REFLEXIONES DE UN ACCIDENTE:

 Por: Aaron Unden.

Contemplando su experiencia como paramédico, Aaron nota la brevedad de la vida, la gracia de Dios y nuestra correspondiente responsabilidad.

Los paramédicos enfrentan un alto rango de situaciones y emociones. De estos, los que más se quedan en nuestra memoria son los ataques cardiacos, cuando el corazón del paciente ha dejado de latir, y debemos tratar de devolver a la normalidad las funciones del cuerpo (con CPR, mascarillas, y medicamentos), para intentar de comprar tiempo y tratar de que el cuerpo sea capaz de recuperarse. He tenido muchos de estos casos.

En el pasado, íbamos hacia un accidente de auto donde un niño de 2 años de edad estaba sufriendo un ataque cardiaco como resultado de la colisión. Yo fui la segunda unidad en la escena, lo que significa que me encargaría de los pacientes menos críticos. El niño fue ubicado en la unidad primaria, donde el personal de emergencia tenía más control  sobre el ambiente y se dirigieron al hospital. Yo puse a la madre en la parte de atrás de la ambulancia y le proveí cuidados mientras nos dirigíamos al hospital.

Durante todo el tiempo en que estuve con ella, su única preocupación era con su hijo. La reconocible angustia en su voz y su falta de cuidado sobre su propio cuerpo era de esperarse, pero era muy diferente experimentarlo en persona. Al no tener hijos, me permitía una mirada más íntima al amor que los padres tienen por sus hijos. Tristemente, el niño no sobrevivió. Mientras reflexionaba en esto los siguientes meses, me hace pensar en muchas cosas, algunas de las que compartiré aquí.

La vida es incierta.

Hay instantes en la vida en donde lidiamos con momentos difíciles. Aun así, Dios nos prometió algo mejor más allá del mundo físico. El salmista David dijo: “Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores” (Salm 34:4). Jesús dijo, “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27). El Señor siempre estará aquí para nosotros.

La vida es corta.

La cantidad de tiempo específico no nos es prometido. No tenemos garantizado un mañana. “El hombre nacido de mujer, Corto de días, y hastiado de sinsabores,  Sale como una flor y es cortado, Y huye como la sombra y no permanece.”(Job 14:1-2). “Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti; Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive.” (Salm 39:4-5). Aunque no tengamos asegurado un mañana, tenemos el hoy para tomar decisiones y compromisos. ¿A que nos comprometeremos?

Dios es amor.

Dios ama a su Hijo. Que el Padre permita que Su Hijo pase por la muerte por nuestro bien, no es algo para tomar a la ligera. “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isa 53:3-5).

Debemos ser obedientes.

Somos los hijos de Dios, y Él nos ama. Nos ha dado la vida eterna a través del sacrificio de Cristo Jesús, pero esta bendición trae consigo responsabilidades: debemos oír Su voz y obedecer Su palabra. “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” (Juan 10:27-28). Y de nuevo, “Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio.” (2 Juan 6). ¿Has sido bautizado? (2 Ped 3:21). ¿Estás viviendo una vida de obediencia? (Luc 11:28).

Traducido por: Eula Vasquez.

 

 

 

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