¿La “copa” de Mat. 26:39 se refiere a la muerte de Jesús?:

Pregunta: ¿La “copa” de Mat. 26:39 se refiere a la muerte de Jesús?
Respuesta: No se refiere a la muerte sino al sufrimiento severo de Jesús en el Huerto de Getsemaní.
(El siguiente artículo es cita del comentario, “Notas Sobre el Evangelio Según Mateo”, escrito por este servidor.)

MATEO 26:39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, — Mar. 14:36, «todas las cosas son posibles para ti»; Lucas 22:42, «si quieres». Jesús conocía las perfecciones del poder y sabiduría del Padre, y por eso pidió que si fuera posible que «pase de mí esta copa».
— pase de mí esta copa; — o como dice Marcos 14:35, “pasase de él aquella hora” y (v. 36) “aparta de mi esta copa”. La palabra copa significa sufrimiento. Jesús dijo a Juan y Jacobo, Mat. 20, “23 de mi vaso beberéis”, porque ellos iban a sufrir por Cristo. Cristo pidió que “aquella hora” pasara, que el Padre apartara de El esa copa, y su oración fue oída. Heb. 5, “7 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente”.
Juan 12, “27 Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora (para ser crucificado, v. 32, 33). 28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez”. Todo comentario sobre Mat. 26:39 (“pase de mi esta copa”) debe armonizar con lo que Jesús dice en Jn. 12:27. El nació para morir como sacrificio por los pecados del mundo. Heb. 10, “4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. 5 Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo”; es decir, “me preparaste cuerpo” para poder morir como expiación por los pecados del hombre. Eso era su propósito, desde antes de venir al mundo.
La Biblia habla del plan eterno de Dios para la redención del hombre. 1 Ped. 1, “18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo”. Efes. 3:11, “conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor”.
Cristo había anunciado su muerte varias veces durante su ministerio personal, no como una posibilidad, sino como una realidad. Nunca estaba en duda su muerte. Mat. 16:21, “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”. Mat. 20:28, “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Juan 3:14, “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado”. Juan 8:28, “Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy”. Juan 10:11, “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas”. Juan 10:17, “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. 18 Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”. Juan 12:32, “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. 33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir”. Juan 1:29, también Juan el bautista dijo, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.
Todo comentario sobre Mat. 26:39 debe armonizar con todo lo que Jesús mismo había dicho con respecto a su muerte y resurrección y los temas relacionados. Por ejemplo:
El discipulado. Mat. 16, “24 Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”.
La cena del Señor. Mat. 26:26-28, Jesús instituyó la cena del Señor diciendo, “Haced esto en memoria de mí”. Con toda confianza El dijo (Mat. 26:29), “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre”. En Su muerte El venció a Satanás y estableció Su propio reino en el cual participamos con Jesús de la cena del Señor.
El bautismo. Mat. 28:19, “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Rom. 6, “4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”.
La iglesia. Mat. 16, “18 … sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Hech. 20, “28 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre”.
Nadie puede comprender a fondo la agonía de Jesús en Getsemaní y en Calvario. Por eso, nadie la puede explicar. El problema es que nosotros no podemos comprender a fondo los misterios de la encarnación ni los de la expiación, pero Jesucristo sí los comprendía. Él había llegado a un momento de angustia que era hasta la muerte; es decir, la agonía que El sentía en esos momentos era lo suficientemente pesada como para matarlo a no ser por la ayuda del Padre. Su alma fue azotada de una manera que, para nosotros, era completamente incomprensible e indecible. Con toda insistencia, pues, Jesús rogaba al Padre que si fuera posible “pasase de él aquella hora” (Mar. 14:35), “aparta de mí esta copa” (Mar. 14:36).
— pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras — Jesucristo estaba completamente sumiso al Padre. El vino al mundo para hacer la voluntad del Padre, pero la Biblia no enseña que Cristo pedía que Dios cambiara el plan de salvación. Los comentarios de algunos implican que Jesús dudaba del plan divino y creía que tal vez hubiera otra manera de salvar al hombre, aunque El sabía que el plan que El vino a llevar a cabo fue hecho por Dios (Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo) desde antes de la fundación del mundo y que definitivamente era el único plan de salvación. No había y no hay plan alternativo u opcional. Además, era un plan infalible. Dios no iba a fallar. Cristo no iba a fallar. Cristo no vino al mundo “para ver si podía salvarnos”; más bien, El vino para salvarnos y lo hizo. La idea de que pudiera haber otro plan es precisamente la esperanza falsa de millones de personas en la actualidad. Esperan – y esta es su esperanza y confianza – que en el día final Dios tenga otro plan para salvar a los que no hayan obedecido al evangelio. Esta es una esperanza vana.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*