Dos parábolas sobre la oración

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Lucas 18:1-14

Introducción

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.

Lucas 18:1

Una necesidad es algo que no se puede dejar de lado. El Señor quería que sus discípulos miraran la oración como una necesidad apremiante, no como algo opcional. Para enseñarlo, presentó dos parábolas. La primera enseña a orar con perseverancia y fe. La segunda enseña a orar con humildad.

1. La viuda y el juez injusto (v. 2-8)

La parábola

Jesús pone el ejemplo de un juez que ni temía a Dios ni respetaba a hombre alguno. De un juez así no se espera justicia. En la misma ciudad había una viuda que venía a él con esta petición: «Hazme justicia de mi adversario».

Se menciona a una viuda porque estas mujeres a menudo no tenían a nadie que las defendiera (Éxodo 22:22-24; Deuteronomio 27:19). La Ley ordenaba a los jueces defender a los indefensos (Isaías 1:17; Jeremías 22:3), pero eso no le importaba a este hombre. Como no temía a Dios, los argumentos sobre lo que es correcto no lo iban a persuadir.

Por un tiempo el juez no quiso hacerle justicia. Pero ella no cambió su petición ni dejó de venir. Lo único que quebrantó su coraza fue la insistencia de la viuda:

Sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.

Lucas 18:5

Una enseñanza por contraste

Ahora el Señor hace una pregunta muy importante:

¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?

Lucas 18:7

El juez de la parábola es injusto, pero Dios en el cielo es justo (Job 34:10-12). Si un juez injusto atiende la súplica de alguien que no le importa, solo por su insistencia, ¿qué podemos esperar de Dios cuando sus escogidos, a quienes ama, se presentan ante Él?

El juez injusto Dios
Es injusto Es justo (Job 34:10-12)
No teme a Dios ni respeta a nadie Ama a sus escogidos
Atiende a una viuda que no le importa Escucha a sus hijos que claman día y noche
Responde de mala gana, para que no lo moleste Responde pronto, en el momento oportuno

Puede parecer que Dios se demora, porque es paciente con los pecadores (2 Pedro 3:9). Pero no demorará la justicia para siempre. Jesús lo asegura: «Os digo que pronto les hará justicia» (v. 8).

Por qué perseverar en la oración

Por lo tanto, nosotros también debemos ser persistentes en nuestras oraciones (1 Tesalonicenses 5:17; Efesios 6:18; Romanos 12:12). No lo hacemos para quebrantar la resistencia de Dios, sino porque sabemos que Él responde las oraciones sinceras (Colosenses 4:2).

¿Hallará fe en la tierra?

Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

Lucas 18:8

La oración es una expresión directa de fe. Al presentar nuestros problemas ante Dios, mostramos que creemos que Él puede resolverlos y que lo hará. Por eso Jesús pregunta si sus seguidores mantendrán la fe y la perseverancia en la oración hasta el fin (1 Pedro 4:7; Hebreos 3:14).

2. El fariseo y el publicano (v. 9-14)

A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola.

Lucas 18:9

Lucas nos dice primero a quiénes iba dirigida esta parábola: a los que se creían justos y despreciaban a los demás. Dos hombres subieron al templo a orar, pero con actitudes muy distintas.

La oración del fariseo

El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.

Lucas 18:11-12

El texto dice que oraba «consigo mismo». Su oración era un monólogo y una exaltación de sí mismo, como si le dijera a Dios: «Mira qué bueno soy». La Ley pedía ayunar una vez al año, en el Día de la Expiación (Levítico 16:29), y él se jactaba de ayunar dos veces por semana. No confesó ningún pecado ni pidió nada. Se parecía a la iglesia de Laodicea, que se creía rica y sin necesidad de nada (Apocalipsis 3:17-18).

La oración del publicano

Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.

Lucas 18:13

El publicano no se sentía digno ni de acercarse. Se quedó lejos, no alzó la vista al cielo y se golpeaba el pecho en señal de dolor. Aceptó que era pecador y solo pidió misericordia.

La conclusión de Jesús

Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Lucas 18:14

El fariseo El publicano
Su postura De pie, seguro de sí Lejos, sin alzar los ojos
Habló de Sus virtudes Su pecado
Se comparó con Los demás hombres Con nadie; solo se presentó ante Dios
Pidió Nada Misericordia
Resultado No fue justificado Descendió justificado

El fariseo no reconoció sus pecados ni pidió perdón. El publicano reconoció sus pecados y pidió misericordia. «Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes» (Santiago 4:6).

Conclusión

Estas dos parábolas nos enseñan cómo debe ser nuestra oración:

  • La viuda nos enseña a orar siempre y no desmayar, confiando en un Dios justo aunque la respuesta tarde.
  • El publicano nos enseña a orar con humildad, reconociendo nuestro pecado y pidiendo misericordia.

Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará esa fe en nosotros?

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