LA NECESIDAD DE TRABAJAR JUNTOS:

Por: Rody Gumpad.

Desde que los discípulos fieles son descritos como co-participes en las promesas, el hermano Gumpad habla sobre la necesidad de fortalecer los lazos que nos mantienen juntos.

Al dar la gran comisión, Jesús dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mat 28:19-20). El evangelismo no es un proyecto en casa. Debemos bajar al agua para atrapar al pez; también, seria muy tonto solo arrojarlos de regreso al agua después de atraparlos. El punto es que necesitamos ir y necesitamos hacer discípulos. Para alcanzar esto, reconozcamos la necesidad de trabajar juntos. La habilidad de trabajar juntos con nuestros hermanos, es la clave del crecimiento y el éxito.

Problemas venideros.

Al escribirle a los Filipenses, Pablo exhorto a la iglesia a resolver sus problemas internos para que pudieran unirse como un solo hombre por la causa del evangelio. De cualquier manera, los creyentes hoy en día, deberían trabajar juntos para avanzar en el evangelio, incluso en sufrimientos y malos tratos “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.” (Fil 2:1-4).

En Filipenses 1, Pablo exhorta a los santos a vivir una vida digna del evangelio. Enfatizando la importancia de la unidad, Pablo les urge a trabajar juntos para Cristo. Los ciudadanos del reino celestial deberían mantenerse uno a uno como un hombre, sin ser intimidados por sus oponentes.

Una de las expresiones favoritas de Pablo, “en Cristo”, es la posición del creyente. Primero, hemos sido transferidos del reino de las tinieblas al reino de Su amado Hijo (Col 1:13). Ya no somos “en Adán” manchados con el pecado, condenados y culpables; más bien, estamos “en Cristo”, disfrutando de todas las bendiciones que Él nos ofrece (Rom 5:1-2; 8:1).

Segundo, los creyentes experimentan confort en el amor de Dios. En el AT, el amor de Dios era expresado hacia Israel, incluso durante su rebelión. De alguna manera, Dios siempre demuestra Su amor hacia nosotros, incluso cuando aún éramos pecadores (Rom 5:8).

Tercero, experimentamos el compañerismo del Espíritu Santo. Bendecidos con el Espíritu en nosotros (1 Cor 6:19), empoderados por su servicio (1 Cor 12), estamos obligados a proclamar fielmente el evangelio (2 Tim 2:2). Además, Dios el Padre, Cristo el Hijo, y el Espíritu Santo trabajan en nuestras vidas de formas poderosas. Por estas experiencias compartidas, los creyentes deberían sacrificar sus intereses y deseos por el bien de la unidad. Como colaboradores, trabajemos juntos en el evangelio.

Trabajando juntos.

En el mismo pasaje de Filipenses 2:2-4, Pablo comparte tres ingredientes en la unidad. Primero, la unidad es una opción (v. 2). La iglesia en Filipo debía escoger tener la misma mente, abrazar el mismo modo de pensar. Mientras que la unidad empieza en la mente, también envuelve tener el mismo corazón. Una iglesia es transformada cuando la mente de los creyentes refleja la mente de Cristo.

Segundo, la unidad viene de la humildad (v.3). Cuando los siervos de Cristo se enfocan en la solamente en las ambiciones egoístas, resulta en conflicto. Vemos esto en Marcos 9:33-37, cuando los discípulos de Cristo discutían sobre quién era el mayor en el reino. Aquellos que quieren ser primeros serán los últimos y aquellos que quieran ser los mayores serán los siervos de todos (Marc 10:35-45). Dejando de lado nuestra agenda, nuestro orgullo y nuestros deseos egoístas, unámonos en humildad, considerando a los demás mejores que nosotros mismos.

Tercero, la unidad se enfoca en las necesidades de los demás. Nacemos centrándonos en nosotros mismos. Algunos en Filipo estaban buscando sus propios intereses con deseos egoístas y vanas aspiraciones. Había una competencia enferma en la iglesia que resulto en conflicto. Por inspiración, Pablo los exhorta a dejar de lado sus deseos personales, y buscar los intereses de los demás.

Estos principios remediaron el problema en Filipo. Y siguen verdaderos hoy en día. Al escoger la unidad, podemos trabajar para alcanzar los propósitos de Dios.

Hay muchas cosas en las que podemos discutir o estar en desacuerdo, pero al enfocarnos en el ejemplo de Cristo y Sus mandamientos para hacer discípulos en todas las naciones, tendremos la unidad de trabajar juntos para la gloria de Dios.

Mejores logros.

 En 1 Corintios 3:5-9, Pablo enfatiza que somos colaboradores: “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.”

Pablo hace una cosa curiosa en este pasaje. Es una pregunta directa, “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos?” en lugar de preguntar “quien” él dice “que”. Él quería que los Corintios entendieran que los siervos de Dios no eran dignatarios sino funcionarios. ¿Cómo describe Pablo a Apolos y a el mismo? La simple respuesta es que eran siervos. Esta palabra da el énfasis en la funcionalidad y no en la personalidad.

Los siervos de Dios no deberían ser definidos como independientes sino como dependientes e interdependientes. “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.” Nuestro ministerio es un esfuerzo coordinado que envuelve a diferentes personas y diferentes habilidades en un campo en común y hacia la misma meta en común. Pablo se vio a sí mismo y a Apolos, con sus distintos ministerios, no como rivales o competidores, sino como “siervos de Dios”. Ellos vieron a los Corintios como “el campo de Dios”. En otras palabras, no eran campo de Pablo, no eran el de Apolos, sino de Dios. Esto aplica en trabajar juntos, ambos en una congregación, y fuera de la congregación.

Un problema de hoy en día para los predicadores aquí en Filipinas, y talvez también en otros países, es la falla en la función de “colaboradores”. Algunos trabajan en insolación, viendo a los hermanos como rivales en lugar de verlos como colaboradores. Esto es contrario a las enseñanzas de las Escrituras y por lo general los guía, eventualmente, a la ineficiencia y fallo, incluso cuando hay un aparente éxito.

No importa cuán capaz o cuantas habilidades tenga un individuo, si piensa que no necesita a nadie más, o que son indispensables, son inmaduros. “ninguna persona es una isla”, en otras palabras, el tener un espíritu colaborador, es una prueba de madurez.

 

El ejemplo de Jesús.

Cristo, nuestro Señor, nos sirve como un perfecto ejemplo. No hay mayor verdad en cuanto a trabajar juntos. Digo esto, por quien Él es: el Salvador de la humanidad. Uno podría pensar que Cristo, de entre todas las personas, habría solicitado la ayuda de otros para lograr las cosas que el Padre le había enviado a hacer. Él detuvo tormentas, levanto muertos, sano a los enfermos, les dio vista a los ciegos, hizo caminar a los cojos, expulso demonios, perdono pecados e incluso poseía el poder de llamar 10 legiones de ángeles a su lado… aun así, Jesús enlisto un equipo pequeño de hombres, un grupo pequeño de discípulos de colaboradores.

Más que todo, Cristo selecciono hombres comunes para que trabajaran con Él. Por los estándares de cultura sofisticada (antes y ahora), los apóstoles seguramente serían considerados como una harapienta agregación de almas. Uno podría preguntarse como Jesús pudo usarlos, siendo que eran impulsivos, temperamentales, se ofendía fácilmente, manteniendo todos los prejuicios del ambiente. En resumen, estos hombres representaban una sección promedia de la sociedad en su día. Este no es el grupo de personas que uno esperaría que ganaran el mundo para Cristo. Aun así, exceptuando a Judas, el Señor vio en estos hombres un potencial de dar la vuelta al mundo (de arriba abajo) mientras crecían en su relación con Él y aprendían trabajar juntos para el reino de Dios.

Además, en el mero comienzo de su ministerio, Jesús llamo a este pequeño grupo de 12 hombres para estar con Él entrenándose. Sobre el tiempo, Él les delego responsabilidad, eventualmente les confió Su ministerio a su cuidado. Por algunas dudas y defectos, estos discípulos difícilmente encajaban en el significado de éxito, al menos durante su participación temprana en el ministerio. Por lo tanto, después de la ascensión del Señor y el derramamiento del Espíritu de Dios en Hechos 2, este grupo de hombres del primer siglo se volvieron tremendamente exitosos al esparcir el evangelio por el mundo. No solo guiaron a la gente a Cristo, sino que también incluían a otros en su trabajo, invirtiendo y multiplicándose en un gran esfuerzo de grupo. Por Sus métodos, el Señor Jesús ilustro los principios indispensables del trabajo en equipo y ser colaborador. Si queremos crecer, volvernos maduros, y seguir Sus pasos, debemos aprender a volvernos colaboradores, como líderes o como seguidores.

Esfuerzos en Filipinas.

Como algunos compañeros obreros del evangelio, desde 2003, mis hijos y yo (Jerome, Jay Jay, Junior and Mark), acompañados por otros fieles predicadores Filipinos y algunos hermanos Americanos, hemos estado manteniendo programas de entrenamiento a predicadores aquí en Cagayan Valley Region, también en Pasay, Manila. Algunas veces estos programas duran una semana, o unas cuantas semanas o un mes, dependiendo de los recursos.

No tenemos otro propósito o interés personal en hacer esto que fortalecer los lazos que ya existe entre los hermanos y ayudar y animarse unos con otros para el servicio del Señor. Es siempre bueno ver a varones jóvenes (y varones adultos) atender estas sesiones de entrenamiento. Más allá de los temas doctrinales que son enseñados y discutidos, nosotros enfatizamos la importancia de trabajar juntos en unidad, y la importancia de la oración de la vida del predicador.

Conclusión.

Finalmente, que el Señor nos ayude a todos a trabajar juntos con otros fieles hermanos colaboradores del evangelio, que se levanten oportunidades, para que podamos ganar más almas y traerlas a Cristo (Gal 3:27). Que Dios también ayude a todos los evangelistas (especialmente aquellos que quizás estén trabajando en insolación y ven a los demás como rivales o competidores en lugar de colaboradores) que pongamos atención a lo que el apóstol inspirado dijo a los Corintios y Filipenses (1 Cor 3:59; Fil 2:1-4). De igual forma, que Dios nos ayude a todos a mantener más programas de entrenamiento de predicadores cuando hay oportunidad porque “A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos.” (Mat 9:37) y el juicio ya viene (Hech 17:31). En conclusión, que el Señor nos ayude a todos a ver la importancia de ver a nuestros hermanos como colaboradores en Cristo, no como rivales o competidores, porque no somos dignatarios sino funcionarios. Trabajemos juntos predicando la Palabra (2 Tim 4:2).

Traducido por: Eula Vasquez.

 

 

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