Estudio bíblico · 3 Juan 1-12
Introducción
Todos imitamos a alguien. Los hijos imitan a sus padres, los alumnos a sus maestros y los hermanos nuevos a los hermanos de más tiempo. La pregunta no es si vamos a imitar, sino a quién.
El apóstol Juan escribió su tercera carta y la dirigió a un hermano fiel llamado Gayo. Alabó sus buenas cualidades y lo animó a seguir fiel al Señor. Luego le presentó el dilema de escoger entre dos ejemplos, uno malo y otro bueno, y le dio un consejo que sigue vigente para nosotros:
11Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.
3 Juan 11
En esta carta conocemos a tres hermanos: Gayo, que tenía que escoger; Diótrefes, el mal ejemplo; y Demetrio, el buen ejemplo.
I. Gayo, el hermano que anda en la verdad (vv. 1-8)
3Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. 4No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad. 5Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, 6los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor.
3 Juan 3-6
Juan nos muestra qué clase de hermano era Gayo:
- Era amado. Juan lo llama «el amado, a quien amo en la verdad» (v. 1), y lo saluda cuatro veces como «amado» (vv. 2, 5, 11).
- Andaba en la verdad. No solo conocía la verdad; vivía conforme a ella, y otros hermanos lo podían confirmar (v. 3).
- Servía a los hermanos, aun a los desconocidos. Recibía en su casa a los predicadores que viajaban, los atendía y los encaminaba en su viaje (vv. 5-6).
- Cooperaba con la verdad. Al ayudar a los que predicaban, él también tenía parte en la obra: «debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad» (v. 8).
Gayo era un buen hermano, pero en la misma iglesia había un hombre que podía arrastrarlo por el camino equivocado. Por eso Juan le advierte.
II. Diótrefes, el mal ejemplo (vv. 9-10)
9Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. 10Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia.
3 Juan 9-10
Aquí está el mal ejemplo. Diótrefes amaba y deseaba siempre tener el primer lugar. Seguramente no llegó a eso de un día para otro: poco a poco fue tomando el control de la iglesia, y la iglesia permitió que él llegara a tener control de todo. Juan menciona sus pecados:
- Amaba el primer lugar. Esa era la raíz de todo lo demás (v. 9).
- No respetó la autoridad apostólica. No recibió la carta de Juan ni a los que él enviaba (v. 9).
- Hizo falsas acusaciones. Parloteaba con palabras malignas contra los apóstoles (v. 10).
- Cerró la puerta a los hermanos. Él decidía a quiénes recibir y a quiénes no (v. 10).
- Castigaba a los que hacían el bien. A los que se atrevían a recibir a los hermanos se lo prohibía, y si no acataban su orden, los expulsaba de la iglesia (v. 10).
Se podría decir que el rótulo podía decir: «Aquí se reúne la Iglesia de Cristo», pero la realidad era la iglesia de Diótrefes. Cuando hoy alguien quiere tener el primer lugar en la iglesia y tomar decisiones como si la iglesia fuera suya, a esa actitud se le llama: DIOTREFISMO.
El Señor enseñó exactamente lo contrario: “26Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.” Mateo 20:26.
Ni los ancianos deben tener esa actitud. Leamos lo que el apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, les enseñó: “2Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 4Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” 1 Pedro 5:2-4.
Si los ancianos, que sí tienen autoridad para pastorear, no deben tener señorío sobre la grey, mucho menos un hermano que se impone sin que nadie lo haya puesto. El diotrefismo no es solo problema de líderes: cualquiera de nosotros puede querer que todo se haga a su manera.
III. Demetrio, el buen ejemplo (vv. 11-12)
12Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la verdad misma; y también nosotros damos testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdadero.
3 Juan 12
Demetrio es puesto como un buen ejemplo. De Diótrefes, Juan tuvo que denunciar sus obras; de Demetrio, solo tuvo que presentar testigos. Su buen testimonio venía de tres fuentes:
- «Todos dan testimonio de Demetrio». Los hermanos, y probablemente también los de afuera, hablaban bien de él. Esa es una cualidad que Dios pide a los que sirven en la iglesia: «es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera» (1 Timoteo 3:7).
- «Y aun la verdad misma». Su vida estaba de acuerdo con el evangelio. Si se ponía su conducta al lado de la Palabra de Dios, la Palabra misma lo respaldaba.
- «Y también nosotros damos testimonio». El apóstol Juan lo conocía y lo recomendaba con toda confianza.
Un buen nombre vale más que muchas riquezas (Proverbios 22:1), y no se construye con palabras sino con años de conducta fiel.
IV. Dos caminos, una decisión
Gayo tenía los dos ejemplos delante. Pongámoslos lado a lado:
| Diótrefes | Demetrio | |
|---|---|---|
| Buscaba | El primer lugar (v. 9) | Hacer lo bueno (v. 11) |
| Con los apóstoles | No los recibía (v. 9) | Juan daba testimonio de él (v. 12) |
| Con sus palabras | Parloteaba con palabras malignas (v. 10) | Andaba conforme a la verdad (v. 12) |
| Con los hermanos | No los recibía y expulsaba a los que sí (v. 10) | Todos daban buen testimonio de él (v. 12) |
| Conclusión | «No ha visto a Dios» (v. 11) | «Es de Dios» (v. 11) |
Los que hacen lo bueno, como Gayo y Demetrio, son de Dios porque agradan a Dios. Pero el que hace lo malo, como Diótrefes, no ha visto a Dios ni conoce a Dios.
La Biblia nos anima a imitar a los que andan bien. Leamos lo que el apóstol Pablo escribió a los hermanos en Tesalónica: “7Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, 8ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; 9no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis.” 2 Tesalonicenses 3:7-9. Los hermanos podían recordar la conducta de Pablo entre ellos e imitarle.
También leamos Hebreos 13:7: “7Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.” Los hermanos podían recordar la vida ejemplar de los pastores e imitarles.
Pero todo buen ejemplo humano apunta a uno mayor: “1Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” 1 Corintios 11:1. Imitamos a los hermanos fieles en la medida en que ellos imitan a Cristo.
Aplicación
- ¿A quién me parezco más? ¿A Diótrefes, que buscaba el primer lugar, o a Demetrio, de quien todos daban buen testimonio?
- ¿Busco ser servido o servir? «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo» (Filipenses 2:3).
- ¿Qué testimonio dan de mí los hermanos, los de afuera y la verdad misma?
- ¿A quién estoy imitando? Escoja con cuidado a quién sigue; y recuerde que otros, tal vez nuevos en la fe, lo están observando a usted.
Conclusión
Tengamos presente que los buenos ejemplos siempre están para que los imitemos y los malos ejemplos para evitarlos. Al ver los dos podemos hacer la diferencia entre ellos.
Gayo tenía que escoger, y nosotros también. Que en nuestra iglesia no haya lugar para el diotrefismo, sino para hermanos como Gayo, que sirven, y como Demetrio, de quienes todos pueden dar buen testimonio. “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno.”
Las citas bíblicas son de la versión Reina-Valera 1960.
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