La Iglesia Del Señor:

“Edificaré mi iglesia”, dijo nuestro Señor Jesucristo (Mateo 16:18), y más tarde esa promesa fue cumplida en el primer día de Pentecostés después de la resurrección de Jesús (Hechos de los Apóstoles, cap. 2). Ya que Cristo edificó Su iglesia, El tiene una iglesia ahora. Le pertenece porque la compró: “la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).
La iglesia fue establecida por Cristo, existe en la actualidad, y es de mucha importancia. Cristo la ama; El dio Su vida por ella; “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). ¿Quién dirá, pues, que la iglesia no es importante? ¿Quién se atreverá a enseñar que uno no necesita ser miembro de la iglesia para ser salvo? Tales conceptos revelan que se ignora la enseñanza de la Biblia. Verdaderamente sería pecado despreciar a la iglesia, ya que Cristo la amó tanto y se entregó a sí mismo por ella. Además, esto nos hace ver que vale la pena estudiar nuestra Biblia para saber más de ella.

Una Sola Iglesia
“Edificaré mi iglesia” – – número singular, “mí” iglesia. Jesús nunca habló de otra. Nunca. Los hombres hablan de cientos de iglesias; Cristo y los apóstoles hablan de una.
Pablo el apóstol habla de “la iglesia, la cual es su cuerpo” (Efesios 1:22, 23) y luego en la misma carta afirma que hay “un cuerpo” (Efes. 4:4). También dice a los corintios, “son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo” (1 Corintios 12:20).
En el mundo hay muchas “iglesias”. Dicen los hombres que todas las iglesias son buenas. Cada iglesia reclama ser la verdadera, la genuina, cuando ni siquiera aparece su nombre en la Biblia, y cuando ni una sola vez se mencionan en la Biblia la mayoría de sus doctrinas y prácticas.
Muchos tuercen la Escritura afirmando que Cristo es la vid y que las muchas denominaciones son las ramas (“los pámpanos”) de acuerdo con Juan 15:5. Pero la verdad obvia a la persona que lee el texto es que Cristo hace comparación entre ramas e individuos: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto… El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará” (Juan 15:5,6). Cada discípulo es una rama.

¿Por Qué Una Y No Muchas?
La iglesia de Cristo es Su reino, Su cuerpo, Su esposa, Su templo, Su casa, Su rebaño. ¿Cuántos reinos hay? ¿Cuántos cuerpos? ¿Esposas? ¿Templos? ¿Casas? ¿Rebaños? Si uno puede entender que hay solamente un reino, un cuerpo, una esposa, un templo, una casa y un rebaño, ¿por qué no puede entender que hay solamente una iglesia?
Los Salvos Son La Iglesia
¿Qué significa la palabra, “iglesia”? Significa “los llamados”. Dios nos ha llamado; hemos salido del mundo para ser Su pueblo. La cuestión de la singularidad de la iglesia se resuelve fácilmente si uno reconoce que la iglesia es precisamente el cuerpo de los salvos.
Es decir, lo que uno hace para ser salvo también le constituye miembro de la iglesia. Esta sencilla verdad se ve claramente en el segundo capítulo de Hechos de los Apóstoles. Observe usted que Pedro nombró los requisitos para ser salvo en el versículo 38 (“arrepentíos… bautícese cada uno… para perdón de los pecados”). Entonces la narración dice en el versículo 41, “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”. Así comenzó la iglesia . Estos obedientes, estos “añadidos”, fueron la primera iglesia. Dice el versículo 47, “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Desde esa fecha la iglesia es mencionada por los escritores sagrados como una realidad; la promesa de Cristo (“edificaré mí iglesia”) se había cumplido. Y, ¿qué es la iglesia? Los salvos. Los obedientes que son añadidos. ¡Qué sencillo arreglo! ¡Qué hermoso!

¿Cómo Llegar A Ser Miembro?
Esta pregunta equivale a otra: ¿Qué hace uno para ser salvo? En efecto, es la misma cosa; es el mismo proceso. Uno no cumple con ciertos requisitos para ser salvo y luego con otros para llegar a ser miembro de la iglesia. No, el procedimiento es el mismo para realizar las dos cosas. Frecuentemente se oye decir, “Yo fui salvo en cierta fecha y luego dos meses después me junté con x denominación”; pero la Biblia no habla así. Lea usted con cuidado el capítulo 8 de Hechos, desde el versículo 36 hasta el 47.
En iglesias humanas se habla también de “votación” sobre los miembros en prospecto (los llamados “candidatos para el bautismo). Pero en la Biblia no. Considere usted el caso del eunuco en Hechos 8:26-39. “Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo dijo; Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó” (versículos 36-38). El eunuco no tuvo que estudiar algún catecismo antes de obedecer. No fue “probado” en alguna forma. No tuvo que contar alguna “experiencia”. Los miembros de la iglesia no “votaron” para aceptarlo o rechazarlo (aparte de Felipe, ningún miembro sabía del evento hasta después). Cristo dijo, “El que creyere y fuere bautizado será salvo” (Marcos 16:16) y los apóstoles predicaron este mensaje a todo el mundo.

Cristo Su Fundador Y Fundamento
Cristo dijo, “Edificaré mi iglesia”. Desde luego, El es el fundador de Su propia iglesia. Varios hombres y mujeres han fundado iglesias – – y estas iglesias pertenecen a sus fundadores y a los seguidores de éstos.
El primer papa de la Iglesia Católica Romana fue Bonifacio III y asumió este puesto en el año 607 d. de J. C. Con tal desarrollo de la jerarquía se puede afirmar que en ese año quedó fundada oficialmente dicha iglesia. Pero Cristo no fue su fundador ni fundamento, sino la tradición eclesiástica (la tradición humana).
Martín Lutero fundó la Iglesia Luterana en Alemania en el año 1520. El fundamento de esta nueva religión fue el vano esfuerzo de reformar la Iglesia Romana. La “piedra del ángulo” de esta religión y de otras varias es la doctrina errónea de que la salvación es obtenida por la fe sola.
En el año 1534 el rey de Inglaterra Enrique VIII fundó la Iglesia de Inglaterra (llamada Episcopaliana en otros países). Siendo su fundamento la autoridad del rey (al alejarse de la de Roma).
Juan Calvino de Suiza fundó la Iglesia Presbiteriana en el año 1536 sobre los ya famosos cinco puntos cardinales que él sistematizó: 1- el pecado original (que uno nace totalmente depravado de la justicia), 2– la elección incondicional, 3– la expiación limitada, 4– la gracia irresistible, y 5– la perseverancia de los santos.
Juan Smythe fundó la Iglesia Bautista en Holanda en 1607 sobre el fundamento de que el bautismo es la inmersión en lugar de la aspersión. Pero siguió el error de los demás “reformadores”, enseñando que el bautismo no es esencial para la salvación.
Juan Wesley fundó la Iglesia Metodista en Inglaterra en el año 1739 sobre el fundamento de reformar la formalidad fría de la Iglesia de Inglaterra.
En 1830 José Smith fundó en los EE.UU. la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Los Mormones) sobre el fundamento de reclamar ser profeta y sobre la supuesta inspiración de “El Libro de Mormón” y “Doctrinas y Convenios”.
Carlos T. Russell fundó la religión de “La Atalaya” (“Testigos de Jehová”) en los EE.UU. en 1872 sobre el fundamento de negar la deidad y las enseñanzas de Jesús.
Los varios grupos “pentecostales” salieron originalmente de la Iglesia Metodista y su fundamente es el emocionalismo y la religión subjetiva (erróneamente llamados “dones del Espíritu”).
Y así van las religiones humanas – – ad infinitum.

Las Designaciones De La Iglesia
Cristo es Dios (Romanos 9:5; Tito 2:13; 2 Pedro 1:11). Y la iglesia se llama “la iglesia de Dios” (1 Corintios 1:2; 10:32; 11:22; 15:9; 2 Corintios 1:1; Gálatas 1:13; 1 Timoteo 3:5, 15).
La iglesia es POSESION de Cristo. “Os saludan todas las iglesias de Cristo” (Romanos 16:16).
En muchos textos la Biblia dice sencillamente “la iglesia” porque no había más que una. Todos sabían en el primer siglo que “la iglesia” quería decir “la iglesia de Cristo” porque no había otra.
Desde el punto de vista de los miembros que componen la iglesia, ella se designa como “la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (Hebreos 12:23) o “las iglesias de los santos” (1 Corintios 14:33).
Pero nos urge enfatizar que la iglesia es posesión de Cristo. Dice Pablo a la iglesia de Corinto, “…os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Corintios 11:2). La iglesia es la esposa de Cristo. ¿Cómo llevará, pues, nombres humanos? Además, la iglesia es el templo DE CRISTO, el reino DE CRISTO, el rebaño DE CRISTO, la casa DE CRISTO, la iglesia es de El, es suya. Es LA IGLESIA DE CRISTO. Al referirnos a la iglesia de Cristo no escribimos la primera letra de “iglesia” con letra mayúscula (así: “Iglesia de Cristo”) como si fuera nombre denominacional. Lo que sí hacemos es acentuar el hecho de que la iglesia es POSESIÓN de Cristo. Es divina. Es el reino de los cielos. ¡Es el conjunto de los salvos!

Sumisa A Cristo
Cristo es la Cabeza y la única Cabeza de la iglesia. “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1;17,18). Después de resucitar, Cristo dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18). El manda. Tiene toda autoridad.
No hay ni en el cielo ni en la tierra otra cabeza. El Papa de Roma sí es cabeza de la Iglesia Católica Romana pero NO es cabeza de la Iglesia de Cristo. El Papa de Roma, los presidentes (como los de los Mormones y de los “Testigos”), etc. son usurpadores – – quieren usurpar el lugar y la autoridad de Cristo. Lo hacen para su propia destrucción. Toda iglesia humana tiene su gobierno humano y leyes humanas que desprecian a Cristo como Cabeza divina de la iglesia. Colosenses 2:19 los describe en esta forma: “… y no asiéndose de la Cabeza…” Hay concilios, convenciones, sínodos, etc. en las iglesias humanas que son centros de gobernación para hacer, quitar y modificar leyes humanas. Dice Cristo de tales leyes: “Pues en vano me honran; enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15:9).

Conforme A Las Escrituras
La iglesia verdadera, pues, se sujeta a Cristo al seguir las enseñanzas de las Escrituras. Cristo gobierna por medio de Sus enseñanzas y éstas están escritas en el Nuevo Testamento. Por tanto, “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11). “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16,17).

La Doctrina De Los Apóstoles
Cuando la iglesia fue establecida, “perseveraban en la doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42). ¿Por qué seguían la enseñanza apostólica? Porque Jesús comisionó a los apóstoles a predicar el evangelio (Mateo 28:19,20; Marcos 16:15, 16). Les dijo, “recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Fueron bautizados con el Espíritu Santo el día de Pentecostés (Hechos 2:1-4) y así comenzó su gran ministerio mundial. Siendo testigos y mensajeros escogidos por Cristo, los apóstoles servían y sirven hasta la fecha como los embajadores de Cristo (2 Corintios 5:18-20). Y los que no escuchan a los apóstoles no son de Dios (1 Juan 4:6, “Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error”).
Estimado lector, ¡este mismo día los apóstoles están sentados sobre sus tronos y ellos nos enseñan por medio de sus enseñanzas, enseñanzas que les fueron dadas por el Espíritu Santo! (Estudie usted con mucho cuidado los siguientes textos sobre este tema: Juan 14:26; 16:13; 17:8,14; Hechos 2:4; 1 Corintios 14:37; 2 Pedro 3:2; 1 Juan 4:6). Somos “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20). Los apóstoles y los profetas escogidos por el Señor en el primer siglo nos enseñan por medio de su palabra escrita en el Nuevo Testamento. Véase también Mateo 19:28.

El Antiguo Testamento
En esto no menospreciamos en ninguna forma el Antiguo Testamento. También es la palabra de Dios y está inspirada. Lo leemos, lo estudiamos, y recibimos mucho beneficio de él (Romanos 15:4; 1 Corintios 10:6-11). Pero nosotros vivimos bajo el Nuevo Testamento (o pacto) que es la ley de nuestro Señor Jesucristo. Esta es la ley que nos corresponde ahora y la ley que nos juzgará en el día final (Juan a12:47,48). El pueblo de Israel celebraban a través de sus generaciones las tres fiestas solemnes cada año. Ellos ofrecían diariamente, por medio del sacerdocio levítico, los animales, las palomas, las ofrendas de comida, etc. según la ley de Dios entregada por Moisés a ellos. Guardaban el sábado como señal entre ellos y Dios (Éxodo 31:13) para recordar que Dios les sacó de Egipto (Deuteronomio 5:15). Esta ley no está en vigencia; era ley nacional y provisional. Cristo la clavó a la cruz (Colosenses 2:14-16).

Adorar En Espíritu Y En Verdad
El culto, pues, de la iglesia del Señor es el sencillo culto espiritual enseñado por Jesús y Sus apóstoles. El Señor mismo había dicho, “Dios es Espíritu; y los que le adoran en espíritu y en verdad es necesario que le adoren” (Juan 4:24).
El culto es para Dios. Es para Su alabanza. Es para agradarle a El. Aunque nos debe dar mucho placer el adorar a Dios, nos urge tener presente el hecho de que el culto es en primer término para dar placer a nuestro Padre celestial. Los hombres han metido mucha innovación en el culto porque quieren hacer cosas que les dan gusto a ellos aunque Dios no las quiere. El culto no es para entretener ni a los miembros ni a los visitantes; no tiene el propósito de atraer a grandes números a la asamblea. Su propósito principal es el de engrandecer y alabar a Dios y agradarle a El en todo.
Para conocer la mente de Dios hay que estudiar la revelación de Sus pensamientos y deseos. 1 Corintios 2:11-13 nos enseña que esta revelación fue hecha a los apóstoles. Cada palabra es inspirada y por medio de esta revelación podemos saber la voluntad y el deseo de Dios. Cuando El revela Su mente, entonces sabemos qué cosa le agrada – – y El ha revelado Su mente por medio del Espíritu Santo a los apóstoles y otros hombres inspirados y esta revelación está escrita en el Nuevo Testamento. No debemos ir más allá de lo que está escrito. No debemos añadir nada a esta revelación ni tampoco quitar de ella. No debemos creer que Dios es como el hombre (Salmo 50:21). Sus caminos y pensamientos no son como los nuestros (Isaías 55:8,9). ¿Qué haremos, pues? Debemos escudriñar cuidadosamente las Escrituras, los escritos del Nuevo Testamento, para conocer la mente de Dios y luego debemos hacer las cosas que le agradan.

Cantar Himnos
Por ejemplo, leamos Efesios 5:19 que dice, “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en nuestros corazones”. Esto, ya se ve, le agrada a Dios. ¿Cómo sabemos? Por medio de Su propia palabra que revela Su mente, Sus deseos. Que cada cristiano eleve himnos de alabanza a Dios. Dios quiere este fruto de labios (Hebreos 13:15). Es un sacrificio aceptable y agradable. Pero no hay texto alguno en el Nuevo Testamento que enseñe a la iglesia a tocar instrumentos de música. En el Antiguo Testamento, sí los hay. Por ejemplo, 2 Crónicas 29:25 dice, “Puso también levitas en la casa de Jehová con címbalos, salterios y arpas, conforme al mandamiento de David, de Gad vidente del rey, y del profeta Natán, porque aquel mandamiento procedía de Jehová por medio de sus profetas”. Pero este mandamiento no está en el Nuevo Testamento. Es como los mandamientos de guardar el sábado, quemar incienso, pagar el diezmo, etc. Están en el Antiguo Testamento pero no fueron dados a la iglesia del Señor.

La Organización De La Iglesia Local
En un estudio acerca de la iglesia del Señor debemos distinguir entre la palabra “iglesia” en sentido de iglesia universal y la palabra “iglesia” usada en sentido local. Cuando Cristo dijo “edificaré mi iglesia”, habló de Su iglesia universal. Lo mismo cuando Pablo dice que la iglesia es el cuerpo de Cristo (Efesios 1:22,23). Pero en muchos textos la palabra “iglesia” se refiere a la iglesia o congregación local. De éstas Lucas habla en Hechos 14:23, “ Y constituyeron ancianos en cada iglesia”.
Las cartas del apóstol Pablo fueron escritas a varias iglesias locales: a la iglesia en Roma, a la iglesia en Corinto, a las iglesias en Galacia, a la iglesia e Éfeso, etc. Cuando uno aprende los libros del Nuevo Testamento aprende de los varios lugares donde había iglesias de Cristo. Cuando decimos Romanos, Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, y Tesalonicenses, estamos hablando de los miembros de las congregaciones locales en Roma, Corinto, Galacia, Éfeso, Filipos, Colosas, y Tesalónica. Además, Hechos 14:23 nos enseña clara y enfáticamente que cada congregación, cada iglesia, es independiente de las demás con respecto a la gobernación. En cada iglesia constituyeron ancianos. Estos ancianos son los obispos, los que tienen a su cargo la supervisión de la congregación en la cual son miembros y en la cual fueron escogidos para ser obispos. Esta verdad se ve en Hechos 20:17,28; “Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia … Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre”. Los ancianos de cada iglesia son los obispos o directores de ella. Son sus pastores – – los que deben “apacentar la iglesia”. Los obispos de una iglesia no tienen ninguna jurisdicción sobre otra iglesia. ¡Imagínese! ¡Qué diferente al plan humano en las iglesias denominacionales! En la iglesia del Nuevo Testamento no hay nada de jerarquía. No importa que sea iglesia grande o pequeña; no importa que tenga o no un edificio apropiado con apariencia de casa de oración; no importa que los miembros sean muy educados o analfabetos. Cada iglesia – – autónoma (se dirige independientemente de las demás) e igual a todas las demás.

La Cena Del Señor
Antes de Su muerte Jesús instituyó la cena del Señor para conmemorar Su muerte. El pan sin levadura “es” (representa) Su cuerpo y el fruto de la vid simboliza Su sangre. El dice, “Haced esto en memoria de mí” (1 Corintios 11:24). No hay misticismo en la cena. No es misa ni eucaristía. Es un acto sumamente sagrado. Cada miembro come un pedacito del pan y toma una copita del “fruto de la vid” (jugo de uva) y al hacer esto medita sobre aquel sacrificio que nos redimió. Lo hacemos el primer día de la semana porque así nos dejaron el ejemplo los apóstoles (Hechos 20:7). Este texto es el único que nos contesta la pregunta: “¿Cuándo debemos tomar la cena?”

La Ofrenda
La ley del diezmo pertenece al Antiguo Testamento y no es enseñanza para la iglesia. Sin embargo, el apóstol Pablo nos enseña acerca de la ofrenda en 1 Corintios 16:1,2, y en 2 Corintios 9:7.
Cada primer día de la semana cada miembro hace la ofrenda “según haya prosperado” y “como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad”. Si uno está convertido de corazón a Cristo, dará con alegría y dará generosamente. “Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas y aun más allá de sus fuerzas… a sí mismos se dieron primeramente al Señor” (2 Corintios 8:1-5).
El plan de Dios, revelado en el Nuevo Testamento, es que haya ofrenda cada primer día de la semana – – y no hay otro plan. Las tácticas de las iglesias humanas para recaudar fondos desprecian la religión de Cristo. Juegan lotería (el “Bingo”), tienen rifas, venden ropa, comida y otros artículos, piden a los comerciantes, etc. Sobre todo pasan el platillo para hacer colectas en cada reunión y hasta dos o tres veces en la misma reunión. Las víctimas de tales escándalos son las personas que rehúsan estudiar la Biblia para saber el plan perfecto de Dios, al cual la iglesia verdadera se somete.

La Disciplina
Pablo el apóstol enseña la disciplina en 1 Corintios 5; Romanos 16:17; 2 Tesalonicenses 3; Tito 3:10; y en otros textos. Es necesario cortar la comunión al hermano infiel que no quiere corregirse, tanto para su propia salvación (1 Corintios 5:5) como para la limpieza de la congregación (los versículos 6,7). Es difícil aplicarla. Es difícil ser imparcial (1 Timoteo 5:21), pero la iglesia verdadera la practica.
Puesto que la iglesia es posesión de Cristo y no de los hombres, debemos emplear en la disciplina la regla de las Escrituras y no la regla de la tradición humana.
Es muy fácil fabricar leyes humanas. Pero la iglesia del Señor respeta a su Cabeza. La iglesia está sujeta a las leyes de Cristo y no inventa leyes – – no hay “leyes eclesiásticas” en la iglesia de Cristo.
Bajo el disfraz de “la disciplina” se crió y se ejerció a través de muchos años la monstruosa inquisición de la “santa Iglesia Católica Romana”. Y ¿Cuál religión humana no ha imitado ese ejemplo por lo menos en inventar leyes, reglamentos, prohibiciones, etc. que se imponen sobre sus feligreses?

La Santidad
Una característica notable de la iglesia verdadera es la santidad. Como dice Pablo, “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1).
La nueva vida comienza con un cambio completo y radical del corazón. “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (Efesios 4:31). Uno tiene que dejar la borrachera y la fornicación y todo pecado. Tiene que cambiar su carácter, su disposición, su manera de hablar, su actitud, su espíritu y su forma de actuar. En el proceso de convertirnos en cristianos nacemos otra vez (Juan 3:3,5). Llegamos a ser como niños inocentes (Mateo 18:3). El “ser viejo” es crucificado (Gálatas 2:20) y al salir de las aguas del bautismo resucitamos a una vida nueva. Si uno se bautiza y sigue mundano o con espíritu amargo y con disposición agria, ¿obedeció de corazón? (Romanos 6:17, 18). El cambio de vida debe ser completo.

El Propósito De La Iglesia
Finalmente, ¿Cuál es su propósito? La carta de Pablo a los efesios contesta esta pregunta:
1. – La iglesia existe para dar PREEMINENCIA A CRISTO (Efesios 1:20-23; Colosenses 1:17,18). Para ser Cabeza, Cristo necesita cuerpo, y la iglesia es Su cuerpo. “A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:21).
2. – La iglesia existe para la UNIFICACION DE TODOS LOS SALVOS. “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno” (Efesios 2:14). Los obedientes de toda nación somos añadidos a un solo cuerpo (una iglesia). Todos “somos miembros de la familia de Dios (Efesios 2:19).
3. – La iglesia existe para la EDIFICACION DE LOS MIEMBROS (Efesios 4:11,12). Como miembro de alguna congregación local cada miembro de la iglesia se desarrolla, crece, se prepara para servir a Dios según su capacidad y oportunidad. En el Nuevo Testamento no hay nada de sociedades o escuelas para entrenar a los discípulos de Cristo. La iglesia lo hace.
4. – La iglesia existe para PROCLAMAR Y DEFENDER LA VERDAD. (Efesios 4:12; 1 Tesalonicenses 1:8; 1 Timoteo 3:15). La Biblia desconoce las sociedades misioneras que son tan comunes en el mundo religioso. La iglesia misma debe predicar el evangelio.

Conclusión E Invitación
Estimado lector, ¿es usted miembro de la iglesia del Señor? Recuerde usted que “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentarla a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27). ¿Es usted miembro de esta “iglesia gloriosa”?
Todos los salvos somos miembros de esta iglesia porque Cristo añade a los salvos a Su iglesia. Y Cristo es el Salvador de Su cuerpo, Su iglesia (Efesios 5:23). No hay salvos fuera de la iglesia – – porque todos los salvos son añadidos a ella.
Le suplicamos, pues, muy atentamente que usted considere detenidamente este estudio y que obedezca cuanto antes el bendito evangelio de Jesús para ser añadido por El a Su iglesia.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*