EL SERMON DEL MONTE: EL MATERIALISMO (David Flatt).

Enfocándose en las enseñanzas de Jesús en cuanto al matrimonio, David nos anima a examinar como el deseo de riquezas y posesiones es una forma de idolatría y a reconocer como eso nos aleja de llegar al reino.

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6:19-20).

En este punto del sermón de Jesús, Él identifica un ídolo que ha atraído los corazones de la gente por muchas generaciones: la riqueza. Él advierte en contra de los peligros  de dedicar nuestra vida a la persecución de las riquezas.

Encontrando contentamiento.

¿Dónde puedo encontrar contentamiento en esta vida? Al principio de este sermón, Jesús usa una palabra que implica contentamiento: bienaventuranza. Buscamos por contentamiento, paz y gozo en muchos lugares. Algunos buscan llenarse de una falsa religión y filosofía mundana. Algunos buscan llenarse de placeres. Otros buscan llenarse de riquezas y posesiones. Ninguno se satisface con el profundo anhelo de nuestros corazones.

La Biblia está llena de advertencias en contra de los engaños de las riquezas y las posesiones. El rey Salomón escribió. “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.” (Ecle 5:10). Esto era verdad tanto en los días de Salomón como en los días de Jesús.

Advertencias en contra de los peligros de las riquezas y posesiones era común en las enseñanzas de Jesús. Por ejemplo, Él le dijo a una multitud hambrienta, “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.” (Juan 6:26-27).

En otra ocasión, Jesús fue rudamente interrumpido mientras enseñaba, un hombre le pidió que mediara entre él y su hermano. Imagina tener a Jesús frente a nosotros, ¿Le preguntaríamos por algo tan trivial como el dinero? Este hombre lo hizo, “Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” (Lucas 12:13-15).

Tristemente, muchos se han engañado a creer que sus vidas consisten en la abundancia de sus posesiones. Como americanos, soñamos con el día en que seamos ricos. Las presiones de nuestra sociedad materialista son profundas. Seguimos ahogándonos a nosotros mismos en deudas a menudo para tener lo último, lo mejor, lo más grande. Típicamente, medimos el éxito en términos materiales. Lo que es más triste es como nuestra cultura ha corrompido el evangelio del reino con esperanzas de riquezas terrenales.

El problema fundamental con el materialismo.

Como ha sido previamente discutido, los humanos fueron creados para ser portadores de la imagen de Dios. Sin embargo, la idolatría siempre ha obstaculizado a los hombres de llenar esta vocación. La idolatría, al escoger adorar eso que no es de Dios, es expresada a través de específicos actos de pecado. La práctica de la idolatría deteriora nuestra humanidad y culmina en muerte.

El materialismo es idolatría. El materialismo viene de un deseo equivocado: la codicia. ¿Recuerda el primer mandamiento?, “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Exo 20:1-6).

El primer mandamiento era la prohibición en contra de la idolatría. Este mandamiento es el fundamento de los otros nueve. Sin establecer el primero, ninguno de los otros importa. Jesús hace una conexión entre el materialismo y la idolatría claramente: nadie puede servir a dos señores. No podemos servir a Dios y a mammon.

Cuando leemos esta sección del sermón, típicamente decimos, “mammon es la riqueza” y rápidamente nos movemos a otro punto. Esto es verdad; sin embargo, esta palabra que ha sido esencialmente dejada sin traducción, era la personificación de la maligna deidad de las riquezas durante la edad media: el diablo de la codicia. Los traductores reconocen que Jesús estaba enseñando que el materialismo es una forma de idolatría.

¿De qué manera esta forma de idolatría deteriora nuestra humanidad? Pablo lo explica, “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” (1 Tim 6:9-10).

Así como Pablo describe, al servir al ídolo del dinero despreciamos nuestra humanidad cuando despreciar la imagen que debemos portar en vida: la imagen de nuestro Creador (Gen 1:27). Esta forma de idolatría viene de un insaciable anhelo. Las personas se han permitido que el deseo desenfrenado los conduzca a cometer todo tipo de pecados para ganar riqueza. Recordemos, el pecado es el medio a través del cual la idolatría se expresa. El pecado causa un decaimiento que culmina en muerte. Esto es ciertamente lo que Pablo le indica a Timoteo en cuanto al resultado del amor al dinero.

Por supuesto, Jesús no nos está enseñando que tener dinero es malo. El dinero es necesario para la vida. Nadie discutirá eso. Él identifica una forma específica de idolatría en donde nos aparta de llenar el propósito por el cual hemos sido creados. Él nos advierte de un ídolo que nos aleja del reino de Dios.

¿Hacia qué estamos dedicando nuestro corazón? ¿Hacia dónde estamos dirigiendo nuestro amor y deseo? ¿Es a Dios o a mammon? Con Jesús, es todo o nada. O dedicamos cada parte de nuestro corazón a Dios y le traemos gloria, o no le entregamos nada. Nuestro tesoro revela nuestro corazón.

Portar la imagen de Dios en una sociedad materialista.

Incuestionablemente, vivimos en una sociedad materialista. Las tentaciones de las riquezas son fuertes e implacables. ¿Qué podemos hacer para reflejar la imagen de Dios en el mundo sin ser consumidos por el ídolo mammon?

Vivir con o por debajo de nuestros medios.

Nuestra sociedad materialista nos presiona a comprar. Es un poco irónico que se refieran a nosotros como “consumidores”. Consumimos pero nunca estamos satisfechos. Muy seguido, compramos lo que no necesitamos y lo que no podemos permitirnos. Las deudas son un problema en nuestra nación. Jesús espera de nosotros que seamos administradores responsables con nuestras bendiciones. Vivir más allá de nuestros medios es una prueba de que estamos fallando en nuestra adoración: es una prueba de que estamos siendo consumidos por mammon.

Compartir y servir.

La codicia y el egoísmo van de la mano. Los ciudadanos del reino están para compartir lo que tienen y ayudar a aquellos en necesidad. Ellos deberían suplir las necesidades de los demás. Los adoradores del ídolo mammon no les preocupa el bienestar de los demás. Están obsesionados con ellos mismos. Si planeamos echar abajo al ídolo mammon, debemos aprender a compartir y servir. Esto es lo que Jesús intentaba inculcar en el joven rico (Mat 19:16-22).

Confiar en Dios.

En la batalla sobre a quién adorar, Dios o mammon, la confianza es el corazón del problema. En nuestra sociedad, se nos dice que confiemos en nuestras riquezas. Si, el dinero puede ayudar en muchas situaciones de la vida. Sin embargo, el dinero no puede ser confiable en cuanto a encontrar y experimentar las bienaventuranzas de las que Jesús hablo en este sermón. Solo confiando en Dios podemos conocer las verdaderas bienaventuranzas. Pablo escribió, “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.” (1 Tim 6:17-19).

Este pasaje suena como un comentario del sermón de Jesús. Para conocer la verdadera vida, debemos aprender a confiar en el Dios verdadero y viviente.

Aprender a contentarse.

Si, el contentamiento es una condición aprendida. Pablo explica a los filipenses como el aprendió a contentarse a través de su turbulenta vida: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil 4:11-13).

Al vivir con o por debajo de nuestros medios, compartir y servir y desarrollar una confianza en Dios son todo parte del proceso de aprendizaje del contentamiento. Este modo de ser es el producto de enfocarse y aprovechar nuestros corazones. El corazón de los individuos materialistas se enfoca en lo que no es de Dios y es desenfrenado al satisfacer sus ansias pecaminosas. Como Pablo, nuestras circunstancias en la vida son constantemente cambiantes. Habrá veces en las que tengamos bastante y ocasiones en las que tengamos poco. Estas circunstancias pueden ser el resultado de un trabajo duro o de oportunidad. A pesar de las circunstancias, siempre podemos encontrar contentamiento al ser ciudadanos en el reino de Dios.

Conclusión.

Nadie puede servir a dos señores. Seremos devotos completamente a uno a expensas del otro. El diablo intenta engañarnos a pensar que podemos servir a ambos. Jesús demanda que despertemos a la realidad en la que estamos viviendo y tomemos una decisión. La influencia del ídolo mammon en nuestra sociedad es fuerte y presente. Debemos constantemente guardar nuestros corazones y mentes en contra de esta influencia invasiva; de otra forma, nos encontraremos a nosotros mismos fuera del reino de los cielos.

Traducido por: Eula Vasquez.