LA CENA DEL SEÑOR – LA COMUNIÓN DEL CUERPO DE CRISTO Y LA SANGRE DE CRISTO:

1 CORINTIOS 10:16-17

Introducción

  1. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17 Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan”.
  2. Al participar de la cena del Señor el primer día de la semana el cristiano tiene comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo (participa en el cuerpo y en la sangre de Cristo). La Biblia de Las Américas dice: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo?” Al comer el pan y beber la copa participamos de los beneficios de la muerte de Cristo

 

  1. Los textos más apropiados que leer para la cena del Señor.
  2. Mateo 27:26-50; Marcos 15:15-37;  Lucas 23:33-46;  y Juan 19:16-30.
  3. Estos textos son relatos de la crucifixión de Cristo. Sería muy apropiado que alguno de ellos fuera leído por el hermano que presida en la cena del Señor. Igualmente la lectura personal de uno de estos textos sería la mejor manera de mantener la mente concentrada en la muerte de Cristo durante el servicio de participar de la cena.
  4. En los sermones y clases debemos enseñar ampliamente sobre la institución de la cena del Señor, cuándo y cómo participar de ella y otros textos relacionados, pero cuando participamos de la cena conviene leer textos sobre la muerte de Cristo en lugar de enseñar sobre la institución de la cena y cuándo participar de ella. Cristo dice, “Haced esto en memoria de mí” (1 Cor. 11:24).
  5. En el servicio mismo de participar de la cena es indispensable que todo hermano y toda hermana tengan su mente concentrada en la crucifixión de Cristo y la lectura de estos textos (relatos de la crucifixión de Cristo) es la mejor manera de hacerlo.

 

  1. Mateo 26:26, 28, “esto es mi cuerpo … esto es mi sangre”.
  2. Es correcto decir que el pan representasu cuerpo y que la copa representa su sangre.
  3. Compárese el uso de esta figura en los siguientes textos:  Génesis 41:26, “Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años”; Daniel 2:38, “ tú eres aquella cabeza de oro”; 1 Cor. 10:4, “la roca era Cristo”; Juan 10:9,”Yo soy la puerta”; Juan 15:5, “yo soy la vid”; Gálatas 4:24, ”estas mujeres son los dos pactos”, etc.
  4. Es totalmente inexcusable que se enseñe que Jesús dijera que el pan y la copa llegaran a serliteralmente su cuerpo y su sangre.
  5. Al dar gracias por el pan y la copa casi siempre se habla de este pan que representael cuerpo de Cristo y este fruto de la vid que representa la sangre de Cristo y es correcto decirlo.

 

  1. Jesús bendijoel pan, Mateo 26:26. ¿Qué significa?
  2. ¿Pronunció una bendición sobre el pan? ¿Hizo más espiritual el pan?
  3. El siguiente versículo dice, “Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio …” ¿Cuál es la diferencia entre “bendijo el pan” y “habiendo dado gracias” por la copa?  Ninguna. Las dos expresiones son iguales.
  4. Lucas 22:17-19 no dice “bendijo”; solamente dice “dio gracias”. Igualmente 1 Cor. 11:24, solamente dice “habiendo dado gracias”. Obviamente “bendijo el pan” quiere decir simplemente “dio gracias por el pan”.
  5. Entonces, ¿cómo  bendecimos la copa?  No pronunciamos bendición sobre la copa. No decimos “Bendice este pan, bendice esta copa”. No pedimos que Dios bendiga el pan y la copa; más bien, nosotros mismos bendecimos el pan cuando damos gracias y bendicimos la copa cuando damos gracias por ella.
  6. Si decimos, “Señor, bendice este pan” y “bendice esta copa” no damos gracias por el pan y por la copa. Decir “gracias por el privilegio o por la oportunidad de participar” no es dar graciaspor el pan y por la copa.
  7. Muchos hermanos creen que antes de participar de la cena del Señor debemos “orar por el pan” y “orar por la copa”, y en tales oraciones se hacen comentarios apropiados acerca de Cristo y su muerte, pero los textos bíblicos enseñan que debemos dar gracias por el pan y dar gracias por la copa. Y lamentablemente muchas veces los hermanos que “oran por el pan” y “oran por la copa” NO DAN GRACIAS POR EL PAN Y LA COPA, y resulta que por causa de esa omisión, los que participan de la cena tienen que hacerlo en silencio.
  8. La Copa. La palabra «copa» se usa figuradamente y significa «fruto de la vid», el líquido, el contenido, y no el vaso mismo: «habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros»; la «copa» se reparte (Luc. 22:17); «La copa de bendición que ben­decimos», el fruto de la vid, no el reci­piente (1 Cor. 10:16); «No podéis beber la copa del Señor»; la copa se bebe (1 Cor. 10:21); «bebiereis esta copa» (1 Cor. 11:26). Es error grande enseñar que el re­cipiente tiene significado, y que hay tres elementos que tienen simbolismo (pan, fruto de la vid, recipiente o vaso que con­tiene el fruto de la vid). La palabra «copa» se usa figuradamente otra vez en Mat. 26:39. La palabra «mesa» (1 Cor. 10:21) no se refiere a una mesa de madera, sino se usa figuradamente y se refiere a la cena del Señor.
    El texto no dice «tomando la copa que contenía el fruto de la vid y dio gracias por ellos». La copa es el fruto de la vid.

 

III. Debemos dar gracias por el pan que es la comunión con el cuerpo de Cristo y luego dar gracias por la copa que es la comunión con la sangre de Cristo. (1 Cor. 10:16).

  1. Repito que es correcto hablar del pan que representael cuerpo y la copa que representa la sangre de Cristo, pero hay mucho más que representación en la cena.
  2. Hay verdadera comunión (participación) con el cuerpo y la sangre de Cristo.
  3. Comunión – KOINONÍA. Según el Diccionario Expositivo del Sr. W.E. Vine, koinoníasignifica “la parte que uno tiene en cualquier cosa, participación, un compañerismo reconocido y gozado … de compartir en la conciencia de los efectos de la sangre, esto es, la muerte, de Cristo y de su cuerpo, como ello es proclamado por los emblemas en la Cena del Señor, 1 Co. 10.16, comunión”.
  4. En el contexto de este versículo Pablo dice, “no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios” (1 Cor. 10:20). Cuando los incrédulos participaban en las fiestas asociadas con sus ídolos, ellos tenían comunión con o participaban con los pecados asociados con tal culto.

El versículo 16 significa, pues, que al participar de la cena del Señor participamos en las bendiciones y beneficios espirituales de la muerte de Cristo.

Al participar de la cena del Señor el primer día de la semana, tenemos comunión próxima, íntima y directa con el sacrificio de Cristo. Al participar de la cena nuestra mente debe estar bien concentrada en el sufrimiento del crucificado Salvador y los beneficios que recibimos de ese sacrificio tan inmerecido. Una práctica recomendable es la lectura personal durante la cena de uno de los relatos de la crucifixión de Cristo, para evitar que la mente sea distraída del acto solemne.

  1. Filipenses 3:8-10, Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”.

Este texto nos ayuda a entender el significado de la palabra “comunión” o “participación”. Cuando Pablo hizo sacrificios para servir al Señor, él tenía comunión con los padecimientos del Señor. Igualmente nosotros, cuando hacemos sacrificios para servir al Señor tenemos comunión con los padecimientos de Cristo. En Luc. 9:23, Cristo “decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”.

Esta enseñanza se encuentra en varios textos y se refiere a cualquier sacrificio que el discípulo de Cristo haga para obedecer y servir a Cristo. De esta manera tenemos comunión con sus padecimientos.

  1. 1 Juan 1:6-7, “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”.

La palabra “comunión” en este texto es la misma koinonía que aparece en 1 Cor. 10:16 y Juan dice que esta comunión incluye la limpieza del pecado por medio de la sangre de Cristo. Esto equivale a lo que Pablo dice en 1 Cor. 10:16, que tenemos comunión con el cuerpo y con la sangre de Cristo cuando participamos de la cena del Señor. Al decir “sangre” Jesús dice, “que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.

En este texto Juan enfatiza que para tener esta comunión con la sangre de Cristo es indispensable que andemos en luz que significa cumplir con la voluntad del Señor en todo. Por eso, para participar de la sangre de Cristo debemos participar de la cena del Señor pero también debemos ser obedientes a la voluntad del Señor en todo.

Al participar de la cena del Señor recibimos fuerza espiritual para andar en la luz. La persona que participe correctamente de la cena del Señor está entregándose cuerpo y alma a todo lo que la cena significa.

  1. El cristiano participa de la cena sabiendo que de esta manera tiene comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo y que esto es el sabor anticipado de la gloria celestial cuando nuestra comunión con Cristo será completa e interminable.

 

  1. ¿Quiénes pueden tener esta comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo?
  2. Es para los que están “en” Cristo. Gálatas 3:26-27, “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”. Este texto explica que somos “bautizados en Cristo”. Primero oímos el evangelio y esto produce la fe (Rom. 10:17). Entonces nos arrepentimos de los pecados (Hechos 17:30), confesamos nuestra fe en Cristo (Rom. 10:9, 10; Hech. 8:37) y luego somos bautizados (sumergidos, Rom. 6:4) en agua (Hech. 8:36; 10:48) para el perdón de pecados (Hech. 2:38) y de esa manera estamos “en” Cristo. ¿Cómo puede alguno tener comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo si no está “en” Cristo?
  3. Sin embargo, durante el servicio de participar de la cena del Señor no conviene que algún hermano se constituya en juez  para decidir quiénes puedan participar de la cena y quiénes no puedan hacerlo. 1 Cor. 11:28, “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa”. Si algún hermano se siente obligado a anunciar que la cena no es para los visitantes y que la ofrenda no es para los visitantes, también debe agregar que los visitantes no deben cantar, ni orar, ni escuchar el sermón, ni participar en la clase bíblica. A veces algún hermano anuncia que solamente los miembros están obligados a ofrendar y que no pedimos dinero a los visitantes, pero con esto el visitante se molesta y dice, “y el dinero mío, ¿qué tiene?” Con esto queriendo resolver un problema creamos otro.
  4. El “problema” resulta de tener culto públicoe invitar a todos a acompañarnos. Si queremos estar seguros de excluir de la adoración (y en particular la cena) a los que no han obedecido al evangelio, tendremos que tener servicio privado, exclusivamente para miembros de la iglesia. Y luego todavía tendríamos problemas porque no son fieles todos los miembros y sería necesario juzgar la fidelidad de cada participante.

 

  1. “Esto es mi sangre del nuevo pacto” (Mateo 26:28). La “cena” (o “fiesta”) del Señor es “fiesta de pacto”.
  2. Lucas 22:20, “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”.
  3. Éxodo 19:5, cuando el pueblo de Israel llegó al monte Sinaí Dios les dijo, “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardaréis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos…”  Deuteronomio 4:13, “Y él os anunció su pacto el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos…”
  4. Pero Jeremías 31:31 anuncia el nuevo pacto. “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá”. Hebreos 8:8-12 cita este texto y dice “Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero”. Hebreos 9:15, “Así que, por eso (Cristo) es mediador de un nuevo pacto …”
  5. El Nuevo Pacto (Testamento) de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus beneficios para el hombre, está íntimamente relacionado con la sangre de Cristo, porque con ella el pacto de Cristo fue sellado y confirmado.
  6. Por medio del Nuevo Pacto recibimos la remisión de pecados y “toda bendición espiritual” que la sangre de Cristo compró para nosotros.
  7. La copa simboliza el pacto en la sangre de Cristo. Por lo tanto, al beber la copa cada primer día de la semana confirmamos nuestro pacto con Cristo, por medio del cual recibimos la gracia de Dios.
  8. Debemos estar sumamente agradecidos con Dios por el nuevo pacto y las bendiciones innumerables que recibimos por la gracia de Dios por la cual somos “justificados gratuitamente” (Romanos 3:24) y que reina “por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (Romanos 5:21).

 

  1. 1 Corintios 10:17, “siendo uno el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan”.
  2. El “cuerpo de Cristo” en 1 Cor. 10:16 no se refiere a la iglesia sino al cuerpo físico de Cristo, el cuerpo que fue ofrecido en la cruz para expiar los pecados del mundo. Esto se confirma en 1 Cor. 11:24; Pablo cita las palabras de Cristo, hablando del pan, “Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido…”
  3. El pan es una sola substancia y representa el cuerpo físico de Cristo, así también los cristianos somos un solo pan, un solo cuerpo espiritual, la iglesia de Cristo, teniendo comunión con el cuerpo físico de Cristo cuando participamos de la cena del Señor.
  4. Tenemos comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo y al mismo tiempo tenemos comunión unos con otros como miembros del cuerpo (iglesia) de Cristo.

 

Conclusión:

  1. Mateo 27:26-50; Marcos 15:15-37;  Lucas 23:33-46;  y Juan 19:16-30. Al participar de la cena del Señor ¿debemos “recordar” qué? 1 Cor. 11:24, “Haced esto en memoria de mí”; “la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”.
  2. Jesús “bendijo” el pan cuando dio gracias. Mateo 26:26, “tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió”; Luc. 22:19, “Y tomó el pan y dio gracias”. Obviamente es la misma cosa.

No dejemos de dar gracias por  el pan y por la copa. Muchas veces los hermanos que presidan no lo hacen y los miembros de la iglesia tenemos que dar gracias en silencio.

  1. “Esto es mi cuerpo … mi sangre”. Es correcto decir que el pan y la copa “representan” su cuerpo y sangre, pero ¿cuántas veces dicen “este pan que es la comunión con el cuerpo de Cristo” y “esta copa que es la comunión con la sangre de Cristo”? Casi nunca. ¿Por qué descuidar esta preciosa verdad? Al participar de la cena participamos de los beneficios y bendiciones de la muerte de Cristo.
  2. “Esto es mi sangre del nuevo pacto”. La cena del Señor está bien asociada con el Nuevo Pacto que fue sellado y confirmado por la sangre de Cristo.
  3. ¿Quiénes deben participar de la cena del Señor? Los fieles; es decir, los miembros de la iglesia que buscan primeramente el reino de Dios. Estos no dicen, “No pude participar de la cena porque tuve que trabajar … había visita … hizo mucho frío … no me sentía bien” … y otra mil excusas.
  4. Hebreos 10:25, “no dejando de congregarnos”. La palabra “dejar” se traduce “desamparar” en Hebreos 13:5. Si está bien que el miembro de la iglesia deje de participar de la cena “de vez en cuando”, igualmente está bien que Dios nos “desampare” de vez en cuando.

 

 

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