MATEO 24:

Introducción.
A. Mat. 24 es otro capítulo mal usado por muchos: algunos usan mal el libro de Génesis, diciendo que los seis días son períodos geológicos; algunos usan mal los Salmos, queriendo agregarlos al Nuevo Testamento.
Otros usan mal la carta a los Romanos diciendo que enseña la salvación por la fe sola y que contradice la carta de Santiago que dice que somos justificados por las obras; algunos usan mal el libro de Apocalipsis diciendo que este libro enseña el milenarismo.
Así también algunos usan mal Mat. 24 diciendo que las señales mencionadas en este capítulo son para señalar la segunda venida de Cristo.
B. Los televangelistas dicen que ahora mismo, al acercarnos al año 2000 d.C., estos eventos están sucediendo delante de nuestros ojos. Hace poco el Sr. Billy Graham escribió un artículo que apareció en muchos diarios afirmando que las señales de Mateo 24 se refieren a la segunda venida de Cristo. Pero otro extremo — otro abuso de Mateo 24 — es la enseñanza del Sr. Max King y sus seguidores que dicen que todo lo que Jesús dice en Mateo 24 y 25 se cumplió en el año 70 cuando Jerusalén fue destruida por los romanos. Estos creen que todo lo que se dice acerca de la segunda venida de Cristo, la resurrección, el juicio, el fin del mundo y la llegada de los cielos nuevos y la tierra nueva se cumplió en ese año.
C. Mat. 24 es la continuación de lo que Jesús dice en Mat. 23. En los dos capítulos El habla de esa generación (23:36; 24:34); del asolamiento del templo (23:38; 24:15); y de la persecución de sus discípulos (23:34; 24:9).
D. Jesús dice (Mat. 23:38), «Vuestra casa os es dejada desierta», y luego explica en Mat. 24 los detalles del asunto.

I. Ver. 1, Jesús salió del templo y se iba.
La palabra templo aquí es hieron, el conjunto de los edificios sagrados. Mat. 21:23, Cristo «vino al templo», enseñó sobre la autoridad, enseñó las parábolas de los dos hijos, de los labradores malvados y de la fiesta de bodas, discutió las cuestiones del tributo y de la resurrección, dio énfasis al gran mandamiento de la ley, preguntó de quién es hijo el Cristo y pronuncia los siete ayes, concluyendo con la predicción del asolamiento del templo y una lamentación sobre ese evento.
Entonces Jesús «salió del templo y se iba», porque ya no habría más discusión con los judíos. Jesús había entregado su último discurso público y había terminado su obra de enseñarles. Ahora ellos mismos eran responsables ante Dios por lo que sucediera en el futuro. Que sepamos nunca volvió al templo.
Al salir Jesús del templo, la gloria de Dios se apartó del templo, como sucedió cuando los judíos se llevaron a Babilonia (Ezeq. 11:23; Zacar. 14:3). Pronto todos los sacrificios y el sacerdocio encargado de ellos terminarían.
Los discípulos tenían mucho aprecio por el templo. «Se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo». Luc. 21:5, «Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas… “¿Por qué le mostraron el templo? ¿No lo habían visto antes? Sí, muchas veces, pero sin duda esto fue su reacción a lo que Jesús decía (Mat. 23:38, «vuestra casa os es dejada desierta»).
Ellos estaban pensando en el papel tan importante del templo en el plan de Dios a través de los siglos, pero lo veían muy superficialmente. Veían las piedras hermosas sin tomar en cuenta cómo el pueblo había corrompido el templo. No les convenía meditar sobre la belleza de las piedras del templo, sino sobre lo serio de la hipocresía que Jesús acabó de denunciar, sobre la corrupción del sacerdocio y sobre la indiferencia del pueblo hacia Dios. Por lo tanto, los discípulos no habían tomado en cuenta la necesidad del juicio de Dios sobre el templo.
Ver. 2, «Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada». Véase Luc. 21:5, 6.

II. Las preguntas de los discípulos, Vers. 1-3.
24:1, los discípulos le muestran a Jesús los edificios del templo. Ver. 2, Jesús dice que el templo será destruido.
24:3, «Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?» Según Marcos 13:3, «Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?» Lucas 21:7, «Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén por suceder?» Aunque los discípulos tenían mucho aprecio por el templo y, sin duda, estaban confusos y perplejos, eran hombres sinceros y querían entender lo que Jesús les enseñaba; es decir, querían entender aunque la verdad estuviera en conflicto con sus ideas y deseos. No dijeron, «No nos gusta lo que dijiste y no queremos saber más»; aparentemente así eran los «discípulos» descritos en Juan 6:60, 66.
«¿Qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?» Ellos querían saber «¿cuándo serán estas cosas?» (¿Cuándo será destruido el templo?), pero ¿qué significa la pregunta acerca de la venida de Cristo (Mat. 23:39) y el «fin del siglo»? Probablemente estas dos preguntas son una sola pregunta. En los vers. 6 y 14 el «fin» se refiere a la destrucción de Jerusalén; por lo tanto, la «venida» de Cristo mencionada en este texto no necesariamente se refiere a la «segunda venida» de Cristo para destruir el universo (quemar la tierra) y juzgar al mundo, sino su «venida» en juicio para la destrucción de Jerusalén (Mat. 23:38, 39). La expresión «fin del siglo» (o edad) no tiene que ver con la destrucción del universo, sino con la consumación y terminación del presente orden o estado de las cosas (es decir, el judaísmo). Los judíos creían que el Mesías vendría para poner fin a «este siglo» para inaugurar el «siglo venidero». Estas expresiones se encuentran frecuentemente en el Talmud y otros escritos judaicos.
Recuérdese que aunque Jesús había dicho a sus apóstoles que era necesario que El muriera en Jerusalén y que resucitaría al tercer día, ellos no le entendían. Aun cuando El resucitó, todavía no creyeron (Mar. 16:14).
Es cierto que Jesús había dicho que pronto iría al Padre (Juan 7:33; 8:21), pero ¿qué sabían los apóstoles de la segunda venida de Cristo?
En Mat. 16:27, 28, cuando El habló de «venir» no se refirió a la segunda venida sino a su venida en esos días: «Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino». Este texto es paralelo con Mar. 9:1 y obviamente se refiere al establecimiento de su reino (su iglesia).
En Mat. 10:22, 23 Jesús dice, «Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra, porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre».
Obviamente esta venida no se refiere a la segunda venida de Cristo para quemar la tierra y juzgar al mundo, porque tuvo que suceder en esos mismos días, antes de que los apóstoles acabaran de recorrer todas las ciudades de Israel.
Jesús habla de perseverar hasta el fin pero no se refiere al fin del mundo sino hasta el fin (la destrucción) de Jerusalén.
En esa misma ocasión (23:39) — inmediatamente antes de la pregunta de los apóstoles — Jesús había dicho, «no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor». Dijo esto inmediatamente después de decir, «He aquí vuestra casa os es dejada desierta» (23:38). Por lo tanto, probablemente para los discípulos todos estos eventos vendrían al mismo tiempo, porque creían que el templo iba a durar hasta el fin del mundo. Sal. 78:69 dice, «Edificó su santuario a manera de eminencia, como la tierra que cimentó para siempre», y todo el libro de Zacarías habla de Jerusalén y el templo como la residencia permanente de Dios. Los judíos no entendían la naturaleza espiritual de estas profecías; por eso, es posible que al saber que el templo sería destruido concluyeran que sería el fin del mundo.
Dos juicios: (1) sobre Jerusalén, (2) el Juicio Final
Los juicios de Dios aquí en la tierra apuntan hacia el juicio final. Muchos textos se refieren al diluvio (Mat. 24:37-39; Luc. 17:26, 27), a Sodoma y Gomorra (véase Judas 7) a los juicios sobre las naciones (incluyendo a Israel), etc. como ejemplos del juicio de Dios. Por eso, sin duda alguna el juicio sobre Jerusalén era tipo del juicio final de Dios.
Sin embargo, es necesario observar el contexto de Mateo 24 y textos paralelos para entender que aunque Jesús usara lenguaje general de juicio, habla en particular de la destrucción de Jerusalén. Habla del «fin» (ver. 6, 14), pero habla del fin de Jerusalén. Además, El dice en el ver. 34, «que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca»; es decir, el lenguaje apocalíptico de juicio de este capítulo (como en los vers. 27-31) no se refiere en su sentido primario al fin del universo (2 Ped. 3:10), sino al fin de Jerusalén. El no pensaba venir personalmente en ese tiempo para acabar con la tierra, sino solamente para acabar con Jerusalén.
Pablo dice, sin embargo, que Cristo no iba a venir en ese tiempo (2 Tes. 2:1-3), pero El sí venía en juicio sobre Jerusalén durante esa misma generación, y no quería que sus discípulos fueran destruidos junto con los demás judíos. Por lo tanto, Mateo 24 no solamente tiene que ver con la preocupación de Jesús por la seguridad espiritual de sus discípulos, sino también por su seguridad física.
Otra observación muy importante
El discurso de Jesús que comienza en Mat. 23 y continúa hasta que termina en el cap. 25 comienza con las preguntas de los discípulos y las señales que precederían la destrucción de Jerusalén y termina con la venida de Jesús para el juicio final («Irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna», 25:46). El Señor conecta estos dos temas, el juicio sobre Jerusalén y el juicio final. Por eso, aunque las señales (24:5-15) solamente precederían a la destrucción de Jerusalén, las advertencias y exhortaciones para sus discípulos de aquel entonces también son advertencias y exhortaciones apropiadas para todos sus discípulos con respecto al Juicio Final.

III. Las señales que precederían a la destrucción de Jerusalén y el fin del judaísmo.
24:4, «Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe» (vers. 5, 11, 23-25). Esta primera frase de Jesús revela el propósito de todo lo que El dice en este capítulo entero: El quería proteger a sus discípulos. Quería que éstos estuvieran bien preparados y prevenidos para los eventos terribles que sucederían dentro de unos cuarenta años. Cualquier interpretación de Mateo 24 que no toma en cuenta el ver. 4 no puede ser explicación correcta del capítulo. Esto nos recuerda de las muchas teorías acerca de la interpretación de Apocalipsis, porque la mayoría de éstas no toman en cuenta la situación de los discípulos que vivieron en esos mismos días, a fines del primer siglo. Por ejemplo, muchos «interpretan» Apocalipsis hablando de dictadores como Hitler y Mussolini, o de la amenaza de los rusos, etc., pero ¿qué consuelo les habría dado tales profecías a los hermanos del primer siglo en medio de una persecución severa?
Jesús quería que sus discípulos de esa misma época perseveraran. El sabía que serían expuestos a las pruebas más terribles y que el amor de muchos se enfriaría, pero El dijo que «el que persevere hasta el fin, éste será salvo» (ver. 12, 13). Compárese Apoc. 2:10, «No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de vida». (La misma idea se ve en Apoc. 2:13; 12:11; 17:14). Frecuentemente citamos estos textos (mayormente Apoc. 2:10) para animarnos a perseverar y es correcto que lo hagamos, pero es necesario tomar en cuenta que tuvieron su aplicación primaria en el primer siglo.
24:5, 24. Los falsos cristos. Jesús no pensaba «venir» personalmente durante la vida de los apóstoles pero El sabía que sí «vendrían» falsos «cristos» y que engañarían a mucha gente desesperada durante la «gran tribulación» (ver. 21-26). Compárense 2 Cor. 11:13; Gál. 1:7, 8; 1 Jn. 4:1; Apoc. 2:2. Los discípulos que escucharon a los tales se perdieron.
El templo fue destruido en el año 70 d.C. Flavio Josefo, famoso historiador judío, escribió la historia de la guerra de los judíos contra los romanos y la ruina de Jerusalén. El dijo que durante la época antes del año 70, muchos hombres decían ser el Cristo. Hech. 5:36, 37 habla de Teudas y Judas. Estos falsos cristos prometieron liberación de los romanos, y muchos judíos se engañaron, les siguieron y fueron destruidos por los romanos. Así pues la historia confirma que esta profecía de Jesús se cumplió antes del año 70.
24:6, Guerras y rumores de guerras. Josefo confirma esta profecía también, diciendo que había varias guerras entre los romanos y algunas naciones pequeñas que querían liberarse del yugo de Roma. Recuérdese que las «guerras y rumores de guerras» mencionadas por Jesús iban a suceder durante esa misma generación (ver. 34). Los televangelistas y otros evangélicos hablan de las guerras de la actualidad y dicen que esta profecía se está cumpliendo. Es cierto que hay guerras y rumores de guerras, pero no indican nada acerca de la venida de Cristo.
24:7, Pestes, hambres, terremotos. La Biblia confirma que había hambres durante ese tiempo (p. ej., Hech. 11:28). La historia secular ampliamente confirma esta profecía.
24:8, «Y todo esto será principio de dolores». Estas señales no apuntan hacia el fin, sino hacia el comienzo de dolores. Al saber de tales eventos sus discípulos deberían estar atentos y prevenidos, concentrándose en las señales subsecuentes y finales que indicarían la «gran tribulación» (ver. 21). Las primeras señales serían como los dolores de parto (LBLA, margen).
24:9, «Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre». La persecución severa de los cristianos fue otra de las señales (Mat. 10:16-22). El libro de Hechos da evidencia amplia del cumplimiento de esta predicción (4:3-7; 5:18; 8:1-4; 11:19; 12:1-6; 13:50; 14:5), como también muchas referencias en las epístolas.
24:10, «Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán». Mateo 10:21, «El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir». Este sufrimiento no sería solamente físico sino también emocional.
24:11, 24, «Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos». Véanse 2 Ped. 2:1; 1 Juan 4:1.
24:12, «y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará». Algunos iban a apartarse de la fe. Véanse 2 Tim. 4:10, 16; Heb. 10:39. Los que se enfriaran y apostataran no solamente perderían sus almas, sino que también ya no harían caso de estas señales y junto con los incrédulos serían destruidos por los romanos.
24:13, «Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo». ¿Hasta qué fin? ¿Será salvo de qué? En los vers. 6 y 14 Jesús habla del fin de Jerusalén; por lo tanto, la salvación del ver. 13 no se refiere solamente a la salvación del alma, sino también a la salvación física. Los que se enfriaron y se apartaron de la fe se perdieron física y espiritualmente. También recuérdese que Jesús habla de muchos que iban a morir por la fe; éstos seguramente habrán perseverado hasta el «fin», porque el fin para ellos fue la muerte.
24:14, la última señal fue que «será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin». Véanse Col. 1:5, 6, 23; Rom. 10:18. Estas cartas fueron escritas antes del año 70 d.C. Esta es una maravillosa profecía, porque Jesús acabó de hablar de falsos cristos y de falsos maestros que engañarían a muchos discípulos, que habría persecuciones severas, que el amor de muchos se enfriaría, pero no obstante todo esto el evangelio sería predicado en todo el mundo.

IV. «El fin», Vers. 3, 6, 13, 14.
La destrucción del templo marcó el fin del judaísmo. Sin templo ya no podían ofrecer sacrificios. Ya no funcionó el sacerdocio levítico. Ya no existió el estado político. La mayor parte de los judíos que escaparon de la muerte fueron esparcidos, muchos de ellos siendo vendidos a Egipto como esclavos. Este es el «fin» mencionado en estos versículos.
24:6, «aún no es el fin». Las señales de los vers. 5, 6 eran señales preliminares. Al observar estas señales los discípulos deberían estar cada vez más prevenidos, sabiendo que el fin se acercaba.
24:14, «entonces vendrá el fin» después de las otras señales mencionadas en los vers. 7-14. Recuérdese que en este contexto las señales no solamente incluyeron las guerras, pestes, etc., sino también los falsos cristos, falsos profetas, apostasías, y persecuciones. Al concluir esta lista de señales se menciona la señal final, es decir, que el evangelio sería predicado en todo el mundo y «entonces vendrá el fin». Pablo dice en Col. 1:5, 6, 23; Rom. 10:18 que el evangelio se había predicado a todas las naciones en esa época.

V. «La abominación desoladora», Ver. 15.
«Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel… “Véase Dan. 9:27.
Esta expresión se refiere a la llegada de los ejércitos romanos. Luc. 21:20 se refiere al mismo evento: «Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado». Al entrar los ejércitos paganos «en el lugar santo», fue una «abominación desoladora», porque profanaron el templo.

VI. La huida de los discípulos, Vers. 16-20.
Jesús habló de estas señales para que los discípulos pudieran escapar de los romanos. Según Josefo, el general Tito, después de profanar el templo, por alguna causa desconocida, retiró sus tropas por un tiempo breve antes de poner sitio a la ciudad. Dice que durante ese tiempo huyeron muchos judíos.
24:16. «huyan a los montes», para esconderse en las cuevas, etc. Véase Luc. 21:21.
24:17, 18, huir con toda urgencia, sin demorar para recoger posesiones, etc. Véase Luc. 17:30, 31. Algunos aplican estos versículos al fin del mundo, pero recuérdese lo que Pablo dice en 1 Cor. 15:51, 52 que en el día final los vivos serán «transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta». En cuanto a la venida de Cristo en el Día Final no tiene sentido decir, «El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa.»

VII. La «gran tribulación», Ver. 19-22.
24:19, «¡ay de las que estén encintas y de las que críen!» Cuando Cristo venga la segunda vez, la tierra será quemada (2 Ped. 3:10) y no importará que las mujeres estén encintas, ni que venga en el invierno, ni que venga en día sábado, pero estos iban a ser factores muy importantes con respecto a su huida de Jerusalén cuando los romanos la sitiaran.
24:20, «Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo». En el día de reposo cerraban las puertas de la ciudad.
24:21, 22, la gran tribulación, única, incomparable. Véase Luc. 21:23, 24. La descripción de Josefo es muy gráfica. Compárese Deut. 28:20, 21, 32, 49, 53-57; 2 Reyes 6:28, 29; Mat. 24:21.

VIII. La venida de Cristo, Vers. 3, 23-30.
Recuérdese que algunos textos (por ejemplo, Mat. 10:23; 16:27) que hablan de la venida de Cristo no se refieren a la segunda venida de Cristo (su venida en el Día Final).
Algunos dicen que la palabra parousía, usada en el ver. 3, 27, 37, 39, siempre indica la segunda venida (la venida final) de Cristo, pero Sant. 5:7, 8 dice, «tened paciencia hasta la venida (parousia) del Señor… la venida del Señor se acerca», usando la palabra engiken que fue usada por Juan cuando anunció que el reino se acercaba (Mat. 3:2). La venida final del Señor no se acercaba en aquel entonces (véase 2 Tes. 2:1, 2), sino que su venida se acercaba para acabar con Jerusalén y el judaísmo. El significado de la palabra venida depende del contexto.
«La venida del Señor» de Sant. 5:7, 8, se refiere a su venida en la persona de los romanos para castigar a los judíos y para poner fin a la persecución incitada por ellos. Esta carta fue escrita a principios de la década de los 60, poco antes de la destrucción de Jerusalén. Por eso, Santiago dice que «la venida del Señor se acerca».
Heb. 10:25, 37, «cuanto veis que aquel día se acerca» se refiere al mismo evento. Es probable que esta carta se haya escrito poco antes del año 70. En este texto vemos la importancia de reunirnos para estimularnos los unos a los otros «al amor y a las buenas obras». Algunos habían descuidado su gran salvación y habían caído (Heb. 2:1, 2; 6:4).
Por eso, se entiende mejor el significado de la pregunta, «¿qué señal habrá de tu venida», al comparar los textos equivalentes en Marcos y Lucas. Mar. 13:4, «¿qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?» Luc. 21:7, «¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?» Sin duda Mateo, Marcos y Lucas registran la misma pregunta, y se refiere a la destrucción de Jerusalén. Por eso, la venida de Cristo (Mat. 24:3) no necesariamente se refiere a la segunda venida (su venida final), sino a su venida para destruir a la ciudad de Jerusalén.
24:27, 28. «Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre». Cristo no vino a escondidas, sino en la forma más abierta y pública (como el relámpago) cuando trajo los ejércitos de Roma.
El ver. 28 era un proverbio conocido por los judíos: «dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas (los buitres, LBLA)». Los zopilotes son atraídos por el cuerpo muerto. Jerusalén estuvo muy corrupta — como un cuerpo muerto — y, por eso, atraía su propia destrucción.
Desde luego, es cierto que la venida final de Cristo será como el relámpago, pero el cumplimiento primario de esta profecía no es la segunda venida de Cristo (en el Día Final), sino la destrucción de Jerusalén, porque había de cumplirse en esa misma época (ver. 34, «no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca»).
Hay varios versículos en Mateo 24 y textos paralelos que son apropiados para describir algún aspecto de la segunda venida de Cristo y, desde luego, no es incorrecto que se apliquen de esa manera, pero para usar bien la Palabra es necesario reconocer que tenían su aplicación primaria en la venida de Cristo en el año 70 para castigar a los judíos.
Luc. 17:30, 31. «Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. En aquel día el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos». No se puede negar que en este texto aquel día se refiere a la destrucción de Jerusalén, porque es cuando los discípulos deberían huir a los montes. Al hablar de la segunda venida de Cristo, no tendría sentido decir, «En aquel día el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos», porque cuando Cristo venga la segunda vez todos los eventos relacionados con su retorno ocurrirán en una fracción de segundo.

IX. La intervención divina en asuntos terrenales.
24:29, 30. «E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas». Este lenguaje se refiere a la caída del judaísmo.
Jesús enfatiza el tiempo de esto: iba a ocurrir «inmediatamente después de la tribulación». Por eso, no se refiere al fin del mundo. Es obvio que Jesús usa lenguaje figurado y se refiere a las autoridades del judaísmo que iban a caer.
El sol, la luna, y las estrellas simbolizan los gobiernos, gobernantes, autoridades. El mismo lenguaje se usa en Isa. 13:9-13, 19, acerca de la caída de Babilonia; se usa en Isa. 34:4 para describir la ira de Dios contra las naciones; se usa en Ezeq. 32:7 con respecto a la caída de Egipto. Véanse también Jer. 15:9; Joel 2:10, 30, 31 (Heb. 3:4); 3:15 (Heb. 4:15); Amós 8:9, 10; Hageo 2:6, 21; Heb. 12:26-28; Apoc. 6:12, 13.
«La señal del Hijo del Hombre en el cielo» (ver. 30) no se refiere a la segunda venida de Cristo, porque en el ver. 34 dice, «no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca». Por lo tanto, es lenguaje figurado y tiene que ver con la exaltación del poder de Cristo sobre las ruinas del judaísmo. El sol, la luna y las estrellas del judaísmo caerían y la señal del Hijo del Hombre aparecería en el cielo. Cae el poder judaico y se levanta el poder de Cristo. Es verdad que Cristo clavó la ley en la cruz, y que en el día de Pentecostés se proclamó como rey, pero hasta el año 70 los judíos siguieron con su poder e influencia sobre el pueblo.
Jesús repitió este lenguaje en Mateo 26:64, «desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo». Esos mismos judíos iban a ver la venida de Jesús en juicio en el año 70.
Recuérdese que Jesús puede venir sin venir en su propia persona. En Juan 14:18 Jesús dice a los apóstoles, «No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros», pero no vino en persona sino vino en la persona del Espíritu Santo. Véase Efes. 2:17, «Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estaban lejos, y a los que estaban cerca»; Jesús no vino en persona, sino en la persona de los apóstoles.
«Las nubes» es una expresión figurada que se refiere a la intervención de Dios para juzgar y castigar. Isa. 19:1, «Profecía sobre Egipto. He aquí Jehová monta sobre una ligera nube, y entrará en Egipto». Sal. 104:3, «El que pone las nubes por su carroza, El que anda sobre las alas del viento». Véanse también Sal. 97:1-5; Zac. 9:14.

X. «Enviará sus ángeles… juntarán a sus escogidos», Ver. 31.
Otra vez es importante recordar lo que dice el ver. 34, «que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca».
La palabra ángel es palabra griega sin traducir; es decir, la traducción de la palabra angelos es «mensajero». El contexto dice si es mensajero divino o mensajero humano. Cuando se traduce esta palabra el texto dice mensajero, Mat. 11:10; Luc. 7:24; 9:52; Sant. 2:25. El contexto de Mat. 24:31 indica que son mensajeros humanos que llevan el evangelio para juntar a los escogidos (los que obedecen al evangelio).
El significado, pues, de este versículo es que al caer el judaísmo — el principal perseguidor de la iglesia — el evangelio tuvo gran éxito.

XI. Los discípulos de Cristo podrían entender estas señales para estar preparados para la venida de los romanos, Vers. 32, 33.
Es muy fácil saber que el verano está llegando al ver la hoja del higo. Igualmente sus discípulos podrían ver las señales nombradas por Jesús para saber cuándo estaría cerca la destrucción de Jerusalén y, por lo tanto, podrían estar prevenidos.
24:34, también podían estar seguros de que ese evento sucedería en esos mismos días, durante la vida de muchos de ellos (en menos de 40 años). Algunos dicen que la palabra generación significa la raza judía (es decir, que estas cosas iban a suceder antes de que la raza judía dejara de existir) pero esta explicación no es lógica. Según esto, Jesús decía que los judíos iban a sufrir todas estas cosas, pero que su raza no dejaría de existir hasta que todas las cosas les acontecieran. Esta frase no tiene sentido, y Jesús nunca habló así, sino que usó la palabra generación como se usa en Mat. 1:17; 11:16; 12:38-45; 16:4; 17:17.
Compárese 23:36. Este versículo está en este mismo contexto y se refiere a la misma cosa. Jesús dijo a los judíos, «De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación». (Obsérvese que no solamente dice «esta generación», sino también dice, «vosotros», ver. 35, y «os»). Véase también Luc. 17:25, «Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación». De esa misma generación Jesús habla en Mat. 24:34.

XII. La necesidad de estar preparados, Vers. 35-51, porque su venida en juicio no es algo esperado, sino de sorpresa.
Lo que Jesús dice aquí fue para exhortar a sus discípulos para que estuvieran preparados, pero igualmente sirve para exhortar a todos sus discípulos de toda época sobre lo mismo.
24:35 el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras (acerca de la destrucción de Jerusalén y acerca del Juicio Final) no pasarán, sino que serían cumplidas. — Aunque este lenguaje se refiere al cumplimiento de las promesas de Dios, también se usan para hablar de la remoción del sistema judaico. Compárese Isa. 51:6, «Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir»; este lenguaje se refiere al cambio que vendrá a Sion: «cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto de Jehová» (v. 3). El tema de la carta a los Hebreos es la remoción de las cosas del primer pacto para hacer lugar para las cosas del nuevo pacto. Véase Heb. 12:26-28, «Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo… así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible…» Esta interpretación de este versículo es razonable en este contexto (Mat. 24:29, 30) que habla del fin de Jerusalén y del judaísmo.
24:36 del día y la hora nadie sabe — como los discípulos de aquel entonces no sabían el tiempo exacto de la destrucción de Jerusalén, tampoco sabemos el tiempo exacto de la segunda venida de Cristo.
Al hablar Jesús del tiempo de la destrucción de Jerusalén, habló de aquellos días (24:19, 22; Mar. 13:17, 19; Luc. 21:23), y en varios textos (Mat. 7:22; 1 Tes. 5:2, 4; 2 Tes. 1:10; 2 Tim. 1:12, 18; 4:8), al hablar del Día Final, Jesús y los apóstoles dijeron aquel día. Este texto (24:36) dice, «Pero de aquel día (tes hemeras ekeines) y hora nadie sabe» (LBLA).
Pero en Luc. 17:31, 34 Jesús dice, «En aquel día (ekeine te hemera) el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás… Mirad también vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día (he emera ekeine)». Los discípulos deberían tener mucho cuidado por causa de los peligros físicos y espirituales que vendrían durante esa misma generación (época).
Luc. 17:31 obviamente es paralelo a Mat. 24:17, 18. En cuanto a su segunda venida «del día y la hora nadie sabe» (1 Tes. 5:3; 2 Ped. 3:10), pero «del día y la hora» en el que los romanos vendrían para sitiar a Jerusalén, nadie sabía. Por eso, Mat. 24:36 se refiere también a la destrucción de Jerusalén.
Algunos suponen que por medio de las señales (24:5-14) sus discípulos podrían saber el tiempo de la destrucción de Jerusalén y que, por eso, no les hubiera dicho que «del día y la hora nadie sabe» (24:36), pero que en cuanto a la segunda venida de Cristo no habrá señales y, por eso, nadie sabe el día ni la hora.
Es cierto que no habrá señales que anuncien la segunda venida de Cristo. Las señales de Mat. 24:5-14 ocurrieron durante esa época (ver. 34), pero en realidad aunque los discípulos pudieron observar las señales, no sabrían ni el día ni la hora de la destrucción de Jerusalén. Al ver las señales no podrían decir, «ya sabemos que los romanos vendrán precisamente en tal día y tal hora en el año 70 d.C.»
Jesús les explicó las señales que deberían observar para que siempre estuvieran prevenidos. Si ellos pudieran haber sabido el día exacto y la hora exacta, podrían haber esperado hasta unos pocos días (o un día) antes de esa fecha para hacer preparativos.
Esto enfatiza la relación estrecha entre los dos juicios. Es muy obvio que el juicio sobre Jerusalén fue como juicio preliminar, como un preludio al juicio final, porque no ha habido y no habrá otro juicio semejante (24:21).
24:36, «Pero del día y la hora nadie sabe». Dice Mar. 13:32 que ni el Hijo sabe y, por esto, algunos niegan la omnisciencia de Cristo, pero muchos textos claramente afirman la Deidad de Jesús y si era Deidad (Dios) entonces era omnisciente. Mat. 9:4 (solamente Dios sabe los pensamientos del hombre, y muchos textos dicen que Jesús los sabía); Jn. 2:24, 25, (solamente Dios sabe lo que hay en el hombre, pero Jesús sabía lo que había en el hombre). Parece que los que usan Mar. 13:32 para negar la omnisciencia de Cristo no se dan cuenta de que al mismo tiempo niegan la omnisciencia del Espíritu Santo; el texto dice que «nadie sabe… sino el Padre»; por eso ¿no es omnisciente el Espíritu Santo?
La explicación correcta del versículo es que las tres personas de la Deidad son uno, y que el Hijo siempre era igual al Padre (Jn. 5:18), pero cada Persona de la Deidad tiene su papel que desempeñar y los «tiempos o las sazones» el Padre ha puesto «en su sola potestad» (Hech. 1:7). Al contestar a la madre de Juan y Jacobo Jesús dijo, «el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo» (Mat. 20:23). Por eso, dirían los «testigos» que Jesús no es todopoderoso, porque había algo que El no podía hacer, pero este es otro texto que se refiere a los papeles distintos de las tres personas de la Deidad.
Aunque Jesús especificó a sus discípulos varias señales que ellos podían ver porque iban a suceder durante su vida, no les dijo el tiempo exacto, porque el Padre no lo había revelado (compárese Hech. 1:6, 7). Por lo tanto, tenían que perseverar y siempre estar prevenidos. No sabemos ni el día ni la hora de su segunda venida porque vendrá como ladrón en la noche (1 Tes. 5:1-3; 2 Ped. 3:10).
24:37-39, «como en los días de Noé»; Luc. 17:28 «como fue en los días de Lot». En estos textos paralelos Lucas habla de Noé y de Lot y dice, «Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. En aquél día el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos». Por lo tanto, Noé y Lot sirvieron de ejemplos para los discípulos de aquel tiempo como también para nosotros.

XIII. Siempre velad, Vers. 40-51.
24:40-51 — En todos los juicios de Dios ha habido (y siempre habrá) separación de los fieles y los infieles: cuando el diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra, la destrucción de Jerusalén, y seguramente cuando venga el juicio final. Este texto se halla también en Luc. 17:34-36 y se refiere a la separación de los preparados y los no preparados cuando Jerusalén fue destruida, pero seguramente es ilustración apta de la separación final (véase Mat. 25:31-46).
25:45 — «¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente …» La palabra «fiel» indica que el siervo cree en su maestro, que su palabra es buena, y que su servicio es digno. La palabra «prudente» indica que el siervo es un fiel mayordomo, haciendo uso correcto de los recursos dejados a su cargo.
— «al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo». Es obvio que este siervo fue puesto como mayordomo sobre la casa (familia) de su señor para proveer el alimento diario de los demás siervos y para dirigir la casa en todo sentido durante la ausencia del señor. Les dio su alimento «a tiempo», es decir, según las horas indicadas por el señor, como si éste estuviera presente. No descuidó su obligación diciendo, «el señor está ausente» o «mi señor tarda en venir», etc. Esta enseñanza era para los discípulos de aquel tiempo y es para nosotros también.
Jesús enseña la necesidad de la preparación, refiriendo una sencilla parábola, pero hay una semejanza entre esta parábola y las obligaciones de los ancianos porque éstos cuidan de la casa del Señor. Los maestros y evangelistas dan alimento a los siervos del Señor; así es que este texto tiene una exhortación fuerte para ellos también. Deben dar solamente el alimento que su Señor provee, la sana doctrina (la saludable), «a tiempo», es decir, cumplidamente, con toda constancia y fidelidad.
La fidelidad y la prudencia de este siervo tenían que ver con su responsabilidad hacia sus consiervos. El señor le puso sobre su casa, pero el ver. 49 habla de sus «consiervos»; por lo tanto, este siervo se puede comparar con los ancianos que son obispos pero también son siervos.
No podemos hablar de nuestra preparación para el encuentro con el Señor sin mencionar nuestro deber hacia nuestros hermanos.
24:46 — «Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así». El señor le puso sobre su casa y salió. Por un tiempo estaba ausente. Esta es la prueba verdadera de la fidelidad y de la prudencia: ¿qué hacemos por el Señor durante su ausencia de nosotros? Compárese el comportamiento de los niños cuando no están los padres, el comportamiento de los trabajadores cuando no está el patrón, etc.
Al venir el Señor, el mayordomo no debe estar simplemente «hablando acerca de hacer su voluntad», sino haciendo su voluntad. La única manera de gozar de esta bendición es por medio de hacer su voluntad con constancia, 1 Cor. 15:58.
Compárese Apoc. 14:13. Como dice Matthew Henry, no solamente son bienaventurados los que mueren en el campo de batalla (como Esteban, Jacobo y muchos otros), sino también los que mueren en el campo de servicio (arando, sembrando, cultivando, regando).
24:47 — «De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá». Heb. 6:10, «Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún». Nos honrará el Señor como Faraón exaltó a José cuando éste había mostrado su fidelidad en todo, Gén. 39; 41:33-44. Hemos visto lecciones en este texto para los ancianos y evangelistas pero, desde luego, éstos nunca serán exaltados sobre otros; sin embargo, este lenguaje y el de Mat. 25:21, 23 indica que a los que el Señor encuentre fieles les dará honra y recompensa.
24:48, 49 — «Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y beber con los borrachos…» La causa principal de su rebelión contra su señor fue que él dijo, «Mi señor tarda en venir», pero el problema era que no sabía cuánto tiempo tardaría. Sin duda esta es una causa principal de la maldad hoy en día; la gente no cree que el Señor vendrá pronto (ni siquiera durante su vida) (2 Ped. 3:3, 4, 9, 15). Compárese Exodo 32:1, «Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido».
¿Qué pasa si los siervos de Dios no recuerdan que el Señor puede venir en cualquier momento? Comienzan a maltratar a sus consiervos (los unos a los otros), Gál. 5:15, 19-21; Efes. 4:31; Sant. 4:11; 5:9, etcétera. Al hacer esto este mayordomo infiel no quiere imponer la voluntad de su señor, sino su propia voluntad, y comienza a ser abusivo de sus consiervos para que le estén sujetos.
¿Cómo se mide nuestra fidelidad y prudencia hacia el Señor? Por nuestra actitud y conducta hacia nuestros consiervos. Mat. 10:40-42; 18:6; 25:34-46.
Los que consumen alcohol pierden la sensibilidad y son aun más abusivos. A veces los hermanos rebeldes, déspotas e imponentes no solamente vuelven a la tomada, sino también a la fornicación y otros vicios. Los tales profesaban ser muy fuertes, muy estrictos y muy exigentes — como si tuvieran mucho celo por el Señor y la voluntad de Dios — pero la verdad del caso era que solamente les gustó sujetar a los hermanos.
24:50 — «vendrá el señor de aquel siervo». ¡Que todos tomemos nota de esto! ¡El Señor vendrá! Además, vendrá «en día que éste no espera, y a la hora que no sabe».
24:51 — «y lo castigará duramente» (LBLA, margen, «lo cortará en dos», 2 Sam. 12:31; Heb. 11:37), y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes». El siervo fiel y prudente fue bendecido, y el siervo malo fue castigado. Será cortado en dos, y será condenado con los peores pecadores, los hipócritas (desde luego, los ancianos, evangelistas, etc. que son infieles estarán con los hipócritas porque ellos mismos son hipócritas). Por lo tanto, recuérdese lo que Pablo dice en 1 Cor. 9:27. En este texto y en las parábolas de las diez vírgenes y de los talentos algún personaje importante está ausente por un tiempo, y luego vuelve cuando no es esperado, en un tiempo desconocido (24:48-50; 25:5, 6; 25:19. Marcos 13:35, 36; 1 Tes. 5:1-3; 2 Ped. 3:10; Apoc. 3:3; 16:15). Muchísimas personas se engañan solas creyendo que la demora del Señor les da licencia para continuar en el pecado. Tal idea les llevará a un destino trágico. ¡Cuidado con la palabra mañana! Satanás convence a muchos de que Dios no existe. A otros convence de que no es necesario obedecer al evangelio. A otros convence de que no hay infierno. Pero la mayoría de los que son ganados por Satanás por la creencia de que no hay urgencia, que todavía hay mucho tiempo y, por eso, que se puede obedecer «un día de estos».
Hasta que venga aquel personaje importante, ciertas personas tienen ciertas responsabilidades: 24:45; 25:1; 25:16, 27.
Los fieles reciben alguna recompensa y los infieles son castigados: 24:47, 51; 25:10, 12; 25:21, 23, 26-30.
Por lo tanto: Los que esperan deben tener actitud vigilante, ser cumplidos, preparados. Rom. 13:11-14; 2 Tim. 4:8; Heb. 9:28.
Conclusión. Lo que Jesús dice en este texto (Mat. 24 y textos paralelos) lo dijo a sus discípulos para darles amplias explicaciones y exhortaciones para que ellos estuvieran preparados y prevenidos para la destrucción de Jerusalén.
En este discurso (Mat. 24, 25) Jesús habla de dos juicios; por eso, como aquellos discípulos deberían estar preparados para la venida del Señor (en juicio sobre Jerusalén), así también todos sus discípulos deberían estar preparados para su segunda venida.
Pero las señales (24:5-14) se refieren exclusivamente a los eventos que precederían a la destrucción de Jerusalén y no se pueden aplicar a la segunda venida, porque cuando Cristo venga no importará que haya mujeres encintas ni que críen hijos (24:19). Tampoco importará que Jesús venga en el invierno o en día de reposo (24:20).

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