Mateo 19:13-15; Marcos 10:13-16; Lucas 18:15-17
Introducción
Los niños son una gran bendición en cada hogar y en cada iglesia. Muchas iglesias han desaparecido por falta de niños y jóvenes: los hermanos envejecen y mueren, y si no hay una generación de relevo, esa iglesia desaparece.
Pero cuando vemos a los niños, ¿qué sentimos? ¿Nos dan gozo, o los vemos como un estorbo? Este pasaje nos muestra cómo los veía Jesús. El evangelio según Mateo, según Marcos y según Lucas lo cuentan, y cada relato aporta detalles que los otros no tienen.
I. Jesús recibe y bendice a los niños
Los padres traían a sus niños para que Jesús pusiera las manos sobre ellos y orara por ellos (Mateo 19:13). Así se acostumbraba bendecir: Jacob puso sus manos sobre la cabeza de Efraín y Manasés y los bendijo (Génesis 48:14-15).
Lucas añade un detalle que conmueve: «Traían a él los niños» (Lucas 18:15). La palabra griega que usa Lucas se refiere a bebés de pecho; es la misma que usa para el niño Jesús acostado en el pesebre (Lucas 2:12, 16). No eran solo niños que ya caminaban: había madres con sus bebés en brazos.
Los discípulos creyeron que le hacían un favor al Señor reprendiendo a los que traían a los niños. Pero ese trabajo terminó cuando Jesús los vio. Marcos dice que Jesús se indignó; es la única vez que los relatos del evangelio usan esa palabra para describir a Jesús. Le molestó que alejaran a los niños de él.
Lucas dice además que Jesús, «llamándolos», dijo: «Dejad a los niños venir a mí» (Lucas 18:16). No solo permitió que se acercaran: él mismo los llamó.
Luego hizo algo más que bendecirlos: los tomó en sus brazos (Marcos 10:16). Y Mateo cierra el relato diciendo que, «habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí» (Mateo 19:15). Jesús hizo exactamente lo que los padres le pidieron. Para él, los niños no eran un estorbo, sino personas dignas de su tiempo, de su cariño y de su bendición.
Lo que aporta cada relato:
| Relato | Detalle propio |
|---|---|
| Según Mateo | Los traían «para que pusiese las manos sobre ellos, y orase» (19:13). Al final, «habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí» (19:15). |
| Según Marcos | Jesús «se indignó» (10:14) y «tomándolos en los brazos… los bendecía» (10:16). |
| Según Lucas | Eran bebés (18:15), y Jesús, «llamándolos», los invitó a venir (18:16). |
II. Lo que el niño enseña al discípulo
Jesús dijo: «de los tales es el reino». No dijo que el reino es de los niños por ser niños, sino de los que son como ellos. Y advirtió que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él (Marcos 10:15; Lucas 18:17).
En otra ocasión, cuando los discípulos discutían quién sería el mayor, Jesús ya les había enseñado lo mismo:
Para Jesús, el niño es como una parábola viva: un modelo del carácter del verdadero discípulo. Es cierto que los niños también tienen rasgos que no debemos imitar, como la inconstancia y la inmadurez (Mateo 11:16-17; 1 Corintios 14:20; Efesios 4:14). Pero tienen cualidades que sí debemos imitar:
| El niño | El discípulo de Cristo |
|---|---|
| Es humilde; no busca ser el mayor | Se humilla delante de Dios (Mateo 18:4) |
| Depende de sus padres para todo | Depende de Dios en todo (Mateo 6:31-33) |
| Confía plenamente en sus padres | Confía en su Padre celestial (Proverbios 3:5) |
| Quiere aprender y se deja enseñar | Desea la leche espiritual de la Palabra (1 Pedro 2:2) |
| Perdona pronto y no guarda rencor | Perdona como Cristo le perdonó (Efesios 4:32) |
| No conoce la malicia | Es niño en la malicia, pero maduro en el pensar (1 Corintios 14:20) |
Por eso Pedro exhorta: «Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada» (1 Pedro 2:1-2). Quien obedece al evangelio no llega a la iglesia inocente, sino perdonado; pero desde ese momento debe vivir con la sencillez, la humildad y la disposición para aprender de un niño.
III. Lo que enseña el lugar del relato
Mateo, Marcos y Lucas no pusieron este relato en cualquier parte. Lo que viene antes y después ayuda a entenderlo.
Antes: el fariseo y el publicano (Lucas 18:9-14)
Según Lucas, la escena viene justo después de la parábola del fariseo y el publicano. El fariseo se presentó ante Dios hablando de sus virtudes; el publicano solo pidió misericordia, y Jesús concluyó: «el que se humilla será enaltecido» (Lucas 18:14). Inmediatamente después llegan los niños, que no tienen nada que presentar. Las dos escenas enseñan lo mismo: el reino es para los humildes.
Antes: el matrimonio (Mateo 19:3-12; Marcos 10:2-12)
Según Mateo y según Marcos, la escena viene después de que Jesús enseñó sobre el divorcio y defendió el matrimonio como Dios lo hizo desde el principio. Primero defiende el hogar, y luego bendice a los hijos. El contexto es la familia.
Después: el joven rico (Mateo 19:16-22; Marcos 10:17-22; Lucas 18:18-23)
En los tres relatos, justo después viene el joven rico. El contraste es claro:
| Los niños | El joven rico | |
|---|---|---|
| Qué traen | Nada; llegan con las manos vacías | Muchas riquezas y una vida de cumplir mandamientos |
| Qué preguntan | Nada; solo reciben | «¿Qué haré para heredar la vida eterna?» |
| Cómo terminan | En los brazos de Jesús, bendecidos | Se va triste, porque no quiso soltar lo que tenía |
Recibir el reino «como un niño» es reconocer que no tenemos nada que ofrecer y confiar en Jesús. El joven rico, con todo lo que tenía, no pudo hacer lo que un niño hace sin esfuerzo.
IV. Responsabilidad de los padres y de la iglesia
Jesús también enseñó que debemos recibir a los niños: «El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí» (Marcos 9:37). ¡Cuántos padres necesitan oír esta exhortación!
Muchos padres hacen tropezar a sus propios hijos (Mateo 18:6-7): por su mal ejemplo, por descuidar el mandamiento de criarlos «en disciplina y amonestación del Señor» (Efesios 6:4), y aun por oponerse cuando sus hijos buscan a Dios.
Las madres de Lucas 18 llevaron a sus bebés a Jesús. No esperaron a que crecieran. Los niños de hoy serán los adultos y los miembros de la iglesia de mañana. Debemos tenerlo en cuenta al llevarlos a las reuniones y a las clases bíblicas. ¿Cuándo es el mejor momento para formar los hábitos del futuro? Ahora, mientras son pequeños:
La iglesia también tiene su parte: recibir a los niños con amor, tenerles paciencia en las reuniones y enseñarles la Palabra. Los discípulos vieron a los niños como un estorbo; no cometamos el mismo error.
V. Lo que este pasaje no enseña
No enseña el «bautizo infantil»
Los que practican el llamado «bautizo infantil» citan este pasaje como prueba, pero en él no hay la más mínima referencia a tal práctica. Los tres relatos dicen qué hizo Jesús: los llamó, los tomó en brazos, puso las manos sobre ellos, oró y los bendijo (Mateo 19:13, 15; Marcos 10:16; Lucas 18:16). Ninguno dice que los bautizara.
El detalle de Lucas lo hace todavía más claro: le llevaron bebés. Si alguna vez hubo ocasión para bautizar niños pequeños, era esta. Pero Jesús no los bautizó, ni mandó a sus discípulos que lo hicieran. Además, el bautismo bíblico es para quien cree y se arrepiente (Marcos 16:16; Hechos 2:38), y un bebé no puede hacer ninguna de las dos cosas.
No enseña el «pecado original»
La práctica del «bautizo infantil» se originó por la creencia en el «pecado original», el supuesto pecado heredado de Adán y de los padres. Pero la Biblia dice que «el pecado es infracción de la ley» (1 Juan 3:4). El pecado no se hereda: se comete. Un recién nacido no ha infringido ninguna ley.
Y Salomón concluyó: «Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones» (Eclesiastés 7:29).
La Biblia muestra que los niños pequeños no son responsables delante de Dios:
- Dios llamó a los hijos de Israel niños «que no saben hoy lo bueno ni lo malo», y a ellos les dio la tierra prometida (Deuteronomio 1:39).
- Isaías habla de un tiempo «antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno» (Isaías 7:16).
- Cuando murió su hijo pequeño, David dijo con esperanza: «Yo voy a él, mas él no volverá a mí» (2 Samuel 12:23).
Y si los niños nacieran depravados, Jesús no los habría puesto como modelo de los que entran en el reino. Los niños pequeños no están perdidos y, por eso, no necesitan ser bautizados para el perdón de pecados.
¿Y el Salmo 51:5?
Algunos citan: «He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre» (Salmo 51:5). Pero David no dice que él nació culpable, sino que fue concebido en un mundo de pecado. Es el lenguaje poético de un hombre profundamente arrepentido. Lo mismo ocurre con el Salmo 58:3, que dice que los impíos «se descarriaron hablando mentira desde que nacieron»; es una figura, porque ningún recién nacido habla, y menos miente.
Conclusión
Jesús llamó a los niños, se indignó cuando los alejaron de él, los tomó en sus brazos, puso las manos sobre ellos y los bendijo. Nos enseñó que el reino de Dios es de los que son como ellos: humildes, confiados y dispuestos a aprender. El fariseo y el joven rico confiaron en lo que tenían; el publicano y los niños llegaron con las manos vacías, y fueron recibidos.
Como padres y como iglesia, tenemos la responsabilidad de no estorbar a los niños, sino de llevarlos a Cristo con nuestra enseñanza y nuestro ejemplo.
Y cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿he recibido el reino de Dios como un niño? Si todavía no ha obedecido al evangelio, hágalo hoy con la sencillez y la confianza de un niño (Hechos 2:38).
- ¿Veo a los niños como una bendición o como un estorbo?
- ¿Qué cualidad de un niño me hace más falta como discípulo?
- ¿Me parezco más al joven rico, que confiaba en lo que tenía, o a un niño que llega con las manos vacías?
- ¿Mi ejemplo acerca a mis hijos a Cristo o los aleja de él?
- ¿Qué puede hacer nuestra congregación para recibir mejor a los niños?
Texto bíblico: Reina-Valera 1960.

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