Zaqueo, también es hijo de Abraham

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Texto base: Lucas 19:1-10

Introducción

Muchas personas, al oír de Jesús, de sus enseñanzas y de sus milagros, tenían un gran deseo de conocerle. Jesús llega a la ciudad de Jericó, y ahí hay una multitud que desea verlo. Entre esa multitud está un hombre llamado Zaqueo, que tiene el mismo deseo que todos, pero no puede ver a Jesús porque es pequeño de estatura.

Lucas sitúa la escena mientras Jesús va camino a Jerusalén, es decir, hacia la cruz (19:11, 28). Jericó es una de sus últimas paradas. El contexto inmediato también importa:

  • 18:18-27: un joven rico se va triste porque no quiere dejar sus riquezas, y Jesús enseña que lo imposible para los hombres es posible para Dios.
  • 18:35-43: a la entrada de Jericó, Jesús devuelve la vista a un ciego que clamaba por él.

Con ese trasfondo, en esta historia vamos a meditar en cinco aspectos de Zaqueo.

1. Zaqueo es pequeño, pero con un gran deseo (vv. 1-4)

«Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí» (Lucas 19:1-4).

¿Cómo será Jesús? ¿Será alto, será bajo? ¿Será gordo, será delgado? ¿Cómo será el sonido de su voz? Estas y muchas preguntas más podían venir a la mente de las personas que deseaban conocerlo.

Zaqueo es bien conocido en Jericó por tres cosas:

  • Era jefe de los publicanos. Los publicanos eran los recaudadores de impuestos para los romanos. Muchos cobraban de más y se quedaban con la diferencia, por eso el pueblo los consideraba traidores y ladrones. Zaqueo no era uno más: era el jefe.
  • Era rico. Jericó era una ciudad próspera y un cruce comercial importante, así que había mucho que cobrar.
  • Era pequeño de estatura.

Vemos en Zaqueo un buen deseo: conocer a Jesús. Aunque se le presentaron obstáculos para hacerlo realidad, él los venció. Corrió adelante, se subió a un árbol sicómoro y ahí esperó. Para un hombre rico e importante, correr y trepar a un árbol no era algo digno, pero su deseo pesó más que su orgullo.

2. Zaqueo recibe más de lo que deseaba (vv. 5-6)

«Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso» (Lucas 19:5-6).

Zaqueo está en el sicómoro, muy atento a todo. Jesús se viene acercando y se detiene. Aunque Zaqueo está calladito, solo viendo, el Señor sabe que está ahí: mira hacia arriba, lo llama por su nombre y le dice que se dé prisa en bajar, porque es necesario que él pose en su casa. Zaqueo se baja más rápido de lo que se subió y, muy gozoso, recibe al Señor en su casa.

Zaqueo solo quería ver a Jesús, y terminó hospedándolo. Notemos tres detalles:

  • Jesús lo llama por su nombre. El buen pastor conoce a sus ovejas y a cada una la llama por su nombre (Juan 10:3).
  • «Hoy». Jesús iba a Jerusalén a morir y no volvería a pasar por Jericó. Era la oportunidad de Zaqueo, y no la dejó pasar.
  • «Es necesario». Jesús no le exige cambiar antes de entrar en su casa. Primero lo acepta, y el cambio viene como respuesta.

3. Zaqueo tiene mala fama (v. 7)

«Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador» (Lucas 19:7).

La gente tiene a Zaqueo por pecador, y como tal, según ellos, no merece la visita de Jesús. ¿Ser el jefe de los publicanos lo hacía pecador? ¿Ser rico lo hacía pecador? ¿Ser pequeño lo hacía pecador? Los recaudadores de impuestos tenían fama de ladrones y avaros.

La murmuración la dirigen contra el Señor Jesús. Así era la gente: primero lo querían conocer, y ahora están prontos para criticarlo. No era la primera vez: ya lo habían criticado por comer con publicanos y pecadores (Lucas 5:30; 15:1-2). ¿Qué hubieran dicho si Jesús iba a la casa de ellos?

4. Zaqueo da más de lo que se le pidió (v. 8)

«Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado» (Lucas 19:8).

Jesús solo le pidió que se diera prisa en bajar y que lo hospedara. Pero la sola presencia de Jesús obró en Zaqueo un espíritu de arrepentimiento, que significa cambio de actitud. Se pone de pie y expresa lo que ha decidido:

  • La mitad de sus bienes para los pobres. El joven rico no quiso desprenderse de sus riquezas (Lucas 18:22-23); Zaqueo lo hace sin que nadie se lo pida. Así se cumple lo que Jesús había dicho: lo que es imposible para los hombres es posible para Dios (Lucas 18:27).
  • Devolver cuatro veces lo defraudado. La Ley de Moisés pedía devolver lo defraudado más una quinta parte (Levítico 6:5; Números 5:7). Devolver cuatro veces era la pena para el robo de ganado (Éxodo 22:1; ver 2 Samuel 12:6). Zaqueo se impone, por su propia voluntad, mucho más de lo que la Ley le exigía.

La frase «si en algo he defraudado a alguno» no es una duda. En el griego, esa forma de hablar suele referirse a algo que se reconoce como real, como si dijera: «a quien haya defraudado». Zaqueo sabía que había hecho mal, y ahora está dispuesto a repararlo con creces.

Zaqueo está haciendo honor a su nombre, que significa puro o justo.

5. Zaqueo encuentra la salvación (vv. 9-10)

«Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:9-10).

Nuestro Señor miró con agrado la buena actitud de Zaqueo. Sabía que este hombre necesitaba una oportunidad para hacer los cambios necesarios y acercarse a Dios con buena actitud.

«También es hijo de Abraham». Esta frase tiene dos sentidos:

  • Pertenece al pueblo de Dios. La gente lo había excluido como pecador, pero Jesús lo devuelve a la comunidad. Lo mismo hizo con la mujer encorvada, a quien llamó «hija de Abraham» (Lucas 13:16).
  • Hace las obras de Abraham. Juan el Bautista había advertido que no bastaba con decir «a Abraham tenemos por padre», sino que había que dar frutos dignos de arrepentimiento (Lucas 3:8). Zaqueo es un hijo de Abraham con frutos (ver también Juan 8:39; Gálatas 3:7).

La misión del Señor. El versículo 10 resume todo el ministerio de Jesús: buscar y salvar lo que se había perdido. Es la misma enseñanza de la oveja, la moneda y el hijo perdidos (Lucas 15), y cumple la promesa de Dios como pastor de su pueblo (Ezequiel 34:16). Zaqueo buscaba ver a Jesús, pero en realidad era Jesús quien lo buscaba a él.

Zaqueo recibió la salvación durante el ministerio personal de Jesús en la tierra, antes de la cruz y de la Gran Comisión. Hoy el Señor sigue buscando a los perdidos por medio del evangelio, y la respuesta que pide es la misma que vemos en el libro de Hechos.

Aplicación

La historia de Zaqueo nos enseña que nadie está demasiado lejos para que el Señor lo busque.

  1. Tengamos el mismo deseo de Zaqueo de conocer al Señor. Conocerlo a través de su Palabra, su amor, su bondad, su mansedumbre y su carácter, como él mismo nos invita: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mateo 11:28-29).
  2. Venzamos los obstáculos. Que nuestro deseo sea tan grande que estemos dispuestos a vencer todo lo que se nos presente, como lo expresa el apóstol Pedro: «a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso» (1 Pedro 1:8).
  3. Seamos hospitalarios con gozo. No debemos hospedar de mala gana o por compromiso. La buena actitud y el gozo cuentan para ser buenos hospitalarios: «No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles» (Hebreos 13:2); «Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones» (1 Pedro 4:9).
  4. No seamos como la multitud que murmura. Cuando alguien con mala fama se acerca al Señor, en lugar de criticar, alegrémonos, porque así hay gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente (Lucas 15:7).
  5. Confiemos en el perdón de Dios. Lo que hicimos antes de ser cristianos será perdonado por nuestro Dios, y eso significa que él lo borrará: «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados» (Hechos 3:19).
  6. Convirtámonos de forma sincera y restituyamos lo que debamos. Así lo predicó Pablo: que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, «haciendo obras dignas de arrepentimiento» (Hechos 26:20).
  7. Compartamos las bendiciones que Dios nos da. Muchos ricos no quieren ser ricos en buenas obras porque confían en sus riquezas: «A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo […]. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos» (1 Timoteo 6:17-18).
  8. Busquemos a los perdidos como lo hizo Jesús. La misión del Hijo del Hombre (v. 10) es también la nuestra: llevar el evangelio a quienes otros dan por perdidos.

Preguntas para reflexión

  1. ¿Qué obstáculos nos impiden hoy «ver» a Jesús, y cómo podemos vencerlos?
  2. ¿Por qué crees que Jesús se invitó a la casa de Zaqueo antes de que este cambiara?
  3. ¿En qué se diferencia la respuesta de Zaqueo de la del joven rico (Lucas 18:18-23)?
  4. ¿Hay personas a quienes, como la multitud, consideramos demasiado pecadoras para el evangelio?
  5. ¿Qué tenemos que restituir o reparar como fruto de nuestro arrepentimiento?

Citas bíblicas de la Reina-Valera 1960.

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