LA NECESIDAD DE FAMILIAS FUERTES:

(Jhun Bautista).

A pesar de las diferencias en nuestras culturas, los hermanos Americanos y Filipinos enfrentan retos similares. El hermano Bautista nos enseña la importancia de construir hogares basados en una fundación espiritual sólida.

Dios creo a la familia. Fue la primera institución construida por nuestro Dios (Gen 2:18-25). Desde entonces, incluso ahora, la familia ha sido la fundación de todas las sociedades. Por lo tanto, es triste decir que nuestra sociedad podría estar balanceándose en el borde del desastre, porque en los días presentes, el hogar tradicional ha sido degenerado entre el peso de la prosperidad y el materialismo.

Las familias fuertes proveen un fuerte soporte a la iglesia. La iglesia gloriosa estaba en la mente de Dios antes de la creación de los hogares (Efe 1:4; 3:21). La iglesia revela la sabiduría de Dios en todos los principios y poderes en los lugares celestiales (Efe 3:10-11). Los hogares cristianos sirven para que la semilla del reino sea sembrada. La iglesia crece y completa un gran servicio a Dios. Aun así, la fortaleza de las congregaciones depende de la calidad de la justicia que emana de las familias individuales.

Hay una gran necesidad de familias fuertes. Son cruciales para la iglesia. Las familias fuertes provienen de hombres que conocen como ser buenos lideres (Efe 5:23, 25, 28-29), y de mujeres que son virtuosas y sumisas en todas las cosas (Prov 31:10-31; Efe 5:22-24). En tales hogares, los hijos son criados en la nutrición y exhortación del Señor (Efe 6:4). En este artículo, vamos a considerar algunas cualidades que son esenciales para producir familias fuertes.

 

Las familias fuertes empiezan con Dios.

Las familias fuertes deben iniciar construyendo su hogar con Dios (Sal 127:1). Un hogar construido por las manos amorosas de Dios es un hogar donde nuestro Señor es su Rey y su prioridad es servirle en todas las actividades de su vida y no servir otros dioses, “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Josué 24:15). Como nos comportemos en el hogar es el verdadero indicador de quien somos y lo que somos. El salmista dijo, “Entenderé el camino de la perfección Cuando vengas a mí. En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa.” (Sal 101:2). ¿Es Cristo el Rey y Cabeza de tu hogar? ¿Lo consideras o consultas con Él cuando tomas decisiones? ¿Te comunicas con Él cuando una crisis ocurre?

Un hogar construido por las manos amorosas de Dios es un hogar donde la Biblia es leída y estudiada (Deut 6:5-9). ¿Es la Biblia parte de tu vida familiar? Una razón, creo yo, de que hubieran “conversiones familiares” en el primer siglo fue porque la religión era el punto central de esas familias, desde la cabeza (Hech 10:24, 48; 16:15, 33; 18:8). Muchos padres y madres modernos no son lo que deberían ser, porque la religión no es el enfoque de su familia.

Los hogares construidos por Dios están donde los papas y las mamas son cristianos activos y dedicados. Los hogares donde solo hay estudios por compromiso no sobrevivirán a la maldad de este mundo. Estas familias donde el servicio superficial a Cristo es una norma, no están declarando lo que dijo Josué “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” La infidelidad y la rebelión son raras en hogares donde los padres son cristianos dedicados.

Las familias fuertes tienen un enfoque Espiritual.

Las familias que se enfocan en lo espiritual, en lugar de en lo físico, son familias fuertes (Mat 4:4). Recordemos que, entre toda la creación de Dios, estamos en el nivel más alto. Él creo al varón y a la mujer a Su propia imagen y semejanza. Somos seres espirituales y no meramente físicos (Gen 1:26-27, 2:7; Heb 12:9; Sant 3:9). De este hecho, es necesario que las necesidades del alma tomen prioridad. “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,

Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.” (Sal 42:1).

 

Muchas familias enfatizan el materialismo. En Génesis 13:11, Lot cometió un gran error: escogió por sí mismo. La moralidad, y no el materialismo, debe ser lo que defina nuestro hogar. Desarrollemos una actitud apropiada en cuanto a las cosas terrenales. Mientras que las cosas terrenales nos sirven, nosotros no debemos servirle a ellas (Lucas 16:9). Es triste decir que algunas familias están más preocupadas de ganar tesoros terrenales que en salvar sus almas, o incluso el estatus espiritual de sus hijos. No se ven interesados en la salvación de las almas de sus hijos. Ganar cosas materiales es su enfoque (Mat 16:26). He aprendido del libro del hombre sabio Salomón, que hay tres cosas criticas al criar a los hijos (Prov 22:6).

Hay una forma de enseñarles a los hijos.” Génesis 18:19 nos enseña que nuestro Señor confió en los padres de que mandaran a sus hijos y a su casa en la forma del Señor. Hay una forma en que el hijo debe aprender (Efe 6:4). Enséñeles la forma del Señor mientras aún son niños; no espere hasta que sean mayores (Ecle 12:1-6). Los padres no deben olvidar esta tarea.

Toma entrenamiento y enseñanza, no instinto”. Da vergüenza darse cuenta que algunos padres animan a sus hijos a ser exitosos en la escuela y en los negocios y nunca los dirigen a Dios.

Produce resultados duraderos”. No estoy diciendo que todos los malos hijos son resultados de una mala crianza, pero sí creo que, si enfatizamos las cosas espirituales al criar a los hijos, usualmente hay éxito.

Las familias fuertes están contentas y agradecidas.

Un espíritu de contentamiento y agradecimiento son vistos en las familias fuertes (2 Tim 3:2). Me he encontrado con jóvenes que gruñen cuando no se les da el teléfono a la última moda. Se quejan porque la ropa que reciben no era de diseñador. Son desagradecidos e ingratos en el nivel más alto. Esta actitud es, muchas veces, aprendida en casa. Las familias exitosas no se miden con lo que tienen, sino por lo que son. El carácter y la integridad son virtudes enraizadas en el alma y no en las posesiones materiales. Aprendamos a contentarnos y agradecer por lo que tenemos (1 Tim 6:8). Aprendamos a contar las bendiciones y no los problemas. Recordemos las palabras del salmo “Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enumerados.” (Salm 40:6).

Conclusión.

He alcanzado la edad de 40 en mi vida, muchas veces me han pedido que estudie con las familias y trate de ayudar a las que pasan por una crisis. Algunas veces he sido parte de esfuerzos exitosos, pero frecuentemente, veo como las familias se separan. La razón es siempre la misma: no tienen el deseo de regirse por las enseñanzas de la palabra de Dios. Los esposos son controladores y nada amorosos porque se rehúsan a ser aconsejados por las Escrituras. Las esposas son hostiles e insubordinadas porque se rehúsan a ser guiadas por la Bendita Palabra. Los hijos crecen con el cuello rígido y rebeldes, porque no aprendieron las enseñanzas de Dios.

Las iglesias fuertes necesitan familias fuertes. Si deseamos establecer familias fuertes y exitosas, entonces debemos aplicar estos principios para alcanzar ese éxito. Deje que Dios construya su hogar. Siempre enfaticemos lo espiritual sobre lo físico. Aprendamos a estar contentos y agradecidos con Dios.

Traducido por: Eula Vasquez.

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