JOSIAS: “NO HUBO REY COMO EL”:

Por: (Kyle Pope).

Josías, el último rey fiel de Judá, fue un hombre con un gran coraje y dedicación hacia la palabra de Dios. Kyle nos recuerda que su vida nos enseña lecciones poderosas sobre lo que significa servir a Dios verdaderamente.
En la mayoría de los casos en primera y segunda de Reyes, David es el rey el cual es modelo de servicio hacia Dios (1 Reyes 15:3, 15:11, 2 reyes 14:3, 16:2; 18:3). Hay un rey, sin embargo, que supera incluso a David. Sobre Josías, 2 reyes 23:25 nos dice “no hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual”
La historia de la vida de Josías inicia cerca de trecientos años antes de su nacimiento. Cuando los reyes de Israel y Judá se dividieron, el rey malvado, Jeroboam, estableció la adoración de ídolos en Dan y Betel. 1 reyes 13:1-34 nos dice sobre el profeta que confronto a Jeroboam en Betel cuando él se detuvo al lado de un altar que había construido para quemar incienso. El profeta lloro: “altar, altar, así ha dicho Jehová y dijo: he aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificara sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemaran huesos de hombre”.
Cuando Josías nació años después, el reino que había de heredar difirió un poco de la maldad de los días de Jeroboam. El malvado reino de su padre, Amón, y su abuelo, Manases, revirtió todas las reformas justas que su noble bisabuelo Ezequías había hecho (2 reyes 21). Josías comenzó a reinar a la edad de ocho años después que los sirvientes de su padre lo mataron en su propia casa (2 crónicas 33:24). Cuando las personas de la tierra se levantaron y ejecutaron a los conspiradores, Josías fue puesto en el trono (2 reyes 21:24)
Mientras que se esperaba que Josías continuara en la maldad de su padre, 2 crónicas 34:4 nos dice que en el octavo año de su reinado, a la edad de dieciséis, “comenzó a buscar al Dios de David su padre”. La búsqueda espiritual llevaría a este joven a alturas que nunca imagino. Cuatro años después empezó a purgar a Judá de la idolatría, destruyendo los altares de Baal, pulverizado los moldeados, los tallados y las imágenes de madera y esparciendo el polvo de las tumbas de aquellos que habían adorado los altares (2 crónicas 34:4).
Segunda de crónicas deja claro que Josías comenzó sus primeros esfuerzos de la purga de la idolatría de Israel con un entendimiento ingenuo y relativo de lo que era “buscar los caminos de David, su padre”. No fue hasta seis años después, en el años dieciocho de su reinado, que ocurrió un evento que cambio a Josías para siempre (2 crónicas 34:8). Después de su purga inicial, el comisiono una restauración mayor del templo. En el curso de sus esfuerzos, el sumo sacerdote Hilcias, encontró “el libro de la ley de Jehová dada por medio de Moisés” (2 crónicas 34:14). Un escriba llamado Safan le leyó el libro al rey, y cuando Josías escucho las instrucciones de Dios, su corazón se rompió al reconocer como su nación y sus padres habían pecado en contra de Dios. Josías rompió sus vestidos en remordimiento y mando a consultar al Señor “por cuanto nuestros padres no guardaron la palabra de Jehová, para hacer conforme a todo lo que está escrito en este libro” (2 reyes 22:13). El Señor le respondió a Josías a través de una profetisa llamada Hulda, quien revelo que el Señor planeaba destruir Judá y Jerusalén por la maldad de la nación (2 reyes 22:16-17, 2 crónicas 34:24-25). Aun así, el Señor le prometió a Josías no traer la destrucción durante su reinado, “por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón se conmovió, y te humillaste delante de Dios al oír sus palabras sobre este lugar y sus moradores, y te humillaste delante de mi” (2 crónicas 34:27).
Luego de escuchar esto, Josías reunió a todas las personas para seguir la palabra de Dios (2 reyes 23:1-3). Y luego procedió a remover toda idolatría. Esto incluía destruir ídolos y cabinas para rituales de prostitución homosexual que estaban ubicadas en el templo (2 reyes 23:4-7). Quemo los huesos de los sacerdotes idolatras que habían muerto (2 cron 34:4-5). Contamino estos lugares, para prevenir cualquier idolatría en ellos. Uno de estos lugares era un valle a las afueras de Jerusalén llamado “el valle de los hijos de Hinom”. El abuelo de Josías, Manases, había sacrificado a sus propios hijos ahí, en la práctica de adivinos y hechicerías (2 cron 33:6). Josías “contamino” un lugar en el valle de Tofet, donde se hacían sacrificios a Moloc (2 reyes 23:10). Y para completar la profecía acerca de él, destruyo el altar construido por Jeroboam y quemo los huesos de los sacerdotes ahí (2 reyes 23:15-16).
Josías también guio a las personas hacia la restauración de la verdadera adoración. Guio a las personas a observar la pascua de una manera tal que “no había sido hecha tal pascua desde los tiempos en que los jueces gobernaban a Israel, ni en todos los tiempos de los reyes de Israel y de los reyes de Judá” (2 reyes 23:22). Josías reino trece años más después de encontrar el Libro de la ley (2 reyes 22:1). Murió después de ser mortalmente herido, oponiéndose al rey de Egipto Necao, y fue lamentado por su pueblo y por el profeta Jeremías (2 cron 35:20-27).
Josías vivió solamente treinta y nueve años, pero su corta vida nos enseñó que tener una niñez difícil no significa que alguien no puede escoger hacer el bien. Nos enseña que buscar el camino de Dios demanda el deseo de cambiar nuestros propios errores (y a veces) los errores de nuestra familia. Finalmente, nos enseña que no importa cuánto tiempo la verdad haya sido abandonada, sigue siendo verdad.

(Traducido por: Eula Nohemí Vasquez Torres)

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