Parábola del mayordomo infiel

Tarjeta: Parábola del mayordomo infiel, Lucas 16:1-15

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Lucas 16:1-15

Introducción

En el capítulo 15 de Lucas, Jesús contó tres parábolas (la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo) porque los fariseos y los escribas murmuraban de que él recibía a los pecadores (Lucas 15:1-2). En el capítulo 16 se dirige a sus discípulos, pero los fariseos siguen escuchando (16:14).

Hay un detalle interesante: la palabra que se traduce «disipar» en 16:1 es la misma que se usa para el hijo pródigo, que «desperdició sus bienes» (15:13). Los dos malgastaron bienes que habían recibido de otro. Pero mientras el hijo pródigo se arrepintió, el mayordomo solo buscó salvarse a sí mismo.

Esta parábola nos enseña que somos administradores de lo que Dios nos ha dado, y que un día daremos cuenta.

1. Un mayordomo acusado

“Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.”

Lucas 16:1-2

Un mayordomo era el administrador de los bienes de su señor: manejaba su dinero, sus cosechas y sus negocios. Este mayordomo olvidó que debía dar cuenta de sus hechos a su amo. Usó los bienes de su señor como si fueran suyos. Esto se llama abuso de confianza.

Su amo no lo llamó para averiguar, sino para ponerle fin a su mayordomía: «Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo». La decisión ya estaba tomada.

Nosotros también somos mayordomos. Nada de lo que tenemos es nuestro: «De Jehová es la tierra y su plenitud» (Salmo 24:1). Y, como aquel mayordomo, un día daremos cuenta: «De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí» (Romanos 14:12).

2. Un mayordomo astuto

“Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. Él le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.”

Lucas 16:3-7

Este mayordomo era muy astuto y se puso a analizar las salidas que tenía. «¿Qué haré?», se preguntó a sí mismo. «Cavar, no puedo»: no tenía fuerzas para el trabajo pesado del campo. «Mendigar, me da vergüenza»: su orgullo no se lo permitía.

Y encontró la solución: llamó a cada uno de los que le debían a su amo y les rebajó las deudas. Al que debía cien barriles de aceite le dijo que escribiera cincuenta; al que debía cien medidas de trigo, que escribiera ochenta. Eran cantidades grandes, así que el favor era considerable.

Siguió abusando de los bienes de su amo. Todo lo hizo para que, cuando ya no fuera mayordomo, los que recibieron el arreglo de sus cuentas a su favor lo recibieran en sus casas. Pensó en su futuro antes de que llegara el día de quedarse sin nada.

3. Lo que el amo alabó

“Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.”

Lucas 16:8

Su amo lo alabó, no por lo malo, sino por la astucia con que actuó. El texto mismo lo llama «mayordomo malo»; su conducta no se aprueba. Lo que se reconoce es que supo prever y actuó a tiempo.

Dice el Señor que los hijos de este mundo son más sagaces que los hijos de luz. Las personas del mundo planean y trabajan con empeño para asegurar su futuro aquí. ¡Cuánto más debería el cristiano preocuparse por su futuro eterno!

4. Usar lo terrenal pensando en lo eterno

“Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.”

Lucas 16:9

Este es el versículo central de la parábola. Las «riquezas injustas» son los bienes materiales de este mundo. No se trata de dinero robado, sino de riquezas pasajeras, que con frecuencia se usan mal y que un día faltarán, ya sea porque se acaban o porque nosotros partimos de este mundo.

Así como el mayordomo usó los bienes que tenía en sus manos pensando en su futuro, el cristiano debe usar sus bienes para hacer el bien: ayudar al necesitado, apoyar la obra del Señor y socorrer a los hermanos. No se trata de comprar la salvación, que es un don de Dios, sino de mostrar con nuestros hechos dónde está puesto nuestro corazón.

Pablo enseña lo mismo: «Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna» (1 Timoteo 6:18-19). Y el Señor dijo: «haceos tesoros en el cielo» (Mateo 6:20).

5. Fieles en lo poco

“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?”

Lucas 16:10-12

Dice el Señor que el que es fiel en lo poco será fiel en lo mucho. Las riquezas terrenales son como un entrenamiento: la manera en que manejamos el dinero muestra si se nos pueden confiar las riquezas verdaderas, las eternas.

Jesús llama a las riquezas de este mundo «lo ajeno», porque no son nuestras; Dios nos las presta para que las administremos. Lo que es verdaderamente «vuestro» es la herencia eterna que Dios tiene preparada para los fieles. Por eso dice Pablo: «se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel» (1 Corintios 4:2).

6. No se puede servir a dos señores

“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.”

Lucas 16:13

No podemos servir a dos señores. El «siervo» del que habla Jesús es un esclavo, que pertenece por completo a su amo. Nadie puede ser esclavo de dos dueños al mismo tiempo.

Jesús presenta las riquezas como un amo que compite con Dios. El dinero es un buen siervo, pero un mal amo. Cuando lo usamos para servir a Dios, es una bendición; cuando nosotros le servimos a él, se convierte en un ídolo. Cada uno debe preguntarse: ¿quién manda en mi vida, Dios o el dinero?

7. Dios conoce los corazones

“Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.”

Lucas 16:14-15

Los fariseos eran avaros, y en vez de arrepentirse, más bien se burlaban del Señor. Son los mismos que antes murmuraban porque Jesús recibía a los pecadores (Lucas 15:2).

El Señor los enfrenta y les dice que su problema es que se justifican a sí mismos delante de los hombres. Aparentaban ser justos, pero su corazón estaba lleno de amor al dinero.

Hay un contraste con la parábola: el amo tuvo que preguntar «¿Qué es esto que oigo acerca de ti?». Dios no necesita preguntar nada, porque él conoce nuestro corazón: «Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1 Samuel 16:7). Lo que el hombre considera sublime, para Dios es abominación.

Dos clases de mayordomos

El mayordomo infielEl mayordomo fiel
Los bienesLos usó como si fueran suyosSabe que todo es de Dios
Su preocupaciónAsegurar su futuro en este mundoAsegurar su futuro eterno
El dineroLo usó para su propio beneficioLo usa para hacer el bien
Su señorSirvió a las riquezasSirve solo a Dios
La cuenta finalPerdió su mayordomíaEscuchará: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré» (Mateo 25:21)

Conclusión

La parábola del mayordomo infiel nos recuerda tres verdades: todo lo que tenemos pertenece a Dios, un día daremos cuenta de cómo lo usamos, y no podemos servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo. Si los hijos de este mundo son tan sagaces para asegurar su futuro aquí, los hijos de luz debemos ser aún más diligentes en prepararnos para la eternidad.

Preguntas para reflexionar

  • ¿Administro mis bienes como dueño o como mayordomo de Dios?
  • ¿Uso lo que tengo para hacer el bien y apoyar la obra del Señor?
  • ¿Soy fiel en las cosas pequeñas?
  • ¿Deseamos la aprobación de Dios o la de los hombres?

Texto bíblico: Reina-Valera 1960.

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