LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD DE ACAB:

(1 Reyes 20)

 

¡Es espantoso pensar que solo se tiene una oportunidad! Esta lección es sobre «la última oportunidad de Acab».
Elías ya había decidido no perder más tiempo con Acab (1 Rey. 19); no estaba dispuesto a darle otra oportunidad al rey.
Dios sí le dio otra oportunidad a Acab, de hecho, no le dio una, sino tres «últimas oportunidades». ¡Qué asombrosa gracia!
En 1º Reyes 20 vemos a Dios trabajando con Acab y los israelitas para hacer realidad la victoria sobre los sirios.
No hay duda de que Dios hizo esto para proteger a Su pueblo escogido.
Los versículos 13 y 28 del libro de 1 Reyes el capitulo 20 nos dicen que Dios también tenía otro objetivo en mente: ¡tratar de convencer al endurecido Acab y a sus seguidores, de que Él es el verdadero Dios!

LA PRIMERA OPORTUNIDAD DE ACAB (1 Reyes 20:1–21)
Ben-adad, rey de Siria, estaba en posición para destruir la ciudad de Samaria (1 Rey. 20:1–12).
Es probable que el sitio de Samaria tuviera algún tiempo de haber empezado; aparentemente Acab ya estaba dispuesto a aceptar cualquier condición (note la intensidad de otro sitio impuesto más adelante por Ben-adad, en 2 Reyes 6:24, leemos: “Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército,  y subió y sitió a Samaria.”
Ben-adad expresó sus primeras condiciones: «Tu plata y tu oro son míos, y tus mujeres y tus hijos hermosos son míos» ( 1 Rey. 20:3). Acab asintió (1 Rey. 20:4). Renunciar a su harén, de parte de un rey, equivalía a renunciar a su trono y al respeto de sí mismo.
Cuando Ben-adad cambió las condiciones, los consejeros de Acab le instaron a resistirse. Cuando Acab rechazó las condiciones, Ben-adad hizo preparativos para destruir la ciudad.
Dios intervino para que Acab pudiera conocer que Él es el Señor, 1 Reyes 20:13, “Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel,  y le dijo:  Así ha dicho Jehová:  ¿Has visto esta gran multitud?  He aquí yo te la entregaré hoy en tu mano,  para que conozcas que yo soy Jehová.” Esta fue la primera oportunidad que tuvo Acab en este capítulo de reconocer a Dios y arrepentirse.
Un profeta que no era Elías estaba en Israel consideremos los siguientes versículos (1Re 20:22) “Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo:  Ve,  fortalécete,  y considera y mira lo que hagas;  porque pasado un año,  el rey de Siria vendrá contra ti.” (1Re 20:28) “Vino entonces el varón de Dios al rey de Israel,  y le habló diciendo:  Así dijo Jehová:  Por cuanto los sirios han dicho:  Jehová es Dios de los montes,  y no Dios de los valles,  yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano,  para que conozcáis que yo soy Jehová.” 
(1Re 20:35) “Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios:  Hiéreme ahora.  Mas el otro no quiso herirle.” 
Tal vez los profetas que habían estado escondidos se llenaron de valor al observar el valiente acto de Elías al mantenerse firme en el monte Carmelo.
El ataque fue dirigido por 232 jóvenes (que probablemente eran siervos de príncipes locales de Israel, jóvenes inexpertos en batalla), seguidos de siete mil soldados israelitas.
Debido a una orden que dio Ben-adad estando en estado de embriaguez, sus tropas fueron rápidamente masacradas.
Acab vino de la ciudad para la operación de limpieza (1Re 20:21)  “Y salió el rey de Israel,  e hirió la gente de a caballo,  y los carros,  y deshizo a los sirios causándoles gran estrago.” 
No obstante, él no reconoció que Jehová era el Señor. La primera oportunidad había quedado atrás. Muchas veces los hombre actuamos de esa manera, encontramos la salida al problema y no reconocemos que fue por ayuda e intersección de Dios.

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD DE ACAB (1 Reyes 20:22–30)
Un año después (como lo anunció el profeta) los sirios volvieron a hacer guerra contra Israel (1 Reyes 20:22–27).
La estrategia de los sirios esta vez consistió en pelear contra los israelitas sobre las llanuras y no en el terreno montañoso que rodeaba a Samaria.
Las fuerzas sirias llenaban el campo, mientras que las fuerzas israelitas parecían «dos rebañuelos de cabras» (1 Rey. 20:27). Parecía otra situación sin salida.
Dios intervino nuevamente, para mostrar que Él es un Dios universal y para mostrar a Acab que Él era el verdadero Dios (1Re 20:28) “Vino entonces el varón de Dios al rey de Israel,  y le habló diciendo:  Así dijo Jehová:  Por cuanto los sirios han dicho:  Jehová es Dios de los montes,  y no Dios de los valles,  yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano,  para que conozcáis que yo soy Jehová.”. Esta era la segunda oportunidad que se le concedía a Acab.
Fue una espectacular victoria la que siguió, (1Re 20:29) “Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros,  y al séptimo día se dio la batalla;  y los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día cien mil hombres de a pie.” (1Re 20:30) “Los demás huyeron a Afec,  a la ciudad;  y el muro cayó sobre veintisiete mil hombres que habían quedado.  También Ben- adad vino huyendo a la ciudad,  y se escondía de aposento en aposento.” Con su ejército destruido, Ben-adad se refugiaba medroso en un diminuto aposento de una ciudad tomada. Dios lo había entregado en manos de Acab.
Una vez más, no hay indicio de que Acab reconociera la fuente de la gran victoria. La segunda oportunidad quedaba atrás. Se observa que no tiene intenciones de reconocer que Dios le ha dado la victoria.

LA  ÚLTIMA OPORTUNIDAD DE ACAB (1 Reyes 20:30–43)
La última oportunidad de Acab consistía en que consultara con el Señor y obedeciera a éste en cuánto a qué debía hacer con Ben-adad. En lugar de hacer esto, sin detenerse a ver qué era la palabra del Señor note,  (1Re 22:4) “Y dijo a Josafat:  ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad?  Y Josafat respondió al rey de Israel:  Yo soy como tú,  y mi pueblo como tu pueblo,  y mis caballos como tus caballos.” Acab inundó a Ben-adad de honores y lo liberó. (1Re 20:31) “Entonces sus siervos le dijeron:  He aquí,  hemos oído de los reyes de la casa de Israel,  que son reyes clementes;  pongamos,  pues,  ahora cilicio en nuestros lomos,  y sogas en nuestros cuellos,  y salgamos al rey de Israel,  a ver si por ventura te salva la vida.” 
(1Re 20:32) “Ciñeron,  pues,  sus lomos con cilicio,  y sogas a sus cuellos,  y vinieron al rey de Israel y le dijeron:  Tu siervo Ben-adad dice:  Te ruego que viva mi alma.  Y él respondió:  Si él vive aún,  mi hermano es.” 
(1Re 20:33) “Esto tomaron aquellos hombres por buen augurio,  y se apresuraron a tomar la palabra de su boca,  y dijeron:  Tu hermano Ben-adad vive.  Y él dijo:  Id y traedle.  Ben-adad entonces se presentó a Acab,  y él le hizo subir en un carro.” 
(1Re 20:34) “Y le dijo Ben-adad:  Las ciudades que mi padre tomó al tuyo,  yo las restituiré;  y haz plazas en Damasco para ti,  como mi padre las hizo en Samaria.  Y yo,  dijo Acab,  te dejaré partir con este pacto.  Hizo,  pues,  pacto con él,  y le dejó ir.”
¡Ya no habría más oportunidades para Acab! (1 Reyes 20:35–43.)
Un profeta le contó a Acab una historia sobre haber dejado escapar a un prisionero. (Esta parábola fue parecida a la que contó Natán al rey David en 2º Samuel 12.1–4.) El profeta después reveló que él estaba hablando acerca de Acab, que había dejado ir a Ben-adad. En vista de que Acab había perdonado la vida de Ben-adad, su propia vida iba a ser tomada (1Re 20:42) “Y él le dijo:  Así ha dicho Jehová:  Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema,  tu vida será por la suya,  y tu pueblo por el suyo.”

¡Acab había perdido su última oportunidad!
Dios trabaja en nuestras vidas tan ciertamente como trabajó en la vida de Acab. ¡Su propósito es siempre grabar en nuestros corazones que Él es el Señor! Dios ha dado a muchos de nosotros una oportunidad tras otra de reconocerlo y venir a Él en obediencia.
En algún momento, Su paciencia se agota. ¿Cuántas oportunidades ha tenido usted de obedecerle? Si usted ha pasado por alto estas oportunidades una vez tras otra, ¿podría ser esta su última oportunidad?

 

 

 

 

 

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Pertenece a:

Manuel Lopez Lira.        

 

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