EL SERMON DEL MONTE: NO VINE A ABROGAR, SINO A CUMPLIR:

Por: David Flatt

Ofreciendo una examinación de la afirmación de Jesús, David observa como la Ley de Moisés demuestra la gran necesidad del hombre, y también anticipa la llegada del Mesías, que es el único que conoce esas necesidades.

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; más cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.” (Mat 5:17-19).

Mientras Jesús comenzaba Su ministerio, cientos de personas llegaron de cerca y de lejos para escucharlo (Mat 4:23-25). Sus milagros y enseñanzas lo hicieron famoso. Mientras Jesús disfrutaba de una popularidad desmedida, allá por el tiempo en que predico el Sermón del Monte, Él también tenía detractores. Los líderes de los judíos vieron a Jesús como una amenaza política casi de inmediato.

En este punto del Sermón, Jesús hace una introducción de corazón de lo que Él quiere enseñar. Al hacerlo, respondió lo que parecía ser una especie de alegaciones en contra de Él: Que Jesús atentaba con destruir la ley y los profetas. En otras palabras, las críticas lo culpaban de tratar de destruir la religión de los judíos y su identidad nacional. Supuestamente, Él trataba de iniciar algo totalmente nuevo y diferente, algo completamente desconectado de la ley y los profetas.

Estas alegaciones realzaron que Él Mesías y su conexión con la ley y los profetas fuera malinterpretada. Jesús no intentaba destruir nada, mucho menos la ley y los profetas. Más bien, Él vino a cumplirlos. Hasta que la ley fuera completamente cumplida, Jesús defendía la necesidad de obedecer la ley.
Esta afirmación de cumplir la ley y los profetas es raramente discutida. Dándole el beneficio de la comprensión retrospectiva, tendemos a hacer un simple reconocimiento de que Jesús cumplió la ley y los profetas y rápidamente siguió para hacer algo más. Como sea, entender el profundo significado de este texto es crítico para el bien de nuestra fe.

¿Qué quería decir Jesús cuando dijo que vino a cumplir? ¿Qué ley iba a cumplir? ¿Qué profecía cumplió? Para responder este tipo de preguntas, citaremos algunas profecías del Antiguo Testamento y explicar como Jesús las cumplió. Jesús cumpliendo las Escrituras no se refiere a unas cuantas profecías, sino que Jesús el Mesías cumplió en Antiguo Testamento por completo.

El cumplimiento de la ley y los profetas.
El apóstol Pablo escribió “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;” (1 Cor 15:3-4). Es esta cita, Pablo resume el mensaje del evangelio. Quizás estemos familiarizados con este pasaje, pero no nos hemos detenido a considerar exactamente que quería decir Pablo al escribir que Cristo murió por nuestros pecados de acuerdo con las Escrituras.

Al leer que Cristo murió por nuestros pecados, no nos sorprendemos. Nuestra reacción es, “bueno, por supuesto que Cristo murió por nuestros pecados de acuerdo con las Escrituras”. La cruz de Cristo es entendida comúnmente por haber sido un evento profetizado. Mientras que esto es cierto, nadie en el primer siglo sabía que el Mesías moriría por nuestros pecados de acuerdo con las Escrituras. Nadie entendía que todo el Antiguo Testamento (la Escritura a la que Pablo se refiere) fue cumplido a través de la cruz y la resurrección del Mesías.
No había escriba, sacerdote o rabino en Israel que esperara que el Mesías fuera a ser crucificado de acuerdo con las Escrituras. Por ejemplo, Pablo era un judío estudiado (educado a los pies del rabino Gamaliel, en Tarso, una ciudad en lo que hoy es Turquía). Él no pensaba que la crucifixión del Mesías fuera de acuerdo con las Escrituras. De hecho, Pablo persiguió a aquellos que creían que la muerte del Mesías era de acuerdo con las Escrituras.

Sobre todo, la nación judía nunca concibió que el Mesías fuera crucificado. Pablo dijo que la cruz de Cristo era una piedra de tropiezo para los judíos (1 Cor 1:23). Mientras predicaba en la sinagoga de Antioquia de Pisidia, el explico, “Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle.” (Hech 13:26-27). Caifás y el sanedrín no entendieron a los profetas que habían leído y estudiado entre los israelitas por generaciones.

Como secuela del Calvario, muchos judíos persistían en rechazar al Mesías. La ley decía que alguien que había sido colgado de un madero estaba maldito (Deut 21:23). Nuestro Señor había sido colgado, por lo tanto, estaba bajo maldición. Basados en este razonamiento, rechazaron a Jesús como el Mesías. Pablo explica el significado de esta afirmación en su carta a las iglesias de Galacia, mostrando que el Mesías tenía la maldición de la ley fijada a Él en la cruz. Por lo tanto, nos redimió de la maldición de la ley (Gal 3:13). Tristemente, esto no fue entendido entonces, ni tampoco lo es hoy por algunas personas.

Ni siquiera los apóstoles entendían la cruz. Jesús les había contado sobre la cruz, explicándoles como Él volvería a Jerusalén, se entregaría a las autoridades, moriría, y seria levantado al tercer día (Mat 16:21), aun así, Pedro reprendió a Jesús por las nuevas de su muerte planeada. Después de Su crucificacion, los apóstoles volvieron a su vida previa como pescadores (Juan 21:2-3). Claramente, nadie entendía la cruz o como seria de acuerdo con las Escrituras.

Este entendimiento requirió de Jesús resucitando e instruyendo a Sus apóstoles, del Espíritu Santo guiando a los apóstoles, y la divina confrontación con Pablo en el camino hacia Damásco. El cielo demando un reanálisis del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, este reanálisis es articulado divinamente. Cuando la cruz de Cristo fue explicada por primera vez, Pedro revelo como los eventos del Calvario estaban de acuerdo con las Escrituras (Hech 2). En las epístolas de Pablo, el manejo la ley y los profetas a través de la cruz. El no usa unos pocos pasajes del Antiguo Testamento como simples textos de prueba, sino que los ofrece como un resumen más amplio del contexto del Nuevo Testamento.
Jesús el Mesías cumpliendo la ley y los profetas en romanos.

La epístola de Pablo a la iglesia en Roma es una obra maestra. El empieza la carta describiendo el mensaje que en él fue confiado. Este mensaje fue prometido por Dios a través de los profetas y el Espíritu Santo “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos,” (Rom 1:1-4). Pablo continua explicando como lo que Dios hizo a través del Mesías revelaba, develando Su fidelidad con el convenio que Él hizo con Abraham (Rom 1:16-17, 4:1-25).

En los capítulos 7 y 9, Pablo provee un profundo análisis de como la Ley de Moisés fue cumplida a través del Mesías y el Espíritu. Cuando la ley fue dada, el pecado era propiamente definido. Por lo tanto, Israel no podía saber que ellos eran culpables ante Dios. La ley contabilizaba los pecados de Israel. Aunque que la ley era santa, justa y buena, no podía hacer nada para detener e identificar el pecado. No podía prevenir la decadencia y muerte que el pecado traía. Entre más Israel abrazaba la ley, más la ley declaraba que eran pecadores. Israel vivía en un constante estado de tensión. Lo bueno que querían hacer, no lo hacían; y lo malo que no querían hacer, lo hacían. ¡Qué difícil dilema espiritual! Pablo expresa una terrible desesperación a la luz del pecado y muerte que la ley no pudo prevenir: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rom 7:24).

En este capítulo, Pablo explica el confuso problema de Israel. El problema no era la ley. El Problema era el pecado: el pecado identificado por la ley. La ley no podía hacer nada por el pecado. La ley prometía vida, pero no ofrecía vida por su inhabilidad de destruir el pecado. Entonces, Israel necesitaba un Mesías. Necesitaban a Jesús. Después de articular el problema del pecado, Pablo anuncia la solución: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro…” (Rom 1:25).

En el capítulo 8 de romanos, Pablo explica como Dios ofreció la vida prometida por la ley: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Rom 8:1-4).

En resumen, Pablo explica que Dios ofrece la vida prometida en la ley por el Espíritu. Como sea, antes que Dios pudiera ofrecer vida a través del Espíritu, Él primero tenía que destruir el pecado. El pecado era el problema realzado por la ley. Dios había permitido que el pecado abundara o creciera entre los gentiles y en Israel (Rom 1:18-32, 5:20). El verso 3 explica como Él destruyo el pecado; además permitiéndole al Espíritu traer vida. Mayormente, Dios destruyo el pecado en la carne de Jesús.

En este mensaje densamente compactado, Pablo explica la expiación. Primero, Dios envió a Su propio hijo. Esto no significa que envió a alguien más a hacer Su trabajo, sino que Dios vino en la persona de Jesús. Jesús era la expresión del amor de Dios (Rom 5:8). Después, Pablo dice que Jesús vino en la semejanza de carne pecaminosa: el punto exacto del problema identificado en el 7:14, 25. Recuerda, el pecado había crecido demasiado durante el tiempo que la ley era forzada en Israel (Rom 5:20, 7:13). El peso del pecado en el mundo había sido enfocado en Israel. El peso del pecado de Israel fue enfocado en el Mesías.
Dios condeno el pecado en la cruz. Como Isaías profetizo, el castigo que nos trajo paz, cayó en Él; y por Él somos sanados (Isa 53:5). Es importante notar lo que Pablo no está diciendo. Él no dice que Dios condeno a Jesús. Él dice que Dios condeno el pecado por la carne de Jesús (2 Cor 5:21, Gal 3:13). La ira de Dios y la condenación eran dirigidas al pecado, no a Jesús.

¿Así que cual es el punto?
¿Cuál es el punto de apreciar que Jesús vino a cumplir la ley y los profetas? No somos judíos. ¿Qué significan todos estos puntos sobre la ley y los profetas para nosotros? Por el motivo de la fe, el Mesianismo de Jesús debe ser entendido en el más amplio contexto. Lo que Jesús cumplió le antecedió a la ley y los profetas. Jesús cumplió lo que Dios prometió en el jardín del Edén: que el diablo seria destruido por la simiente de la mujer (Gen 3:15).

Algunos cristianos tienen una actitud negativa hacia el Antiguo Testamento. Ellos admiten que el Antiguo Testamento contiene “buenas lecciones” para nosotros, ellos afirman correctamente que ya no estamos bajo sus leyes, pero argumentan incorrectamente que no lo necesitamos. Justo como Jesús nos advirtió sobre decidir que ordenanzas eran importantes y cuales no, necesitamos ser advertidos sobre declarar que parte de la Biblia es importantes y que partes no. Dios nos declaró Su voluntad por el Espíritu Santo desde Génesis hasta Apocalipsis. Dios develo cuidadosamente la redención humana sobre el curso de 4,000 años. El tiempo entre Abraham y Jesús es aproximadamente 2,100 años. La Ley de Moisés fue dada aproximadamente hace 1,450 años. Olvidar casualmente esta historia es tan irreverente y visto como una necedad, a lo menos, y como una arrogancia, a lo peor. El buen Dios nos redimió del pecado, lo que menos podemos hacer es tener consideración de como Él hizo esto.

Adicionalmente, entender al Mesías en Su contexto completo nos ayuda a entender quiénes somos como familia de Dios. Como aquellos que han sido redimidos por Dios en Cristo y el Espíritu, somos parte de una familia con un pasado ilustrativo. Al entender esto se nos da una identidad presente como familia de Dios, con un futuro esperanzador. Al no entender que Jesús vino a cumplir a la ley y los profetas lleva a algunos a rechazar a Jesús. Gracias a Dios, este malentendido y rechazo puede ser prevenido al aprender como Jesús el Mesías cumplió con las Escrituras: desde Génesis hasta Apocalipsis.

Traducido por: Eula Vasquez.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*