El rico y Lázaro

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Dos vidas, dos muertes, dos destinos

Lucas 16:19-31

Introducción

¿Qué es la muerte? Es una separación: el cuerpo se separa del espíritu. “El cuerpo sin espíritu está muerto” (Santiago 2:26).

Todos tenemos que morir:

“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” — Hebreos 9:27

La parte material, nuestro cuerpo, vuelve al polvo de donde fue tomado; la parte espiritual, nuestra alma o espíritu, sigue existiendo (Eclesiastés 12:7). Jesús nos muestra a dónde va en Lucas 16:19-31.

Leer: Lucas 16:19-31.

¿Parábola o historia real? Los cuentos de hadas empiezan con “Érase una vez” y son ficción. Algunos piensan que este pasaje es una parábola; otros, que es una historia real. A favor de que es real está que es el único relato de este tipo donde aparece un nombre propio, Lázaro, junto a un personaje histórico, Abraham.

Lo importante: sea parábola o historia real, Jesús es la verdad (Juan 14:6) y nunca usó una mentira para enseñar. Lo que nos dice sobre lo que hay después de la muerte es verdad.

I. Dos vidas (vv. 19-21)

El rico

  • Se vestía de púrpura y lino fino, las telas más caras de su tiempo.
  • Hacía banquete cada día con esplendidez.
  • Lo tenía todo a la mano, pero vivía para sí mismo, como si Dios y su prójimo no existieran.

Lázaro

  • Estaba echado a la puerta del rico, como si alguien lo hubiera dejado allí. Quizás no tenía familia que lo cuidara; estar enfermo y solo es sufrir dos veces.
  • Estaba lleno de llagas y deseaba saciarse de las migajas que caían de la mesa.
  • Sus únicos compañeros eran los perros, que venían y le lamían las llagas.

Los dos vivieron en el mismo tiempo y muy cerca uno del otro, pero en dos mundos diferentes: uno en la abundancia y el otro en la extrema pobreza.

Aclaración: el rico no se perdió por ser rico, ni Lázaro se salvó por ser pobre. Abraham también fue rico (Génesis 13:2). El pecado del rico fue vivir sin Dios y sin misericordia. Pablo manda a los ricos que no pongan la esperanza en las riquezas, “sino en el Dios vivo”, y que sean “ricos en buenas obras, dadivosos, generosos” (1 Timoteo 6:17-18).

II. Dos muertes (v. 22)

“Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.” — Lucas 16:22

Aunque vivían en polos opuestos, hubo algo que los igualó: los dos murieron. La muerte de Lázaro era de esperarse por su hambre y sus llagas. La del rico, bien cuidado y bien alimentado, quizás no se esperaba. Pero nadie escapa de esa cita.

Lázaro El rico
Su cuerpo Su sepultura ni se menciona “Fue sepultado”, quizás con toda pompa
Quién lo llevó Los ángeles Los hombres
A dónde fue Al seno de Abraham Al Hades, en tormento

Los hombres sepultaron al rico; los ángeles llevaron a Lázaro.

III. Dos destinos (vv. 23-26)

Ahora Jesús nos lleva al lugar a donde van los espíritus que ya no tienen cuerpo: el Hades, el lugar de espera de los muertos. Allí estuvo también el alma de Cristo entre su muerte y su resurrección (Hechos 2:27, 31); la parte de los justos Jesús la llamó “paraíso” (Lucas 23:43).

Lo que el texto enseña del más allá:

  • Hay conciencia: el rico “alzó sus ojos”, vio, habló y sintió (v. 23).
  • Hay memoria: “Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado” (v. 25).
  • Hay consuelo o tormento: Lázaro es consolado; el rico está atormentado en la llama (vv. 24-25).
  • Hay separación definitiva: “Una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros” (v. 26).

Pidió lo que nunca dio

“Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.” — Lucas 16:24

El rico pide misericordia, algo que él nunca dio a Lázaro. “Juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia” (Santiago 2:13).

Aplicación: cuando el hombre muere, su destino queda sellado. Después de la muerte no hay segunda oportunidad.

IV. Dos peticiones (vv. 27-31)

El rico pide ahora que Lázaro vaya a la casa de su padre a advertir a sus cinco hermanos. Dos cosas llaman la atención:

  • Sigue tratando a Lázaro como un sirviente: “envía a Lázaro” (vv. 24, 27).
  • Da a entender que las Escrituras no eran advertencia suficiente: “No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán” (v. 30).

Abraham le responde que sus hermanos ya tienen lo que necesitan:

“A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.” — Lucas 16:29

“Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.” — Lucas 16:31

¡Qué palabras tan ciertas! Jesús sí se levantó de los muertos, y aun así muchos no creen. Nosotros tenemos algo más que Moisés y los profetas: tenemos todo el Nuevo Testamento. No necesitamos que un muerto vuelva a advertirnos; necesitamos oír la Palabra.

Lecciones para nosotros

  1. No todo se acaba con la muerte; el alma sigue consciente.
  2. El destino eterno se decide en esta vida, no después.
  3. Las riquezas no salvan, y la pobreza tampoco; lo que cuenta es vivir para Dios.
  4. Dios espera de nosotros misericordia hacia los necesitados que están a nuestra puerta.
  5. La Palabra de Dios es suficiente para salvarnos; hay que oírla y obedecerla hoy.

Conclusión

Para el cristiano, la muerte es, como para Lázaro, una bendición: “para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21).

“Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.” — Apocalipsis 14:13

Cuando Cristo venga por segunda vez, todos los muertos resucitarán: “todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28-29). El Hades entregará los muertos que hay en él (Apocalipsis 20:13), y todos seremos juzgados:

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” — 2 Corintios 5:10

¿Estamos preparados para esa cita a la que no podremos faltar?

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