LA ADORACION, PERO SIN DARLE ENFASIS A LA VERDAD:

Por: Bob Mcpherson

La noción popular de la “adoración” incluye lo que sea que uno decide ofrecerle a Dios, irónicamente, muchas veces sin ninguna consideración de la deferencia inherente en el acto.
“…Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado.” (Lev 10:3).
No hay mejor descripción de la adoración que la intención de “acercarse” al Señor. Fue en el contexto de sacrificios sacerdotales que Dios dejo claro que en la adoración, especialmente al ofrecer adora con, Él debe ser “santificado”. La historia de Nadad y Abiú demuestra que su fallo hacia Dios al santificarlo y glorificarlo fue porque ellos ofrecieron una adoración “que él nunca les mandó” (Lev 10:1-2).
El reconocimiento del requerimiento divino al ofrecer nuestra adoración a Dios de acuerdo a lo que Él ha mandado está ausente entre las personas del mundo religioso moderno. Hoy en día, muchos grupos religiosos le dan considerable énfasis a la “adoración” pero muy poco o ningún énfasis al asegurar que la “adoración” es en verdad basada en la palabra de Dios (Juan 17:17).
El peligro de la innovación en la adoración.
Dios, el objeto de nuestra adoración, determina el contenido de una adoración aceptable, y han sido dados desde los principios de la Creación. En Génesis 4:3-5, ambos Caín y Abel ofrecieron sacrificios a Dios, pero solo el de Abel fue aceptable. La razón especifica de que Dios distinguiera entre los dos sacrificios no nos es revelada, pero en Hebreos 11:4, el Espíritu Santo provee una explicación inspirada: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.” Porque fue ofrecida “por fe”, inferimos que el sacrificio de Abel estaba en armonía con lo que Dios había mandado, “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Rom 10:17).
Como J.B Coffman escribió, “podría ser que posiblemente estos dos hermanos espontáneamente, voluntariamente y simultáneamente decidieron darle honor a Dios con un sacrificio en un tiempo donde las instrucciones eran desconocidas así como la ausencia de regulaciones divinas ¿Qué tan imposible es imaginar esto?”(Coffman 75-76). Entonces, aunque no se nos dice que orden o palabra Dios les dio, sabemos que Abel obedeció a Dios “Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda”. Sin embargo, mientras la ofrenda de Caín fue rechazada, aprendemos una importante verdad de su sacrificio: ofrecerle algo a Dios no necesariamente agrada a Dios.
En su comentario de Génesis, Coffman etiqueta a Caín correctamente “el primer innovador” (Coffman 78). Dios había provisto la instrucción, pero Caín innovo y ofreció un sacrificio de su elección. ¿Son los “sacrificios” ofrecidos por las mentes de los hombres hoy en día diferentes?
Consideremos algunas innovaciones en las “adoraciones” modernas que Dios no ha mandado. En contraste con los mandamientos apostólicos (Efe 5:19, Col 3:16) y los ejemplos del Nuevo Testamento (1 Cor 14:15) de acuerdo con el cantar en la adoración, el mundo religioso ha añadido instrumentos de música, coros e incluso bandas de adoración completas. Estas innovaciones pueden entretener al oyente y atraer muchedumbres, pero son ofrecidas como “adoración” a Dios cosas que Él no mando. Consideremos el emergente de “servicios de culto contemporáneo”. El Diccionario de Oxford define contemporáneo como “perteneciente u ocurriendo en el presente”. Los sinónimos nos describen la naturaleza y origen de esta palabra: moderno, a la moda, lo último, reciente, novedoso. La idea de “adoración contemporánea” admite y promueve una forma novedosa de “adoración” a Dios. Mientras vemos el paisaje de estas religiones actuales, una “adoración” innovativa ofrecida por aquellos que fallan en seguir las instrucciones de Dios “por fe”, les repetimos la advertencia de Judas en Judas 11 “¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín…,”.
El peligro de la presunción en la adoración.
El deseo de innovar en la adoración es un ejemplo de presunción, el cual significa: “comportamiento percibido como arrogancia, irrespeto y transgredir los límites de lo que es permitido”. La historia de Nadab y Abiú ilustra el modo de ver de Dios sobre la adoración presuntuosa: “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová.” (Lev 10:1-2).
El fuego que estos hombres ofrecieron era extraño (no-autorizado) porque no era el fuego que Dios les mando. Dios les había dicho lo que quería, pero ellos presumieron substituir Su deseo por el de ellos. La respuesta de Dios habla del irrespeto y arrogancia de tal adoración, mientras profesaban darle honor a Dios, transgredían los límites de lo que Él les había mandado. Knight concluye correctamente “lo suyo fue una fragante pieza de deslealtad hacia Dios. Estos hombres pensaban “nuestro fuego es tan bueno como el tuyo Dios, no necesitamos el tuyo”, este es un acto paralelo de lo que el hombre secular piensa de su relación con Dios” (Knight, 58).
La “adoración” moderna en el mundo religioso es paralelo con este incidente porque el hombre has substituido Su “fuego”. La iglesia del primer siglo observo la cena del Señor cada primer día de la semana (Hech 20:7), aun así algunos la han substituido mensualmente, cada quince días, o anualmente o sin ningún tipo de observación de la orden del Señor de recordar Su muerte (1 Cor 11:23-26). 1 Corintios 16:2 detalla una orden apostólica para la iglesia de recoger ofrendas cada primer día de la semana, una contribución voluntaria como miembros “ponga aparte algo, según haya prosperado”. En contraste, el mundo religioso ofrece ofrendas a través de ventas, eventos especiales o abriendo negocios. Las Escrituras enseñan plenamente que Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, intercede con el Padre por nosotros (Heb 7:25; Rom 8:34), pero muchos hoy en día lo han sustituido con María o cualquiera de los muchos “santos”.
Recordemos, Nadad y Abiú eran sacerdotes, en el proceso de un acto designado para dar honor a Dios, su falta de respeto por las ordenes de Dios fue decretado como un fallo. Al irrespetar presuntuosamente las instrucciones de Dios al sustituirlas con su voluntad fue un fallo en darle a Él honor. Dios es glorificado cuando obedecemos Sus ordenanzas sumisamente. Ese fue el mensaje de Dios a Aaron “En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado.” (Lev 10:3). ¡Aflicción debería sentir aquellos que deciden que “fuego” quieren ofrecer a Dios!
La importancia de la verdad en la adoración.
Jesús le dijo a la mujer samaritana, “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). La adoración en verdad significa adorar de acuerdo a lo que Dios ha revelado en Su palabra (Juan 17:17). Jesús afirmo esto en Su respuesta del lugar apropiado de adoración bajo la Ley de Moisés. La Ley dirigía servicios en el templo de Jerusalén y guardo silencio sobre la “extraña” adoración en el Monte Gerizim. La verdadera adoración debe ser por revelación, no por presunción, y debe demostrar adoración no innovación.
Últimamente, debemos entender realmente lo que es adoración. La palabra significa “postrarse uno mismo en homenaje” y también “sugiere el deseo de hacer todo lo necesario para la obediencia”. Inherente a la palabra “adoración” es la deferencia del mandamiento de ofrecer adoración, deferencia que Caín no mostro en su sacrificio, y Nadad y Abiú no mostraron en su ofrenda. La misma deferencia la encontramos en la adoración innovativa, esa adoración presuntuosa del mundo religioso moderno.
Jesús aplico la profecía de Isaías a la adoración que es ofrecida sin énfasis en la verdad, que sustituye las prácticas y enseñanzas de los hombres por las de Dios: “Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.” (Mat 15:8-9).

Traducido por: Eula Vasquez.

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