Nunca os conocí

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” Mateo 7:21-23.

En el Sermón del Monte que predico nuestro Señor Jesucristo encontramos estos versículos que acabamos de leer. Dice nuestro Señor Jesucristo que en el día final cuando EL nos  venga a juzgar, que habrán sorpresas y una de ellas será que EL no conoce a algunas personas.

¿Qué significa que el Señor no nos conozca? Significa que EL no nos puede recibir y darnos la vida eterna. Muchas personas viven sin querer conocer a Dios pero si desean que en día final el Señor las conozca.

¿Quién pues tendrá derecho de entrar en el reino de los cielos? Dice nuestro Señor Jesucristo que no será el que le dice o le llama: SEÑOR, SEÑOR. En realidad eso es fácil decir SEÑOR, SEÑOR. Lo difícil es hacer su voluntad. Los que tendrán derecho de entrar al reino celestial son los que hacen la voluntad del Padre. Leamos Lucas 6:46: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Si Dios nos dejo su Palabra es para que conozcamos su voluntad y vivamos por ella. Como lo expreso el Salmista, leamos Salmos 40:8: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón.” Y como Juan animo a sus lectores en 1 Juan 2:17: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

¿Cuántos se salvaran en el día final y cuantos se condenaran? El Señor dice: MUCHOS en día final se van a sorprender cuando el Señor les diga que NO LOS CONOCE. Aquí mismo en Mateo 7:13-14: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”

El Señor dice que los reclamos van a girar en torno a tres cosas que ellos hacían:

Los que profetizaron en su nombre: Muchos creen que pueden profetizar por solo mencionar el nombre de Jesús. Leamos Mateo 24:11: “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos.” Y Mateo 24:24: “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.” Si en el tiempo que vivieron los apóstoles hubo falsos apóstoles y falsos profetas imaginemos ahora.

Los que expulsaron demonios en su nombre: Muchos son como los Judíos exorcistas de Éfeso. Leamos Hechos 19:14-16: “Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. 15Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? 16Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.”

Los que hicieron muchos milagros en su nombre: El apóstol Pablo les revelo a los hermanos en Tesalónica que Dios permite cierto poder a satanás para que engañe a los que no aman la verdad: Leamos 2 Tesalonicenses 2:9-12: “inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.”

Los hombres inspirados en el primer siglo fueron los apóstoles y profetas. Los apóstoles fueron bautizados con el Espíritu Santo en el día de pentecostés. Desde ese día ellos empezaron a predicar bajo inspiración del Espíritu Santo y también ellos podían imponer las manos y repartir los dones milagrosos del Espíritu Santo, leamos Hechos 8:14-17: “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; 16porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. 17Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.” Tengamos presente que los milagros que hacían los apóstoles y los hermanos que habían recibido la imposición de manos apostólica era para confirmar la palabra, leamos Marcos 16:20: “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.” La era de los apóstoles fue el tiempo de los hombres inspirados y es el tiempo en que se escribió todo el Canon del Nuevo Testamento. Todos los que vimos después nos tenemos que sujetar a los mandamientos que están escritos ahí en el Nuevo Testamento. No podemos hacer ningún milagro. Pero los milagros que están escritos tienen el mismo efecto que tuvieron en el primer siglo, leamos Juan 20:30-31: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. 31Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” Con ese propósito se escribieron.

El Señor les pedirá a estas personas que se aparten de EL porque toda su vida fueron hacedores de maldad. Dice la versión Biblia de las Américas: Y entonces les declararé: «Jamás os conocí; APARTAOS DE MÍ, LOS QUE PRACTICÁIS LA INIQUIDAD».” La Palabra INIQUIDAD significa actuar sin ley, sin autoridad. Debemos de tomar muy en cuanta las palabras del Señor en Mateo 13:41:Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad.”

Amble lector no desea usted ser sorprendido en el día final, entonces prepárese hoy obedeciendo la voluntad del Señor.