ESPERANZA Y PAZ:

Que bendición es que, de acuerdo con la palabra de Dios, los cristianos pueden tener paz con Dios y una esperanza del cielo basada en el amor de Dios. Estos son dos poderosos regalos en este mundo. Sin ellos, la impaciencia, el miedo a lo que se ha etiquetado por algunos como “lo desconocido”, la ansiedad, las inquietudes, y cosas similares, podrían ser intrusos en nuestra vida. Que los cristianos puedan apartar estos pensamientos problemáticos, provee una calma que no tiene precio terrenal.
En Romanos 5:1-5, Pablo nos recuerda que hemos sido justificados a través de Cristo Jesús. A causa de esto, tenemos la esperanza de compartir la gloria en Dios y confiar en que Sus promesas de una vida eterna son encontradas en la verdad. Incluso en los sufrimientos que pasamos no podemos romper esta esperanza y esta paz. La liberación de nuestras transgresiones viene del pago por estos pecados con la sangre de Cristo. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Rom.5:1-5).
Romanos 5:6-9 declara que este es el precio que fue pagado para que tengamos estos regalos mientras estemos aquí en la tierra. El maravilloso amor ha sido manifestado: Cristo murió por todos, incluso cuando la humanidad lo rechazo colectivamente y lo sentencio a la crucifixión.
“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Rom. 5:6-9).
Romanos 5:10-11 afirma que, incluso aunque éramos enemigos de Dios, Él nos salvó de una deuda que no podemos pagar. Como aquellos que escuchan Su palabra, tenemos la promesa de una recompensa de la cual no somos enteramente merecedores y no podemos comprender completamente desde una perspectiva física.
“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.” (Rom. 5:10-11).
¿Cómo podemos aferrarnos a la recompensa prometida por Dios? Considere la orden que Ananías le hizo a Saulo de Tarso, en Hechos 22:16, “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.”. Junto con la descripción de Pedro del Bautismo en 1 Pedro 3:21-22, “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo, quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.”
Pregúntate a ti mismo, “¿Quiero tener acceso a esta paz, esperanza y recompensa eterna?” ¿Por qué esperas? Agárrate de lo que Dios ofrece. Levántate y se bautizado y lava tus pecados invocando Su nombre.

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