¡MUCHOS SUICIDIOS!:

(Mark Mayberry)

En esta editorial, Mark contempla el largo número de suicidios que han ocurrido recientemente, ofreciendo principios Bíblicos para una vida vivida apropiadamente.
Contemplando la lista de notables individuos que han cometido suicidios en la primera mitad del 2018: Stephanie Adams, una modelo; Avicii un DJ y productor musical; Anthony Bourdain, un chef americano y autor; David Buckel abogado defensor de los derechos de la comunidad gay y activista ambiental; Jill Messick productor de películas; Mark Salling actor; Kate Spade diseñadora de modas; Jon Paul Steuer actor y músico, conocido por ser el primer actor en interpretar el personaje de Star Trek Alexander Rozhenko.
Tristemente, esta lista es solo la punta del iceberg. De acuerdo con la Fundación Americana de Prevención de Suicidios, el suicidio es el décimo en la lista de causas de muerte en los E.E.U.U. Cada año 44,965 americanos mueren por suicidio. Por cada actual suicidio, hay 25 intentos.
Como el salmista dijo “En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos.” Reconocemos que la vida puede ser (a veces) dura y depresiva (Salm 73:1-14; Salm 94:17-19). ¿Cuál es la solución para tal desesperación?
Ejemplos Bíblicos.
Zimri fue el quinto rey de Israel, quien asesino a su predecesor, el rey Ela, reino por 7 días. Después cometió suicidio cuando Omri, el comandante del ejército de Ela, sitio y capturo Tirsa, la capital de la ciudad (1 Reyes 16:8-20).
Ahitofel era uno de los consejeros de David quien asistió a Absalón en su revuelta. Cuando se volvió obvio que la rebelión de Absalón estaba condenada, Ahitofel se ahorco el mismo (2 Sam 17:23).
Otro ejemplo incluye al rey Saúl y su escudero (1 Sam 31:4-5), y Judas que se mató el mismo por la vergüenza de haber traicionado a Jesús (Mat 27:3-5).
Quizás algunos incidentes de suicidio resulten de enfermedades mentales, pero considerando las Escrituras, un trato consistente es discernible: el suicidio es generalmente un acto de desesperación cometido por aquellos que están en un estado de rebelión en contra del orden establecido por Dios.
Principios Bíblicos.
El suicidio es una violación del sexto mandamiento: “No mataras” (Éxodo 20:13; Deut 5:17). En cada era, el derramamiento sin sentido de la sangre humana ha sido contado como una grave ofensa (Gen 9:5-6; Exo 21:12-14; Mat 26:52; Rom 13:3-4).
Porque estamos hechos a la imagen de Dios, la vida humana es sagrada (Gen 1:26-27). David dijo, “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien.” (Salm 139:13-18).
Porque nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo, no deben ser contaminados o destruidos (1 Cor 6:19-20).
Pablo no era un despojador de templos (Hech 19:37; Rom 2:22). Robar, profanar o destruir templos era contado como una grave ofensa entre los antiguos griegos y romanos. ¿No deberían los Cristianos tener un mayor galardón por sus cuerpos físicos, los cuales son contados como la habitación del Espíritu? (Rom 8:9, 11:1 Cor 6:19-20; 2 Tim 1:14).
El suicidio está en oposición a la auto-preservación, el instinto de vida que Dios puso en cada uno de nosotros. El suicidio es un acto en contra de la naturaleza; y así como otras acciones similares, está en contra de las ordenanzas de Dios (Rom 1:26-27).
Es un acto de finalidad, que cierra la oportunidad de arrepentimiento de uno mismo. ¿Qué tal si Job hubiera gritado de desesperación, preventivamente tomado su propia vida, ya fuera directamente o a través de un acto divino de provocación? (Job 1:20-22; 2:9-10). Si los patriarcas en sufrimiento hubieran terminado su agonía prematuramente, las generaciones siguientes habrían sido robadas de una historia que nos inspiran a aceptar lo bueno con lo malo, y confiar en Dios, y adherirnos a la fe, a pesar de las probabilidades abrumadoras. Job nunca habría experimentado el gozo que vino cuando Dios restauro a su familia y su fortuna (Job 42:10-17).
¿Y si Salomón se hubiera rendido en Eclesiastés 2:17 y no hubiera perseverado hasta la realización de los versos 24-25? Si este hombre sabio hubiera cedido a la desesperación en Eclesiastés 4:1-3, nunca habría alcanzado los versos 9-12, mucho menos la profunda realización con la que estableció y termino el libro.
Finalmente, el suicidio puede ser visto como un acto de cobardía. Hay una vasta diferencia entre alguien, como Job, que anhela la muerte, pero se somete al sufrimiento pacientemente (Job 3:20-23; 7:11-18). En su llanto de desesperación, Job dijo “¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, Y para que pongas sobre él tu corazón, Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes?” (Job 7:17-18). Dios ofrece una noble respuesta a la pregunta de Job (Salm 8:4-9).
Prescripciones Bíblicas.
Si vivimos de acuerdo al punto de vista bíblico, reconoceremos que la vida tiene propósito, disfrutaremos del perdón a través del sacrificio de Cristo, y, de acuerdo a eso, tenemos esperanza. Por otro lado, si vivimos de acuerdo al punto de vista del mundo, la vida no tiene sentido; continuaremos soportando la carga del pecado, y, de acuerdo a eso, no tendremos esperanza.
Una vida vivida apropiadamente tiene propósito.
Dios nos dota con una vida de propósito (Prov 16:4; Ecle 3:1-15). Jesucristo vivió con un propósito (Luc 4:42-44; Juan 12:27-28). También lo hizo el rey David (Hech 13:36-37). De alguna forma, aquellos que obedecen el evangelio encuentran un propósito en vivir (Efe 1:9-12; 1 Ped 2:21-25).
Jesucristo es la respuesta a aquellas prioridades sin rumbo y sin lugar. Nos provee con una visión singular. Hablando con el joven rico Jesús dijo: “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.” (Marc 10:17-22). Mientras visitaba el hogar de Lázaro, Él dijo: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” (Luc 10:38-42). A través de la obediencia del evangelio, Pablo aprendió esta lección: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Fil 3:12-15).
Una vida vivida apropiadamente tiene esperanza.
Cristo Jesús es la respuesta a la soledad. La obediencia trae la promesa de una amorosa familia espiritual (Mat 19:27-30). A través de la obediencia del evangelio, Pablo compartió esta bendición, llamando a ambos, Timoteo y Tito “verdadero hijo en (la común) fe” (1 Tim 1:1-2; Tito 1:4). Más allá, se extiende a todos los creyentes (Rom 8:16-17; 2 Cor 6:17-18).
Aquellos que están perdidos en pecado no tienen esperanza, pero los creyentes disfrutan de la reconciliación y redención en Cristo Jesús (Efe 2:11-22). Aquellos que mueren como fieles discípulos disfrutan de la esperanza de la resurrección (1 Tes 4:13-18).
Una vida vivida apropiadamente tiene perdón.
Al negar la realidad de Dios, las personas tontas sufren las consecuencias de su rebelión (Sal 14:1-7). Aun así, el sufrimiento causado por el pecado es removido a través del sacrificio de Jesucristo (Rom 3:9-26).
Cristo Jesús es la respuesta a la culpa. La obediencia trae la promesa del perdón (Hech 2:38; 5:30-31). Él es nuestro perfecto Sumo Sacerdote, cuyos sacrificios ofrecen un perdón completo (Heb 10:11-18). Si Pablo, un perseguidor de la iglesia, pudo conseguir misericordia, también nosotros podemos (1 Tim 1:15-16).
Conclusión.
Contrastemos las diferentes respuestas de Judas y Pedro en sus fallos. Cediendo a la desesperación, Judas fue y se colgó (Mat 27:3-5). Cediendo a Cristo, Pedro fue restaurado en un servicio fiel (Juan 21:15-17). En lugar de ceder a la desesperación, manifestemos la actitud de “es muy pronto para renunciar”. De otro modo, quizás nunca sepas las cosas buenas que Dios tiene para ti (Hech 16:25-34).
Urgiéndole a los Colosenses a “poner mira en las cosas de arriba” Pablo dijo, “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” (Col 3:1-4).
Afirmaciones similares ocurren frecuentemente en el Nuevo Testamento. Atribuyendo la gloria al Verbo, el cuarto evangelio empieza diciendo, “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.” (Juan 1:4). Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6). El apóstol Pablo declaro, “Cristo vive en mi” (Gal 2:20). Contemplando un futuro incierto, también afirmo, “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Fil 1:21-26).
La expresión, “Cuando Cristo, vuestra vida,” (Col 3:4), puede ser dicha más específicamente como “Cristo es nuestra vida”. Contemplando la significancia de esta afirmación, reconocemos una verdad esencial: Dios nos ha dado el secreto para mantener un balance y un equilibrio emocional (Salm 73:15-28). Cristo es la llave para la felicidad. Por lo tanto, la realización de estos beneficios requieren fe (Rom 3:21-23) y obediencia (Heb 5:8-10).

(Traducido por: Eula Vasquez)

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