Llegué por necesidad, me quedé por amor

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Bosquejo de sermón · Deuteronomio 15:12-18

Introducción

En la vida hay situaciones que se nos pueden salir de control: una enfermedad, un despido de un trabajo, perder una propiedad. Todo esto puede cambiar nuestra vida en un segundo, de tener estabilidad a quedar en profunda pobreza.

Dios enseñó a su pueblo por medio de Moisés cuáles eran los pasos a seguir si eso pasaba. Había responsabilidades para el que quedaba en pobreza y para el que estaba dispuesto a ayudar. Y en esa ley, Dios dejó una hermosa figura de lo que Cristo ha hecho por nosotros.

Les invito a que vayamos a leer la Palabra de Dios.

I. Siervo por necesidad (Deuteronomio 15:12-15)

12Si se vendiere a ti tu hermano hebreo o hebrea, y te hubiere servido seis años, al séptimo le despedirás libre.

Deuteronomio 15:12
  1. Perderlo todo significaba muchas veces extrema pobreza. Una solución para no morir de hambre era venderse a su hermano. La persona venía a ser siervo por necesidad. Iba a trabajar por su comida, para que su familia y él tuvieran comida y techo. En realidad, esto era una gran bendición (Éxodo 21:1-2).
  2. Dios puso límites para proteger al siervo. El hebreo que lo aceptara como siervo tenía que tratarlo bien, y solo podía servirle por 6 años. En el séptimo año tenía que liberarlo y no mandarlo con las manos vacías: “13Y cuando lo despidieres libre, no le enviarás con las manos vacías. 14Le abastecerás liberalmente de tus ovejas, de tu era y de tu lagar; le darás de aquello en que Jehová te hubiere bendecido.”
  3. Dios le recordó a Israel de dónde venía. “15Y te acordarás de que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te rescató.” Israel debía tratar bien al siervo porque ellos también habían sido esclavos, y Dios los había rescatado. Guardemos esta palabra, porque más adelante veremos que también describe nuestra historia.
  4. Dios también pensaba en el que ayudaba. No le debía parecer duro dejarlo ir, porque Dios lo bendeciría en todo lo que hiciera (v. 18). Hoy también se nos manda: «hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gálatas 6:10).

II. Siervo por amor (Deuteronomio 15:16-17)

  1. El día esperado. Piense por un momento: pasar 6 años como siervo para no morir de hambre ni usted ni su familia. Y llega el séptimo año. ¡Qué alegría! ¡Qué emoción! UN MOMENTO ESPERADO. Es una gran bendición, y viene otra bendición bonita: Dios no quiere que se vaya con las manos vacías. Su hermano hebreo, que recibió sus servicios por 6 años, debe compartir de las bendiciones que Dios le dio.
  2. Pero el siervo no quiere irse. Piense por un momento ahora que ya pasaron los 6 años y ya llegó el séptimo año, en el que usted será libre. PERO usted no quiere ser libre: “16Si él te dijere: No te dejaré; porque te ama a ti y a tu casa, y porque le va bien contigo.” Ahora quiere ser siervo ya no por necesidad, sino por amor. Éxodo lo dice con palabras todavía más bonitas: “Yo amo a mi señor… no saldré libre” (Éxodo 21:5).
  3. La marca para toda la vida. “17Entonces tomarás una lesna, y horadarás su oreja contra la puerta, y será tu siervo para siempre.” El siervo por amor llevaba en su cuerpo una marca que todos podían ver. Esa oreja decía: «yo no sirvo por obligación; sirvo porque amo a mi señor».

III. Ahora hagamos aplicación para nosotros

  1. Éramos esclavos del pecado. Desde que llegamos a ser jóvenes, nuestro corazón se inclinó al pecado: «el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud» (Génesis 8:21). «Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado» (Juan 8:34; Romanos 6:17). Estábamos vendidos al pecado (Romanos 7:14). Estábamos en miseria: «¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?» (Romanos 7:24).
  2. Venimos a Cristo por necesidad. Así como el hebreo se vendía para no morir de hambre, nosotros venimos a Cristo por necesidad del perdón: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados» (Hechos 2:38). En Él «tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados» (Colosenses 1:14).
  3. Cristo nos rescató. Como Jehová rescató a Israel de Egipto (Deuteronomio 15:15), Cristo nos rescató del pecado: “18…fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… 19no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19). Él vino como nuestra mayor bendición: «Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro» (Romanos 7:25). Y en Cristo no hay condenación (Romanos 8:1-2). «Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres» (Juan 8:36).
  4. Libres del pecado, pero siervos de Dios. Cristo nos liberó del pecado, pero seguimos siendo siervos, ahora de un nuevo Señor: «libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia» (Romanos 6:18, 22). Pedro lo dice así: “16como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios” (1 Pedro 2:16). Servimos «como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios» (Efesios 6:6).

El siervo hebreo y nosotros

Pongamos lado a lado la historia del siervo hebreo y la nuestra:

El siervo hebreoNosotros
Su situaciónLo perdió todoEsclavos del pecado (Jn 8:34)
Cómo llegóPor necesidad, para no morir de hambrePor necesidad del perdón (Hch 2:38)
Su libertadAl séptimo año salía libreCristo nos rescató con su sangre (1 P 1:18-19)
Su servicioServía a su hermanoLibres, pero siervos de Dios (Ro 6:22)
El trato«Le va bien contigo»«Mi yugo es fácil» (Mt 11:30)
Su decisión«Yo amo a mi señor»Siervos por amor (2 Co 5:14)
La marcaLa oreja horadadaLas marcas del Señor Jesús (Gá 6:17)
El siervo hebreo y nosotros, lado a lado

Conclusión

¿Pero cómo nos ha tratado Cristo? Por Él hemos recibido la reconciliación (Romanos 5:11). Él nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros (Gálatas 2:20). Y su servicio no es una carga pesada: “29Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Mateo 11:29-30. Con Cristo «nos va bien», como al siervo con su señor. Y aunque somos sus siervos, Él nos llama amigos (Juan 15:15).

«Porque el amor de Cristo nos constriñe… para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Corintios 5:14-15). Por eso Pablo se presentaba con orgullo como «siervo de Jesucristo» (Romanos 1:1), y decía: «yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús» (Gálatas 6:17). El siervo hebreo llevaba la marca en su oreja; ¿qué marca muestra hoy que nosotros le pertenecemos a Cristo?

Digamos ahora: Yo vine a ser siervo o esclavo de Cristo por necesidad, pero Él me ha tratado muy bien, y ahora quiero ser su siervo por AMOR. No me quiero separar de ÉL porque me ha tratado muy bien.

Amigo, si usted todavía es esclavo del pecado, Cristo pagó el precio de su libertad. Venga a Él hoy por necesidad, y pronto le servirá por amor.


Las citas bíblicas son de la versión Reina-Valera 1960.

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