Por Nada Estéis Afanosos:

En esta lección, enfatizo las enseñanzas de Pablo con respecto a como manejar la ansiedad. El apóstol escribió: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filip. 4:6-7).
1. No se preocupe e impaciente por todo. Pablo está reiterando la enseñanza de Jesús quien dijo: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué co – meremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:25-34). El apóstol Pablo está enseñando la misma verdad del evangelio que fue predicada por Jesús. Pablo no desea que sus conversos sean indiferentes o descuidados, sino que estén libres de esa ansiedad excesiva acerca de las cosas terrenales que pudieran distraer sus pensamientos del servicio a Dios, y obstacu – lizar el crecimiento de la santidad”. No hay nada espiritualmente virtuoso con respecto a una actitud que no se preocupa la cual se convierte en una obra lodosa. Tampoco este versículo está enseñando que los hombres no deban estar ansiosos acerca de sus obligaciones hacia Dios. Más bien, lo que Pablo está condenando es una sobre ansiedad que distrae del servicio a Dios. “La ansiedad es un cuidado acosador, muy diferente del cuidado providencial de Dios. No podemos ayudar a tener ansiedad en el mundo – ansiedad por obtener la subsistencia, ansiedad por la salud, ansiedad por aquellos que están cerca y nos quieren, más allá de nuestro círculo, por los hombres generalmente y por la iglesia. Pero, aunque no podamos ayudar a tener ansiedad en este mundo, no debemos ser acosados por las ansiedades, como si tuviéramos que llevarlas nosotros mismos”. Tal ansiedad refleja una ausencia de confianza en la providencia de Dios. Jesús enseñó que el Señor proveerá por las necesidades del hombre. Por tanto, no debemos afanarnos e impacientarnos por la comida, el vestido y el techo.
2. Echando vuestra ansiedad sobre el Señor. Pablo instruyó que los Cristianos trajeran sus cargas de preocupación al Señor, haciendo oraciones y súplicas con acción de gracias. Pedro enfatizó el interés del Señor por sus hijos diciendo: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). Los Cristianos son bendecidos al tener acceso al trono de la gracia para encontrar ayuda en el momento de necesidad (Heb. 4:16). Un Cristiano hará conocidas sus oraciones, súplicas y solicitudes al Señor. Le pedirá al Señor que le ayude a enfrentar las circunstancias de su vida. Dios ha prometido estar atento a nuestras solicitudes así como el padre lo está a sus hijos. Jesús dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:7-11). El Señor no ha dado un cheque en blanco en oración que nos garantice todo lo que pedimos. Santiago dijo que algunas oraciones no son contestadas porque son pedidas con el motivo incorrecto (Santiago 4:2-3). Toda solicitud que los hombres hagan está sujeta a la supervisión providencial de Dios; por tanto, oremos: “Si es la voluntad del Señor”.
3. Nuestras solicitudes deben estar acompañadas con una acción de gracias. Algunas oraciones se convierten en la expresión de un gemir egoísta. Pablo en- fatizó que la oración debe contener acción de gracias. Jesús enseñó una lección importante de gratitud cuando sanó a los diez leprosos y solamente uno regreso para expresar su agradecimiento (Lucas 17:12-19). No hay otro aspecto de acción de gracias que reconozca y acepte las circuns- tancias de uno en la vida. Esto puede ser ilustrado en la vida de Pablo por la disposición que tuvo hacia el mensajero de Satanás que abofeteaba su cuerpo. Tres veces solicitó de Dios que la aflicción fuera removida. El Señor respondió por medio de decir: “Bástate mi gracia”. Luego Pablo aceptó sus circunstancias con la disposición expresada en estos versículos: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor. 12:9-10). Pablo aceptó la providencia del Señor y fue capaz de dar a Dios las gracias y la gloria, aún en medio de la adversidad, porque reconocía que Dios, sabía mejor que él lo que era mejor para su vida, permitió el sufrimiento. El sabio escribió: “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él” (Ecles. 7:14). [“Disfruta de la prosperidad siempre que puedas, y cuando lleguen los malos tiempos, reconoce que la una y los otros proceden de Dios, para que todos se den cuenta que no hay nada seguro en esta vida” – Versión la Biblia al Día]. Consecuentemente, aún en frente de la adversidad y sufrimiento, el Cristiano puede doblar su rodilla en acción de gracias al Dios que controla todas las cosas. La Paz de Dios El Señor prometió dar Su paz a aquellos que viven como él lo mandado. La paz de Dios sobrepasa todo entendimiento. Jesús habló de su paz diciendo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). La paz de Jesús era diferente de la paz que el mundo es capaz de dar. El mundo es capaz de dar paz del conflicto civil, aunque es temporal. El mundo podría traer paz entre amigos, vecinos o parientes. No obstante, el mundo tampoco puede dar ni ha experimentado la paz con Dios la cual solamente está disponible a través de Jesucristo. Veamos la naturaleza de esta paz:
(1) De ella salta nuestra justificación (Rom. 5:1). (2) Surge en el alma como parte de nuestra disposición espiritual. “El ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Rom. 8:6).
(3) Es la experiencia permanente de los santos a medida que son prácticamente consistentes con su andar. “Mucha paz tienen los que aman tu ley” (Salmo 119:165). “Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera …” (Isaías 26:3). La paz que Dios da “guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos”. Debemos manejar los problemas de la vida, no por medio de la ansiedad y la impaciencia, sino por medio de arrojarlos al Señor en oración.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*