

Managua; Nicaragua.

 

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