VENID A MÍ:

Son muchos los que están pasando por momentos tristes y angustiantes. Unos enfermos y en cuarentenas, otros sanos pero en cuarentenas para no contagiarse. Y después de toda una vida de gozar de la buena comunión entre unos y otros el tener que solo oírnos por una llamada o vernos por una video llamada. O todavía peor perder un ser amado y no poder estar ahí. Otros sufren y se angustian pensando y pensado y dándole vuelta.

Pero en medio de esta incertidumbre Cristo nos hace una invitación:

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Mateo 11:25-30.

Después de dar gracias a su Padre y glorificarle, Cristo nos hace la invitación que vengamos a EL. Nos está invitando el Rey de Reyes y Señor de Señores. El desea que estemos cerca de EL, que gocemos de su comunión.

ÉL sabe cómo estamos en lo espiritual y material por eso desea quitarnos todas esas cosas que nos presionan y nos angustian. El mejor bálsamo es el perdón de los pecados y la mejor tranquilidad es quitarnos las preocupaciones. Pero esto solo lo hallamos al aceptar su invitación en obediencia y fidelidad. El descanso anhelado solo lo hallamos en Cristo.

Ahora que nuestra vida tiene propósito para seguir adelante, EL nos manda que llevemos su yugo y que aprendamos de EL. Sus mandamientos debemos de seguirlos y no son gravosos y son para nuestro bien. Leamos 1 Juan 5:3: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.”

En Jesús tenemos el mejor ejemplo de mansedumbre y humildad. Ahora nuestra alma puede descansar porque hallo la fuente de su alimento.

De EL solo vamos a recibir un buen trato. Y aun si falláramos o nos equivocamos EL nos amonestara y exhortara para traernos de nuevo al arrepentimiento.

Toda tristeza, todo dolor, toda angustia depositémosla en EL cómo lo mando el aposto Pedro en 1 Pedro 5:7: “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”

Ahora podemos orar y expresar ahí todo nuestro sentir y esperar su repuesta aceptando su voluntad, leamos Filipenses 4:6-7: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

Si usted siente la necesidad de llorar hágalo eso no significa que usted no confía en el Señor mas bien significa que usted quiere desahogar sus penas pero recuerde limpiar sus lágrimas y doblar rodillas para seguir orando.

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