Lucas 11:1 · Mateo 6:5-15
Introducción: ¿Qué es orar?
Orar es una necesidad espiritual. Es la dependencia de la criatura hacia su Creador. «También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar» (Lucas 18:1). «Orad sin cesar» (1 Tesalonicenses 5:17). «Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos» (Efesios 6:18).
Orar es abrir nuestro corazón a Dios. Buscarle cada mañana es la mejor forma de empezar nuestro día. Es ponernos en sus manos, bajo su amparo.
Podemos estar ocupados, pero ninguno de nosotros ha estado más ocupado que el Señor. Hubo tiempos en su ministerio en que había tanto por hacer, y tanta gente yendo y viniendo a su alrededor, que Jesús y sus apóstoles no tenían tiempo ni para comer: «Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer» (Marcos 6:31). Aun así, el Señor hizo lo necesario para pasar un tiempo significativo a solas con su Padre celestial.
Marcos registra una ocasión en que: «Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba» (Marcos 1:35). El día tan ocupado en que alimentó a los cinco mil, lo terminó así: «Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar» (Marcos 6:46). Lucas nos dice que el Señor buscaba ese tiempo: «Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba» (Lucas 5:16).
Jesús es nuestro ejemplo en todo. Por sus propias acciones, nos enseñó a orar. No podemos ser espiritualmente fuertes si descuidamos los medios a través de los cuales se construye esa fuerza.
Leamos Lucas 11:1: «Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.»
Jesús era un hombre de oración, y por eso sus discípulos, al ver su buen ejemplo, desearon que les enseñara.
Veamos Mateo 6:5-15: «Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.»
Jesús nos enseña a orar de manera efectiva. Nos enseña cómo NO debemos orar y cómo SÍ debemos orar.
Cómo NO debemos orar
No orar para ser vistos (Mateo 6:5-6)
- La palabra «para» indica propósito.
- Muchos oraban para que la gente los alabara.
- Son muchos los que buscan la gloria de los hombres: «Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios» (Juan 12:42-43).
- La oración personal es íntima. Es comunión con Dios. Es abrir nuestro corazón y expresarle lo que sentimos.
No orar con vanas repeticiones (Mateo 6:7-8)
- Los gentiles pensaban que por su palabrería serían oídos.
- Dios no se impresiona por la cantidad de palabras, sino por un corazón sincero.
- Si confiamos en nuestro Dios, lo demostraremos al orar.
- Él nos conoce y sabe nuestra situación, aun antes de que le pidamos.
No orar teniendo algo sin perdonar (Mateo 6:12, 14-15)
- El perdón de Dios está ligado a nuestra disposición a perdonar a otros.
- Jesús lo repite en otra ocasión: «Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas» (Marcos 11:25).
- El apóstol Pedro también enseña que nuestras relaciones con los demás pueden estorbar la oración: «Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo» (1 Pedro 3:7).
- No pongamos estorbos a nuestras oraciones. Un corazón dispuesto a perdonar es un corazón listo para orar.
Cómo SÍ debemos orar (Mateo 6:9-13)
- Para dar gloria a Dios: «Santificado sea tu nombre» (Mateo 6:9).
- Para buscar primero su reino y su voluntad: «Venga tu reino. Hágase tu voluntad» (Mateo 6:10).
- Para pedir por nuestras necesidades físicas: «El pan nuestro de cada día» (Mateo 6:11).
- Para pedir perdón por nuestros pecados: «Perdónanos nuestras deudas» (Mateo 6:12).
- Para pedir protección en el momento de la prueba: «No nos metas en tentación, mas líbranos del mal» (Mateo 6:13).
Conclusión
Jesús nos pide que evitemos tres cosas en nuestras oraciones: orar para ser vistos, las vanas repeticiones y la falta de perdón. Pero también nos anima a orar de manera correcta, poniendo en primer lugar lo espiritual.
Cuando descuidamos este privilegio, quedamos expuestos al desánimo. Saber que nuestra oración llega hasta la presencia de Dios nos debe hacer sentir lo importantes que somos para Él.
Oremos como Jesús oraba: «Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen» (Hebreos 5:7-9).
Esta semana, aparta un momento cada mañana, como lo hacía Jesús, y ora siguiendo el modelo que Él nos dejó.
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