LIDIANDO CON ENFERMEDADES INESPERADAS:

Por: Phillip E. Stuckey

Hablando desde experiencias personales, Phillip nos recuerda que lidiar con enfermedades inesperadas puede ser difícil y demandante, pero nos provee oportunidades para crecer espiritualmente mientras enfrentamos estas pruebas con la ayuda de Dios.
En el 2009, mientras criábamos tres pequeños niños, de edades de cuatro, seis y nueve, mi esposa Elizabeth fue diagnosticada con linfoma folicular en etapa tres. Después de muchas pruebas, fue transferida al instituto de cáncer en Atlanta para participar en una prueba clínica. Estábamos en shock. No podíamos creer que esto le estuviera pasando a ella y a nuestra familia. ¿Qué podíamos hacer? ¿Sobreviviría? ¿Cómo podía pasarnos esto?
Muchos de nosotros nos sentimos identificados en lo que Salomón escribió “alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgara Dios.” (Ecle 11:9). Como personas jóvenes y luego como familias jóvenes, muchas veces esperamos ser saludables y no encontrarnos con ninguna enfermedad mayor. Nos convencemos a nosotros mismos que solo le ocurre a la gente mayor (Ecle 12:1-7). ¿Qué hacer si de repente nos enfrentamos con enfermedades inesperadas, una que te cambie la vida o que necesite de tratamiento para siempre?

Prepárate para la tormenta.
Todos nosotros vamos a sufrir de retos y de pruebas en esta vida. Cuando estos tiempos lleguen, solo Dios tiene el poder y la sabiduría para guiarnos. Cuando estos tiempos lleguen, tu fe será probada. Cuando el cáncer golpeo a mi familia, construimos una fe fuerte en Dios y en Cristo. Establecimos una relación cercana con los hermanos.
Antes que la tormenta nos golpee, entrégate a amar a Dios con todo tu corazón. Acércate a Él a través del estudio y la oración. Desarrolla una fuerte fe en Él, un profundo amor y apreciación por todo lo que Él ha hecho por ti y lo que ha prometido hacer por ti a través de Cristo (Rom 5:8, 8:31-32). Construye una mejor relación con los hermanos. Si continuamente construyes y enriqueces tu fe y tu relación con Dios y con los hermanos antes que las tormentas de la vida te golpeen, estarás preparado, porque habrás construido tu casa en la roca. No serás movido o sacudido por la tormenta (Mat 7:24-27).

Vive el momento.
Una de las trampas de ser joven es creer que vivirás para siempre. Es fácil tomar todo por sentado, como el tiempo con tu pareja o con tus niños. Parece como que siempre habrá un mañana, pero nos sabemos lo que el mañana traerá. Dios nos enseña que la vida es solo un vapor (Sant 4:13-15). El Señor puede volver en cualquier momento; nuestras vidas pueden terminar en cualquier instante.
Enfrentar la brevedad de la vida nos ayuda a enfrentar la urgencia del momento y apreciar todo lo que Dios nos da. Después del diagnóstico de mi esposa, tomamos el hábito de recordarnos uno al otro: “no tengo cáncer en este momento, no tengo cáncer en este día”. Toma ventaja de cada momento que tengas. No dejes tu hogar sin un beso o un abrazo. Cada día, toma el tiempo que te ha sido dado con tu pareja y con tus hijos para hacer cosas buenas para ellos, para Dios, para los demás.

Mira más allá del momento.
A veces, de algún modo, tenemos problemas con vivir el momento. Quizás sufres de ansiedad y depresión. Las enfermedades y tratamientos pueden volverte débil y que quieras renunciar. Te preguntas si la vida volverá a ser la misma. ¿Seré normal otra vez? También hubo días así en mi casa.
En momentos así, debes aprender a mirar más allá del momento. Debemos recordar que el sufrimiento no dura para siempre en esta vida, especialmente para los cristianos. Para nosotros, cada día trae una esperanza de un día mejor mañana, incluso si esta vida llega a su fin (Fil 1:21. 2 Cor 5:1-10). Incluso si estas enfermo, puedes servir a los demás. En el hospital, Beth les preguntaba a las enfermeras que pasaba en su vida. Todavía puedes mostrar preocupación y amor por los demás y orar por ellos. Les enseñas a los demás de la forma en que enfrentes tu enfermedad. Enfocándonos en los demás en lugar de a ti mismo puede ayudarte a mirar más allá del momento.

Confía en Dios.
Pablo escribió sobre los peligros que experimento en Asia. Buscar un propósito lo hizo confiar en Dios y no en sí mismo (2 Cor 1:8-10). Cuando las cosas van bien, en fácil volvernos cómodos y complacientes. Nos regocijamos de la buena salud y de las bendiciones que Dios nos ha dado, y fácilmente podemos volvernos confiados en que tenemos todo bajo control. Tomamos nuestra salud y prosperidad como algo seguro. Y luego la tragedia golpea y nos damos cuenta que no teníamos todo bajo control. Al reconocer que necesitamos ayuda, nos damos cuenta que necesitamos a Dios cada día y cada hora.
Una de las grandes bendiciones que experimentamos con el cáncer de Beth fue aprender a confiar más en Dios. Aprendimos lo mucho que nos ama y se preocupa por nosotros. La enfermedad de Beth trajo una nueva apreciación de las instrucciones de Pedro en 1 pedro 5:6-7). Aprendimos a orar ante el como nunca habíamos orado. Las fervientes oraciones de Anna, David, Ezequías, Jesús y otros toman un nuevo significado cuando te das cuenta que ningún doctor, ninguna medicina, nadie sino Dios puede ayudarte (1 Samuel 1:5-10, 2 Samuel 12:16-17, 2 Reyes 20:1-5). Aprendimos a apoyarnos en Dios y acercarnos a Él como nunca antes (Efe 6:10. Dios provee confort a través de su palabra y la oración (1 Cor 12:26, Rom 12:15, 2 Cor 1:3-4). Estamos y seguiremos estando abrumados por el amor de Dios y por el amor que los hermanos muestran cuando uno de los miembros experimenta una prueba.

Agradece las pruebas y bendiciones.
Durante el primer combate, el cáncer de Beth tuvo una regresión espontanea. ¡Qué alegría! ¡Lloramos! ¡Alabamos a Dios! Estábamos tan felices de que nuestros hijos iban a tener a mama sana otra vez. Momentos así hace que sea fácil estar agradecido con Dios.
¿Qué hay de los días oscuros cuando el cáncer regreso el año pasado? ¿Qué hay de los altos y bajos enfrentando el cáncer? ¿Esos días de biopsias, escaneos, pruebas de sangre, esperando ansiosos por los resultados? Esos eran los días malos, pero la enfermedad inesperada de mi esposa nos ha acercado más a Dios, incrementando nuestra confianza en Él, fortaleciendo nuestra fe. No hay dudas de lo que dice Santiago 1:2-4 que nos regocijemos cuando enfrentamos pruebas. Como Job, aprendemos a agradecer a Dios por las bendiciones y las pruebas (Job 1:20-21). Es fácil dar las gracias a Dios cuando las cosas van bien, pero no lo es tanto cuando llegan momentos difíciles.

Conclusión.
Hoy otra vez enfrentamos la gracia de Dios durante una prueba. Dios nos conforta otra vez con su palabra y a través de nuestras oraciones y las oraciones de sus santos. Nos conforta a través del amor y el cuidado de Su gente. El pronóstico de Beth es bueno; está bajo tratamiento y lo está haciendo bien. Hay que recordar que las enfermedades inesperadas le pueden pasar a cualquiera. Ninguno de nosotros tiene una vida garantizada libre de pruebas o problemas. Gracias a Dios que puede volver las horas negras en luz. Puede volver el sufrimiento en bendición si confiamos en Él y caminamos junto a Él. Que Dios nos ayude a confiar en Él en los buenos y malos momentos.

Traducido por: Eula Vásquez.

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