Lucas 15:1-10
Propósito: Ver, por medio de dos parábolas, cuánto valora Dios a cada pecador perdido, cómo lo busca hasta encontrarlo y cuánto gozo hay en el cielo cuando se arrepiente.
Introducción: dos grupos, dos actitudes (vv. 1-2)
1 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.
Lucas 15:1-2 (RV1960)
Alrededor de Jesús había dos grupos de personas con actitudes muy distintas.
- Los publicanos y pecadores se acercaban para oírle. La palabra “oír” significa escuchar, prestar atención y, generalmente, responder en conformidad. Ellos sabían que necesitaban lo que Jesús enseñaba.
- Los fariseos y los escribas estaban listos para murmurar, es decir, quejarse en voz baja, pero de tal manera que otros los oyeran. Se creían justos y miraban a los demás con desprecio.
Lo que les molestaba era que Jesús “a los pecadores recibe, y con ellos come”. En aquel tiempo, sentarse a comer con alguien era señal de aceptación y comunión. Para los fariseos, un maestro de Dios no debía mezclarse con esa gente.
Jesús responde a esa murmuración con tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido (vv. 11-32). En este estudio veremos las dos primeras. Las tres tienen el mismo mensaje: Dios busca a los perdidos y se alegra cuando vuelven.
Reflexión: ¿Me acerco a Jesús para oírle, o me parezco más a los que murmuraban?
I. La parábola de la oveja perdida (vv. 3-7)
3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: 4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? 5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. 7 Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
Lucas 15:3-7 (RV1960)
1. Una oveja tenía mucho valor
En esa tierra era muy común criar ovejas. La oveja era un animal limpio según la ley de Moisés y era una gran bendición para su dueño, porque le daba tres cosas: leche, lana para hacer tela y, al final, su carne.
Este hombre tenía cien ovejas y perdió una. Pudo haber pensado: “Una no es ninguna; todavía me quedan noventa y nueve”. Pero no se conformó. Para él, esa ovejita importaba.
2. ¿Cómo se pierde una oveja?
La oveja no se pierde de un momento a otro. Va comiendo pasto en el monte, se aleja poco a poco del rebaño y, cuando levanta la cabeza, ya no sabe cómo volver. Sola, queda expuesta a las fieras y no tiene cómo defenderse.
Así se pierde el ser humano: casi sin darse cuenta, distraído, alejándose paso a paso de Dios. “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino” (Isaías 53:6).
3. El pastor busca hasta encontrarla
El pastor dejó las noventa y nueve “en el desierto”. Esta palabra no se refiere a un arenal, sino a campo abierto de pastoreo. Las dejó en su lugar de pasto y fue tras la perdida “hasta encontrarla”. No buscó un rato y se rindió.
Cuando la encontró, no la regañó ni la arrastró de regreso: la puso sobre sus hombros, gozoso. La oveja cansada y herida no tuvo que hacer el camino de vuelta sola; el pastor la cargó.
Esto es lo que Dios había prometido: “Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada” (Ezequiel 34:16). Y es lo que Jesús vino a cumplir: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Él es el buen pastor que da su vida por las ovejas (Juan 10:11).
4. El gozo compartido
Al llegar a casa, el pastor reunió a sus amigos y vecinos para que se alegraran con él. Su alegría era tan grande que no la podía guardar solo.
Jesús aplica la enseñanza: “habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”.
Importante: ¿Quiénes son los “noventa y nueve justos”? Con estas palabras Jesús apunta a los fariseos que lo escuchaban, que se consideraban justos y sin necesidad de arrepentirse. Pero la Biblia dice: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Todos necesitamos arrepentimiento. Mientras el cielo se alegraba por el pecador que volvía, los fariseos murmuraban.
II. La parábola de la moneda perdida (vv. 8-10)
8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? 9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. 10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
Lucas 15:8-10 (RV1960)
1. Una moneda de mucho valor
Ahora el Señor cuenta otra parábola, esta vez de una mujer que tenía diez dracmas y perdió una. La dracma era una moneda de plata que equivalía más o menos a un día de trabajo, parecido al denario (Mateo 20:2). Para una mujer de pocos recursos, perder una de diez era una pérdida seria.
2. De algo con vida a algo sin vida
El Señor pasa de una ovejita, que se podía distraer, a una moneda, que no tiene vida. La moneda no se fue sola; para perderse tuvo que salirse del control de su dueña. Tampoco podía volver por sí misma, ni siquiera sabía que estaba perdida.
Hay un detalle importante: la moneda se perdió dentro de la casa. Esto nos enseña que también hay personas que se pierden cerca de nosotros, dentro de la familia o de la misma congregación, a veces por descuido de los que estaban a su lado.
3. Luz, escoba y diligencia
Las casas de entonces eran oscuras, con pocas ventanas y piso de tierra. Por eso la mujer hizo tres cosas:
- Encendió la lámpara. Para buscar a los perdidos necesitamos luz: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).
- Barrió la casa. Buscar requiere esfuerzo y estar dispuestos a mover lo que estorba.
- Buscó con diligencia hasta encontrarla. Igual que el pastor, no se rindió.
4. Gozo delante de los ángeles
Cuando la encontró, reunió a sus amigas y vecinas para alegrarse con ella. Jesús concluye: “hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. En la primera parábola dice “gozo en el cielo”; aquí dice “delante de los ángeles de Dios”. Es decir, en la misma presencia de Dios hay fiesta cuando un pecador vuelve.
III. Lo que enseñan las dos parábolas
- Cada persona tiene valor para Dios. No es “solo una” de cien o de diez. Dios no se conforma con perder a nadie (2 Pedro 3:9).
- Dios toma la iniciativa. El pastor sale a buscar y la mujer enciende la lámpara. La salvación comienza con Dios buscándonos a nosotros.
- Dios busca hasta encontrar. Las dos parábolas repiten “hasta encontrarla”.
- El arrepentimiento produce gozo en el cielo. Si el cielo se alegra por un pecador que vuelve, nosotros también debemos alegrarnos, no murmurar.
Cuadro comparativo: tres cosas perdidas en Lucas 15
| La oveja | La moneda | El hijo (vv. 11-32) | |
|---|---|---|---|
| Proporción | 1 de 100 | 1 de 10 | 1 de 2 |
| Cómo se perdió | Se alejó poco a poco, distraída | Se perdió dentro de la casa | Se fue por decisión propia |
| ¿Sabía que estaba perdida? | Tal vez, pero no podía volver | No | Sí, “volviendo en sí” |
| Quién la buscó | El pastor | La mujer | El padre lo esperaba |
| Cómo terminó | Gozo con amigos y vecinos | Gozo con amigas y vecinas | Fiesta en la casa del padre |
Aplicaciones
- Acerquémonos a Jesús para oírle. No como los fariseos, que murmuraban, sino como los que reconocían su necesidad.
- Si nos hemos alejado, volvamos. El Pastor nos está buscando y está dispuesto a cargarnos sobre sus hombros (1 Pedro 2:25).
- Busquemos a los que se han ido. Pensemos en algún hermano o familiar que se ha apartado. Encendamos la lámpara de la Palabra y vayamos a buscarlo.
- Alegrémonos cuando alguien vuelve. Recibamos con gozo al que se arrepiente, sin recordarle su pasado ni mirarlo con desprecio.
Conclusión
Los fariseos murmuraban porque Jesús recibía a los pecadores. Jesús les respondió mostrándoles el corazón de Dios: un pastor que no se conforma con noventa y nueve y una mujer que no descansa hasta encontrar su moneda.
Todos, en algún momento, fuimos esa oveja y esa moneda perdida. Y Cristo vino a buscarnos. ¿Estamos dispuestos a dejarnos encontrar, y a salir a buscar a otros como él nos buscó a nosotros?
Deja una respuesta