Los obreros de la viña

Tarjeta: Los obreros de la viña, Mateo 19:27 – 20:16. Mensaje en audio n.º 139.

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Mateo 19:27 – 20:16

«Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.» Mateo 20:1-2

Introducción

La parábola de los obreros de la viña es parte de la respuesta de Jesús a una pregunta de Pedro: «He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?» (Mateo 19:27).

Jesús le respondió primero acerca de los apóstoles: cuando el Hijo del Hombre se sentara en el trono de su gloria, ellos también se sentarían sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (Mateo 19:28). Pero luego habló de todos sus discípulos: «Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» (Mateo 19:29).

¿Y qué de nosotros, que venimos mucho después? La recompensa de seguir a Cristo es una gran familia de hermanos en esta vida y la vida eterna en la venidera. Es algo que todos los fieles recibimos por igual, y la parábola de los obreros lo explica.

Jesús encierra la parábola entre dos frases casi iguales: «Muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros» (Mateo 19:30) y «Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros» (Mateo 20:16). Esa es la lección que la parábola ilustra.

I. El padre de familia llama obreros (Mateo 20:1-7)

El denario era el jornal de un día de trabajo, lo justo para que una familia comiera ese día. El reino de los cielos es la iglesia, y Dios es quien nos llama a su servicio (1 Corintios 1:9; 2 Tesalonicenses 2:14; 1 Pedro 5:10). Somos llamados conforme a su propósito (Romanos 8:28). Los obreros contratados representan al pueblo de Dios: cristianos que trabajan en el reino. En el Antiguo Testamento Dios también usó la imagen de una viña para representar a su pueblo (Isaías 5:7; Jeremías 12:10).

El padre de familia volvió a salir a la hora tercera y halló a otros desocupados en la plaza: «Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron» (vv. 3-4). Hizo lo mismo a la hora sexta y a la novena (v. 5).

Notemos un detalle importante: solo los primeros convinieron en un denario. A los demás no se les dijo una cantidad; se les prometió «lo que sea justo», y ellos confiaron en la palabra del dueño.

Por último salió cerca de la hora undécima y halló a otros desocupados. Les preguntó: «¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado» (vv. 6-7). No estaban ociosos por pereza; nadie los había llamado. Y en cuanto fueron llamados, fueron a trabajar.

Cuadro: las horas de la parábola

Los judíos contaban las horas del día desde la salida del sol, más o menos a las 6 de la mañana:

Llamados a la Hora Tiempo Se les prometió
Mañana (v. 1) 6 a. m. 12 horas Un denario
Hora tercera (v. 3) 9 a. m. 9 horas Lo que sea justo
Hora sexta (v. 5) 12 m. 6 horas Lo que sea justo
Hora novena (v. 5) 3 p. m. 3 horas Lo que sea justo
Hora undécima (v. 6) 5 p. m. 1 hora Lo que sea justo

Al final del día, todos recibieron un denario (vv. 9-10).

II. El pago al final del día (Mateo 20:8-12)

«Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.» Mateo 20:8

La ley de Moisés mandaba pagar al jornalero el mismo día que trabajaba (Levítico 19:13; Deuteronomio 24:15).

Los de la hora undécima recibieron un denario cada uno. Al ver esto, los primeros pensaron que recibirían más, pero también recibieron un denario (vv. 9-10). Entonces murmuraron contra el padre de familia: «Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día» (vv. 11-12).

Su queja no era que les hubieran pagado mal, sino que a otros les hubieran pagado bien. No se alegraron por sus compañeros; los compararon consigo mismos.

III. La respuesta del dueño (Mateo 20:13-16)

«Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?» Mateo 20:13-15

El dueño contesta con tres verdades:

  • No hubo injusticia. Recibieron exactamente lo que convinieron.
  • Lo que da es suyo. Tiene derecho a ser generoso con lo que le pertenece.
  • El problema estaba en ellos. La bondad del dueño despertó su envidia.

Y Jesús concluye: «Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos» (v. 16). El llamado del evangelio es para todos, pero solo reciben la recompensa los que responden y trabajan en la viña del Señor.

IV. Lecciones para nosotros

1. La vida eterna es un don, no un salario

La parábola enseña que los cristianos debemos trabajar, pero también que la recompensa no es proporcional a nuestro trabajo. No nos ganamos la salvación; es por gracia, por medio de la fe, y somos creados en Cristo Jesús para buenas obras (Efesios 2:8-10). Claro está, el que no fue a la viña no recibió nada. Pero el punto de la parábola es que la vida eterna (Juan 17:2) es un regalo que Dios da libremente y por igual a todos los que trabajan para Él. Ese regalo no se reduce porque algunos no hayan podido trabajar tanto tiempo.

«Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.» Lucas 17:10

2. No es excusa para posponer la obediencia

Algunos usan esta parábola para decir: «Me convertiré más adelante, al fin y al cabo recibiré lo mismo». Pero los obreros de la hora undécima no habían rechazado un llamado anterior: «nadie nos ha contratado» (v. 7). Y apenas fueron llamados, fueron a trabajar. Hay personas que desean servir a Dios y no conocen el evangelio sino hasta tarde en la vida; cuando lo conocen, obedecen de inmediato. Quien hoy escucha el llamado no sabe si tendrá otra hora: «He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación» (2 Corintios 6:2).

3. Los que llegamos después

Los cristianos del primer siglo trabajaron arduamente y sufrieron mucho. Nosotros, que llegamos después, nos beneficiamos de sus esfuerzos. No hemos sufrido tanto como Pablo (2 Corintios 11:22-28), y sin embargo esperamos la misma corona (2 Timoteo 4:8). Eso debe llenarnos de gratitud, no de orgullo.

4. Judíos y gentiles

La parábola fue también una advertencia a los judíos. Ellos fueron llamados primero, y a algunos no les agradaba que la salvación se ofreciera a los gentiles en igualdad de condiciones. Pero no tenían derecho a quejarse contra Dios (Romanos 9:20-24). A su vez, Pablo advirtió a los gentiles que no se jactaran por haber sido injertados en el olivo, porque también podían ser cortados (Romanos 11:17-22). Todos debemos andar con humildad.

5. No envidiemos a nuestros hermanos

Los primeros obreros perdieron el gozo de su paga por mirar la paga de otros. En la iglesia no competimos unos con otros. Si un hermano recién convertido recibe la misma esperanza que el que ha servido cuarenta años, eso no es motivo de queja, sino de alegría, como la alegría del cielo por un pecador que se arrepiente (Lucas 15:7).

Cuadro comparativo: dos maneras de mirar la paga

Lo que pensaban los primeros Lo que enseña el Señor
«Trabajé más, merezco más.» La vida eterna es un don de Dios (Efesios 2:8-9).
Se compararon con los demás. Cada uno recibe lo prometido (Mateo 20:13).
Vieron injusticia. Dios es justo y también es bueno (Mateo 20:15).
Murmuraron. Siervos inútiles somos (Lucas 17:10).
Se creían los primeros. Los primeros serán postreros (Mateo 20:16).

Conclusión

Pedro preguntó: «¿Qué, pues, tendremos?». Jesús le respondió que tendrían mucho más de lo que dejaron, y la vida eterna. Pero también le enseñó que esa recompensa no se mide con la balanza de las horas trabajadas, sino con la bondad del Señor de la viña.

Si usted todavía no ha entrado a la viña del Señor, el llamado sigue abierto. Para usted puede ser la hora undécima. No espere otra hora: obedezca hoy el evangelio (Hechos 2:38; 2 Corintios 6:2).

Y si ya trabaja en la viña, siga trabajando con gozo y humildad, sin envidiar a nadie, confiando en que el Señor dará «lo que sea justo», y mucho más de lo que merecemos.

Preguntas de repaso:
  1. ¿Qué pregunta de Pedro dio origen a esta parábola?
  2. ¿Qué frase repite Jesús antes y después de la parábola?
  3. ¿Qué diferencia hubo entre lo que se prometió a los primeros obreros y a los demás?
  4. ¿Por qué los de la hora undécima estaban desocupados?
  5. ¿De qué se quejaron los primeros obreros?
  6. ¿Por qué la vida eterna no es un salario sino un don?
  7. ¿Por qué esta parábola no justifica posponer la conversión?
  8. ¿Qué advertencia contenía la parábola para los judíos y qué advertencia dio Pablo a los gentiles?

Texto bíblico: Reina-Valera 1960.


Escuche el mensaje en audio

Si desea escucharlo, este es el mensaje n.º 139 de la serie «La vida, enseñanza y milagros de Jesús en armonía».

Duración: 20 minutos

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