LA NECESIDAD DE OBEDIENCIA:

Por: Jonathan Cariño.

Refutando el concepto calvinista de salvación por la gracia, el hermano Cariño revisa ejemplos del Antiguo y Nuevo Testamento mostrando que la obediencia es un elemento esencial en la salvación.

Hay mucha confusión sobre la relación entre la gracia, la fe y las obras. Algunos argumentan que si un hombre obedece las condiciones de Dios, no depende de la gracia de Dios; que ese hombre no tiene nada más que hacer excepto solo creer, que la “gracia es toda de Dios, y nada mía”. Pero, la Biblia enseña que la obediencia es requerida, de otro modo, no es obediencia.

¿Qué es obediencia? Envuelve la deseosa sumisión a la justa autoridad. No está basada en la presión de otros hombres, ni del resultado del razonamiento humano que sugiere que es lo correcto. Más bien, somos siervos de aquel al que obedecemos. “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;” (Rom 6:16-17). No hay terreno neutral: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.” (Mat 12:30).

En esta lección, enfatizamos que la gracia tiene dos partes: la parte de Dios y la parte del hombre. Dios provee la gracia y establece las condiciones que el hombre debe seguir para recibir la gracia. La responsabilidad del hombre es creer (Heb 22:6) y cumplir con todos los términos que son requeridos por Dios (Heb 5:8-9). El hombre tiene algo que hacer. Debemos obrar en la obra de Dios- un ejemplo de lo que es creer: “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.” (Juan 6:28-29).

Algunas obras no pueden salvar. Esto incluye obras en las cuales el hombre vanamente atenta con “ganar” la salvación independientemente de los deseos de Dios (Efe 2:8-9), y también las obras en la ley de Moisés (Gal 2:16, 21). ¿Qué obras, si es que alguna, nos puede salvar? Las obras que Dios preparo antes de la fundación del mundo, son obras que salvan, y debemos caminar en ellas (Efe 2:10). Para hacer la obra de Dios, debemos entender Su voluntad. Cuando un hombre hace la obra de Dios, le rinde obediencia a Dios. En los tres periodos de la historia Bíblica, observamos varios requerimientos divinos en estas tres dispensaciones. Mientras que los requerimientos específicos pueden variar, el principio es el mismo, obediencia.

Cruzando el Mar Rojo.

Para ilustrar, considere cuando los Israelitas cruzaron el Mar Rojo (Éxodo 14:21-30). La parte de Dios era salvar a Su pueblo y dividir el mar. La condición de Dios para ellos era cruzar el Mar Rojo. El rol del hombre era creer y cruzar al otro lado. Si la gracia es “toda de Dios y nada mía”, ¿Quién cruzaría el Mar Rojo? ¿Dios? Absurdo. No era Dios el que cruzaría el mar. Era el hombre. Vemos que el hombre tiene algo que hacer, debe hacer obras. ¿Quién los salvo? ¡Dios! ¿Cuándo los salvo? Después de que obedecieron. En otras palabras, el poder de Dios para salvarlos trabajo hasta que obedecieron. Israel creyó pero aún no estaba salvo. Tenían que cruzar hacia el otro lado. ¿no son estas obras?

La destrucción de Jericó.

Consideremos la destrucción de los muros de Jericó (Josué 6:1-21). La gracia de Dios estaba dando la ciudad de Jericó en las manos de Israel. ¿recibieron ellos a Jericó al momento de creer después de que oyeron las condiciones de Dios? No. No les fue dada en bandeja de plata porque tenían que obrar por él. ¿Cuáles eran las condiciones? Fueron mandados a marchar alrededor de 13 veces por 7 días sin decir palabra. En la última ronda, tenían que soplar las trompetas y gritar. Si la gracia es “toda de Dios y nada mía” ¿Quién rodearía los muros de Jericó? Obviamente la gente de Israel. Si la gracia es fe solamente, entonces marchar alrededor de los muros, soplar las trompetas y gritar no era necesario. ¿Quién causo el colapso de los muros? ¿Fue el sonido de las trompetas y sus gritos? ¡No! El poder divino causo que se cayeran los muros después que Israel obedeció completando las condiciones de Dios. En otras palabras, el poder de Dios obro después de su obediencia.

La curación de Naamán.

Vemos el mismo patrón en el caso de Naamán (2 Reyes 5:1-14). Naamán creyó, pero no fue limpio; la fe sola no es suficiente. ¿hizo algo más? ¿Quién se sumergió en el agua? ¿Dios o Naamán? Naamán se sumergió siete veces en el rio Jordán. ¿fue el agua que limpio a Naamán de su lepra? No. El poder de Dios limpio a Naamán después que hubo obedecido al aceptar las condiciones que Eliseo el profeta estableció.

La salvación de los pecadores.

¿Es la salvación “toda de Dios y nada mía”? ¿Somos salvos por solo creer o por la fe sola, sin obras? ¿Cómo fueron salvos los primeros convertidos en Hechos en el capítulo 2? ¿Hicieron algo para recibir el perdón de sus pecados? ¿Cuál fue la parte de Dios? El proveyó la gracia, el perdón de los pecados. Solo Dios puede perdonar nuestros pecados y salvarnos. Esta es Su parte. Para este fin, Él dio a su hijo unigénito. Él dio el evangelio, el poder de Dios para salvación (Rom 1:16).

¿Cuáles son las condiciones de Dios para que el hombre encuentre perdón? Dios requiere arrepentimiento y bautismo. ¿Cuál es la parte del hombre? Creer, arrepentirse y ser bautizado. ¿Qué pasa después de que escucha el evangelio? Entienden y creen el mensaje (Hech 2:37). ¿Fueron salvos en el momento de creer? ¡No! Aun necesitaban arrepentirse y ser bautizados para el perdón de sus pecados (Hech 2:38). 3,000 almas hicieron lo mismo, creyeron, se arrepintieron y fueron bautizados (Hech 2:41). ¿Es el agua lo que salva? No. ¿Qué los salva? Su obediencia a la verdad (1 Ped 1:22-23). El poder de Dios para remover nuestros pecados, toma lugar  después que rendimos obediencia al evangelio de Jesucristo. La salvación no es por fe sola; y tampoco es “toda de Dios y nada mía”.

Jesús es el Salvador de todos los que obedecen el evangelio. El estableció el ejemplo de la obediencia cuando sufrió la muerte en la cruz (Heb 5:8-9, Fil 2:9).

Aquellos que son desobedientes al evangelio, los injustos, los perdidos, los impíos, los pecadores, todos ellos están fuera de la iglesia. ¿Dónde encuentras a estos que son obedientes al evangelio de Dios, los justos, los salvos, los santos? Los encuentras dentro de la iglesia.

Jesús es el Salvador de la iglesia (Efe 5:23). Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos (Hech 2:47). El juicio empezara con la casa de Dios, que es la iglesia (1 Tim 3:15), ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? (1 Ped 4:17-18). Así como la obediencia salva, la desobediencia es perdida. Cuando Jesús vuelva, Él tomara venganza de aquellos que no conocen a Dios y aquellos que no obedecen el evangelio (2 Tesa 1:7-9).

Conclusión.

Como hemos visto, los Israelitas obraron en cruzar el Mar rojo. Después obraron en marchar alrededor de los muros de Jericó, soplando trompetas y gritando. Naamán obró al sumergirse 7 veces en el agua. 3,000 obraron en su propia salvación cuando obedecieron al Señor en el bautismo. Así que, la gracia no es “toda de Dios y nada mía”. La gracia no es fe sola. La fe sin obras está muerta (Sant 2:20-24). Las obras que se hicieron fueron las obras que Dios hizo y ordeno. Hacer las obras de Dios requiere obediencia. ¿No obedecerás a Dios y recibirás Su gracia?

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*