El día en que el Hijo del Hombre se manifieste

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Estudio de Lucas 17:20-37

Introducción

Maestros de diversas denominaciones relacionan muchas ideas extrañas con la segunda venida de Cristo. A menudo estas ideas surgen de aplicar versículos a temas que el autor original nunca tuvo en mente. En Lucas 17:20-37, Jesús habla de un juicio venidero, pero para entender lo que dice debemos preguntarnos a qué juicio se refiere.

En este estudio veremos que el pasaje se refiere en primer lugar a la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 d. C., un juicio que vendría sobre la generación que rechazó a Jesús (v. 25). Al mismo tiempo, ese juicio sirve como anticipo y advertencia del juicio final, cuando Cristo vuelva. Por eso Jesús usa ilustraciones que, en otros pasajes, aplica también a su segunda venida.

1. ¿Cuándo vendrá el reino? (Lucas 17:20-21)

Los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo vendría el reino de Dios. Esperaban un rey terrenal que guiara a los judíos en una rebelión contra Roma y restaurara a Israel como gran potencia. Seguramente imaginaban a ese rey entrando en Jerusalén con gran esplendor. Pero no entendían la naturaleza del reino de Dios: no sería un reino político, sino espiritual. Aun los apóstoles tardaron en comprenderlo (Hechos 1:6-8).

Es posible que la pregunta tuviera además mala intención. Si Jesús anunciaba que estaba por establecer un reino, los fariseos podrían acusarlo ante el gobernador romano de querer instaurar un nuevo gobierno, y así librarse de él. Más tarde lo acusaron precisamente de eso (Lucas 23:2).

Jesús respondió que el reino no vendría “con advertencia”, es decir, con señales visibles que se pudieran señalar con el dedo. Y añadió: “el reino de Dios está entre vosotros” (v. 21). La expresión griega puede traducirse “dentro de vosotros” o “entre vosotros”, y se entiende de dos maneras que no se contradicen. Puede significar que el Rey ya estaba en medio de ellos y no lo reconocían. También puede señalar la naturaleza espiritual del reinado de Cristo (Juan 18:36). Pero esto no quiere decir que el reino sea solo una buena disposición del corazón: Jesús no dice que el reino entra en el hombre, sino que el hombre entra en el reino (Juan 3:5). Poco después el reino quedaría establecido, y hoy los salvados son trasladados a él (Colosenses 1:13).

2. No se dejen engañar (Lucas 17:22-25)

Luego Jesús se dirigió a sus discípulos para hablarles de acontecimientos futuros. Les advirtió que vendrían tiempos difíciles en que desearían ver “uno de los días del Hijo del Hombre”. En medio de la persecución y la tribulación (Mateo 24:9-13; Lucas 21:12-19) desearían tenerlo presente como su Libertador. Los escritores del Nuevo Testamento expresan con frecuencia ese anhelo por el regreso de Cristo (2 Timoteo 4:8; Tito 2:13; Santiago 5:7-9; Apocalipsis 22:20).

Ese deseo los haría vulnerables a los engañadores que dirían “helo aquí” o “helo allí”. Jesús les ordenó no ir tras ellos. Es la misma advertencia que dio al hablar de la caída de Jerusalén (Mateo 24:4-5, 11, 23-26). Entre la ascensión de Cristo y el año 70 se levantaron varios engañadores; uno de ellos fue “el egipcio” que sacó al desierto a cuatro mil sicarios (Hechos 21:38). Siempre que Dios ha juzgado a una nación, han aparecido falsos maestros diciendo que no pasa nada malo, que las cosas no están tan mal, que no hay necesidad de cambiar porque Dios los acepta tal como son (Jeremías 8:11; Ezequiel 13:10). Cuando la gente escucha a estos falsos profetas, no percibe las señales del juicio que se acerca y se pone en peligro.

El lenguaje del juicio

Cuando Jesús venga a juzgar, no lo hará en secreto, en algún rincón. Será tan evidente como el relámpago que ilumina el cielo de un extremo a otro (v. 24). Jesús usa expresiones que el Antiguo Testamento ya empleaba para los juicios de Dios sobre ciudades y naciones:

  • “Aquel día”: se usa para el juicio de Dios sobre Egipto (Isaías 19:16-17). Indica que Dios ha fijado un día para ese juicio.
  • “El día de Jehová”: se usa para la destrucción de Babilonia (Isaías 13:6, 9) y también para el juicio sobre Judá (Joel 2:1). El día de la retribución le pertenece a Dios.
  • El relámpago: en el juicio sobre Amón, la espada de Dios está pulida para relumbrar como relámpago (Ezequiel 21:28-32), y allí también se advierte contra los que profetizan mentira. Los relámpagos y truenos describen a menudo la venida de Dios en juicio (Salmo 18:13-14; Salmo 144:5-7; Zacarías 9:13-14). Jesús usó la misma imagen en Mateo 24:27 al hablar de la caída de Jerusalén.

“Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación.” (Lucas 17:25)

Esta frase es clave: el juicio del que habla está ligado a la generación que rechazó a Jesús. Su rechazo y crucifixión ocurrieron unos cuarenta años antes de la destrucción de Jerusalén. Por eso el pasaje apunta primero a aquel juicio sobre la nación judía. Jesús lo confirmó en el mismo sermón: “No pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mateo 24:34; Lucas 21:32). Muchos textos muestran ese rechazo del Mesías por parte de su pueblo (Lucas 23:18-21; Juan 19:15; Hechos 3:13-15; 7:51-52).

3. Las advertencias no atendidas (Lucas 17:26-30)

Jesús ilustra que la gente no haría caso a las advertencias con dos sucesos del pasado: el diluvio en los días de Noé y la destrucción de Sodoma en los días de Lot.

El diluvio no fue una decisión impulsiva de Dios. Él fijó un plazo de 120 años (Génesis 6:3), y Noé fue “pregonero de justicia” (2 Pedro 2:5). Sin embargo, la gente siguió comiendo, bebiendo y casándose como si nada fuera a cambiar, hasta el día en que Noé entró en el arca.

Lot, por su parte, trató de convencer a sus yernos de que huyeran de la ira de Dios, pero a ellos les pareció que bromeaba (Génesis 19:14). Al amanecer, los ángeles tuvieron que tomar de la mano a Lot, a su esposa y a sus dos hijas para sacarlos de la ciudad (Génesis 19:15-16). La gente de Sodoma siguió comprando, vendiendo, plantando y edificando hasta que llovió fuego del cielo. Jesús dijo que así sería también en este juicio.

Observemos que Jesús habla de Noé y de Lot como personas reales y de esos sucesos como hechos históricos, no como fábulas o leyendas (compárese 2 Pedro 2:5-6; Judas 7).

Jesús usó la misma ilustración en Mateo 24:37-39. Pedro advirtió que vendrían burladores diciendo que todo sigue igual desde el principio (2 Pedro 3:3-6). La gente ve que hoy no es muy diferente de hace dos semanas y supone que dentro de dos semanas todo seguirá igual. ¿Para qué cambiar de vida? ¿Para qué comprometerse con Dios? “Después pensaré en eso”, dicen, pero ese después nunca llega. Los predicadores y la Palabra de Dios advierten, pero no se hace caso.

Como una pared agrietada que de repente se derrumba, así llega la calamidad sobre los que no se arrepienten (Isaías 30:13-16). Cuando es demasiado tarde, quieren huir, pero no hay escapatoria. Este patrón se repite antes de cada juicio de Dios:

Juicio Advertencia dada Reacción del pueblo
El diluvio Noé, pregonero de justicia (2 Pedro 2:5) Siguieron su vida normal (Lucas 17:27)
Sodoma y Gomorra Lot advierte a sus yernos (Génesis 19:14) Pensaron que bromeaba
Judá ante Babilonia Los profetas de Dios (Jeremías 8:11-15) Creyeron a los que decían “paz, paz”
Jerusalén (70 d. C.) Jesús y sus apóstoles (Lucas 17; 21) Rechazaron al Mesías (Lucas 17:25)
Roma (según entendemos Apocalipsis) Las plagas (Apocalipsis 16:9-11) No se arrepintieron
El juicio final El evangelio (2 Pedro 3:9-10) Burladores: “todo sigue igual” (2 Pedro 3:4)

Al final del versículo 30 Jesús dice que todo esto sucederá “el día en que el Hijo del Hombre se manifieste”. Esta es otra expresión ligada a los juicios de Dios. En su sentido pleno, el Señor se manifestará cuando venga en el juicio final (2 Tesalonicenses 1:7-8), y todas las naciones reconocerán que Jesús es el Señor. Pero primero Jesús se manifestó en juicio cuando sus palabras sobre Jerusalén se cumplieron tal como las había anunciado (Mateo 24:30; Marcos 13:26; Lucas 21:27). Él mismo lo había ilustrado en la parábola de las bodas: el rey “enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad” (Mateo 22:7). Los ejércitos eran romanos, pero el juicio venía del Señor.

Así fue antes del año 70, y así será en la segunda venida: los hombres estarán ocupados en los negocios del día y haciendo planes para mañana, sin tomar en cuenta las advertencias del Señor (Mateo 24:44; Lucas 12:39-40; 1 Tesalonicenses 5:1-3; 2 Pedro 3:10-11; Apocalipsis 3:3; 16:15). Será día de castigo para los que no obedecen el evangelio (2 Tesalonicenses 1:6-10).

4. No mires atrás (Lucas 17:31-33)

Jesús subrayó la urgencia de atender las señales: el que estuviera en la azotea no debía bajar a buscar sus bienes, y el que estuviera en el campo no debía volver atrás (compárese Mateo 24:17-18, dicho sobre la caída de Jerusalén). Y añadió: “Acordaos de la mujer de Lot” (v. 32).

¿Por qué “aquel día” es la caída de Jerusalén?

“Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos.” (Lucas 17:30-31)

El versículo 31 sigue inmediatamente al versículo 30, y Jesús manda huir. Pero cuando Cristo venga por segunda vez nadie podrá huir: “todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta” (1 Corintios 15:51-52). No habrá tiempo de bajar de la azotea ni de volver del campo. Por lo tanto, “aquel día” en Lucas 17 se refiere en primer lugar a la destrucción de Jerusalén. Allí sí hubo tiempo de huir, y los discípulos que obedecieron huyeron a los montes (Mateo 24:16; Lucas 21:20-21).

Acordaos de la mujer de Lot

Por los pecados de aquella región, Dios decidió destruirla por completo. Lot, su esposa y sus dos hijas atendieron la advertencia y huyeron. Cuando Lot llegó a Zoar, Dios hizo llover fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra (Génesis 19:23-25). La ubicación exacta de esas ciudades todavía se discute; lo cierto es que la llanura que antes era “como el huerto de Jehová” (Génesis 13:10) quedó desolada.

La esposa de Lot no llegó a salvo. Miró atrás, a pesar de la advertencia, y quedó convertida en estatua de sal (Génesis 19:17, 26). ¿Qué lecciones aprendemos de ella?

  1. Pereció aunque estaba casada con un hombre justo. Lot cometió errores, pero era justo (2 Pedro 2:7-8). Sin embargo, la justicia de una persona no salva a otra. Aun si Noé, Daniel y Job estuvieran en una tierra condenada, solo librarían su propia vida (Ezequiel 14:14, 20). Si los discípulos no atendían la advertencia de Cristo, no se salvarían por estar junto a otros que sí la atendían.
  2. Pereció aunque fue advertida del peligro. Las advertencias solo sirven si se obedecen. Una obediencia a medias no libra a nadie del peligro.
  3. Pereció aunque hizo esfuerzos por salvarse. Ella no se quedó en la ciudad ni se burló como sus yernos. ¡Huyó para salvar su vida, y casi lo logra! Lo mismo pasó con Israel: de los que salieron de Egipto y cruzaron el Mar Rojo, solo dos adultos —Josué y Caleb— entraron en la tierra prometida (Números 14:29-30; Hebreos 3:16-19; 1 Corintios 10:1-12). El esfuerzo debe mantenerse hasta el fin.
  4. Pereció por un solo acto de desobediencia. Solo miró atrás una vez, pero fue suficiente. Tendemos a restar importancia a algunos mandamientos porque no vemos su consecuencia inmediata. Dios sí la ve, y debemos obedecer.

“Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará.” (Lucas 17:33)

Quien se aferra a su vida antigua la pierde; solo se salva quien está dispuesto a dejarla por la vida nueva que Cristo ofrece. Jesús repitió esta enseñanza en varias ocasiones (Mateo 10:39; 16:25; Marcos 8:35; Lucas 9:24; Juan 12:25).

5. Uno será tomado y el otro dejado (Lucas 17:34-36)

Dos personas estarán en una cama, dos mujeres moliendo juntas, dos hombres en el campo; uno será tomado y el otro dejado. En tiempos de guerra y juicio, dos personas en circunstancias parecidas pueden tener destinos muy distintos. La advertencia es clara: nadie debe confiarse. La supervivencia no está garantizada por estar en el lugar correcto o junto a la persona correcta; depende de estar preparado.

En todos los juicios de Dios ha habido separación entre personas que parecían semejantes: en el diluvio, en Sodoma, en la destrucción de Jerusalén, y así será en el juicio final, cuando el Señor separe a los suyos como el pastor separa las ovejas de los cabritos (Mateo 25:31-46).

¿Enseña este pasaje un “rapto secreto”?

Muchos usan estos versículos para enseñar que Cristo vendrá en secreto para “arrebatar” a los justos, que luego habrá siete años de “gran tribulación” en la tierra, y que después Cristo reinará mil años en Jerusalén. Esta teoría no tiene base en las Escrituras:

  • El contexto habla de un juicio del que hay que huir (v. 31), no de un escape secreto de los justos.
  • El único arrebatamiento que describe la Biblia está en 1 Tesalonicenses 4:13-18, y no es secreto: hay voz de mando, voz de arcángel y trompeta de Dios (v. 16).
  • Los arrebatados no estarán con Cristo siete años, sino que “estaremos siempre con el Señor” (v. 17). Pablo no dice nada de siete años de tribulación ni de un reinado terrenal.
  • El reino de Cristo no es terrenal (Juan 18:36), y ya fue establecido (Colosenses 1:13).

Nota: el versículo 36 aparece en la Reina-Valera 1960, pero no en los manuscritos griegos más antiguos; por eso algunas versiones lo ponen entre corchetes. Su contenido coincide con Mateo 24:40, de modo que la enseñanza no cambia.

6. ¿Dónde será este juicio? (Lucas 17:37)

Ante advertencias tan serias, los discípulos preguntaron: “¿Dónde, Señor?”. Tal vez querían saberlo para mantenerse lejos. Jesús no les dio un lugar en el mapa, sino un principio: “Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas”.

La palabra griega significa “águilas”, aunque también se usaba para las aves de rapiña que comen carroña, por eso algunas versiones dicen “buitres”. Donde hay un cadáver, allí se juntan esas aves. Así también, donde los discípulos vieran reunirse ejércitos, sabrían que esa nación estaba muriendo o ya muerta. Es significativo que el águila fuera el estandarte de las legiones romanas que rodearon y destruyeron Jerusalén (Lucas 21:20). Israel estaba muerto espiritualmente al rechazar a su Mesías: su corrupción, como un cadáver, atraía su propia destrucción. Así será también en el fin del mundo: la corrupción de los que viven en pecado atraerá su castigo.

Cuadro comparativo: Lucas 17 y Mateo 24

Lucas 17 reúne enseñanzas que en Mateo 24 aparecen en dos partes del sermón. Este cuadro ayuda a verlo:

Enseñanza Lucas 17 Mateo 24 Aplicación principal
No creer a quien dice “helo aquí” vv. 22-23 vv. 23-26 Caída de Jerusalén
Como el relámpago v. 24 v. 27 Caída de Jerusalén
Rechazado por esta generación v. 25 v. 34 Caída de Jerusalén
Como en los días de Noé vv. 26-27 vv. 37-39 Jerusalén (tipo del juicio final)
El que esté en la azotea, no baje v. 31 vv. 17-18 Caída de Jerusalén
Uno será tomado, otro dejado vv. 34-36 vv. 40-41 Jerusalén (tipo del juicio final)
Donde esté el cuerpo, las águilas v. 37 v. 28 Caída de Jerusalén

En Lucas todas estas enseñanzas forman un solo discurso, sin división: Noé (vv. 26-27), la azotea (v. 31) y “uno será tomado” (vv. 34-36) se refieren al mismo “día”. Por eso su aplicación primaria es la caída de Jerusalén, y su aplicación secundaria, el juicio final.

La caída de Jerusalén fue un juicio real, en una fecha concreta, sobre una generación concreta. Pero también es una muestra de lo que ocurrirá en el juicio final: llegará cuando la gente esté distraída en su vida diaria, y solo escaparán los que hayan atendido la advertencia.

Conclusión

Los discípulos que creyeron las palabras de Jesús huyeron a tiempo cuando vieron las señales (Lucas 21:20-22). Los que no le creyeron perecieron. Hoy Dios nos advierte de otro día, el día en que Cristo vendrá “como ladrón en la noche” (2 Pedro 3:10). Ese día no tendrá señales previas que nos den tiempo de prepararnos a última hora.

Además, debemos estar preparados para la muerte, porque cuando la muerte nos sorprenda, para nosotros será el fin del mundo. Después de ella ya no habrá oportunidad de cambiar (Hebreos 9:27).

La pregunta para nosotros es la misma que para los oyentes de Jesús: ¿estamos atendiendo la advertencia de Dios, o seguimos viviendo como si nada fuera a cambiar?

No seamos como los del tiempo de Noé, ni como los yernos de Lot, ni como la mujer de Lot que miró atrás. Obedezcamos el evangelio hoy (Hechos 2:38; 2 Corintios 6:2) y permanezcamos fieles hasta el fin (Apocalipsis 2:10).

Preguntas de repaso

  1. ¿Qué clase de reino esperaban los fariseos y qué clase de reino anunció Jesús?
  2. ¿Por qué el versículo 25 es clave para entender a qué juicio se refiere Jesús?
  3. ¿Qué tienen en común la gente del tiempo de Noé y la de Sodoma?
  4. Mencione las cuatro lecciones que aprendemos de la esposa de Lot.
  5. ¿Qué significa la frase “donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán las águilas”?
  6. ¿Por qué el versículo 31 muestra que “aquel día” no es la segunda venida de Cristo?
  7. ¿Por qué no se puede usar Lucas 17:34-36 para enseñar un “rapto secreto”?
  8. ¿Cómo nos ayuda la caída de Jerusalén a prepararnos para el juicio final?

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