SED HACEDORES DE LA PALABRA:

Nuestro Dios quiere no solo sepamos lo correcto sino que hagamos lo correcto. Tan importante como es tener la verdad, es aún más importante obedecer la verdad que tenemos.
No seguir nuestra conciencia no es solo un pecado, sino que es un pecado peor que los que cometemos por ignorancia (Lucas 12: 41-48: “Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos? Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles. Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.”). Cuando lo que hacemos va en contra de lo que nuestra conciencia nos dice que debería estar haciendo, ese es realmente un problema grave.
El importante principio de saber y hacer se enfatiza en Santiago: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.” (Santiago 1: 22-25). Y también es en Santiago donde leemos “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” (Santiago 4:17).
Hay una expresión que dice «hablar es fácil». En cierto sentido, eso es cierto. Se necesita muy poca integridad decir las cosas correctas sobre lo que la gente debería hacer. Lo que tiene más consecuencias es la determinación de una persona para seguir adelante y hacer lo que debería. Cuando no hacemos la voluntad de Dios, podemos Afirma que nuestro pecado es solo la negligencia, pero Dios considera la negligencia como un asunto serio. Pecados de «Omisión» puede no parecernos tan terribles como los de «comisión», pero si terminamos perdiéndonos, será poco consuelo saber que los pecados por los cuales perdimos nuestras almas fueron «solo» aquellos de negligencia.
Vivimos en una sociedad donde la Biblia y sus contenidos son muy discutidos. Muchas personas saben muchas cosas sobre lo que Dios ha dicho. Pero muy pocos están haciendo algo al respecto, incluso entre aquellos quienes son miembros de la iglesia del Señor. Es aleccionador darse cuenta de que se espera que los que saben más hacer más. Jesús dijo: «Todo aquel a quien se le dio mucho, se le exigirá mucho» (Lucas 12:48). Si buscamos las bendiciones de Dios, recordemos: ¡no es el oyente olvidadizo sino el hacedor del trabajo quien será bendecido en lo que hace!
Leamos Deuteronomio 29:29: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.”
Dios nos ha dado su palabra para que podamos saber lo que quiere que hagamos. Una pregunta muy importante: ¿Nos ha dicho Dios en su palabra todo lo que deseamos saber solo para satisfacer nuestra curiosidad? Si o no, ¿por qué nos ha dicho las cosas que nos ha dicho? Cuando nosotros estudiamos la palabra de Dios, ¿qué tipo de ayuda o información deberíamos buscar principalmente?
Leamos ahora Mateo 7: 24-27: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.”
Es una tontería saber lo que Dios quiere que hagamos y no hacerlo. Hagámonos estas preguntas: ¿Queremos ser sabios o necios?; ¿Qué pasará si escuchamos la palabra de Dios y hacemos nada al respecto?
Dios se complace cuando realmente hacemos su voluntad, y no solo cuando decimos que lo obedeceremos. Lo que determina nuestro carácter es cuando actuamos como decimos.
Leamos Esdras 7:10: “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos.”
Antes de enseñar la palabra de Dios a los demás, debemos conocerla y hacerlo nosotros mismos. ¿Qué sucederá si tratamos de mostrar a otros el camino de Dios pero no estamos viviendo de esa manera nosotros mismos? En tratando de influenciar a otros, ¿cuán importante es nuestro ejemplo personal?

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