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¡BIENVENIDOS!

“Señor, ¿Qué quieres que yo haga?”
Hechos 9:1-20

Hay personas que por ignorancia pueden estarse oponiendo a la voluntad de Dios, y muchas veces a un pelear con Dios. Pero nuestro Dios en su misericordia da oportunidad a toda persona para que se arrepienta. El caso que deseamos estudiar ahora es el caso de Saulo de Tarso. Este hombre sentía un vivo celo por Dios y por la ley de Moisés, pero no era un celo en cuanto a ciencia, más bien era un celo carnal, ignorante.

Cuando el vio surgir un nuevo grupo de creyentes, los catalogo como una secta a la cual había que eliminar, y creyó su deber luchar en contra de este nuevo grupo, los persiguió, los hizo blasfemar e hizo todo lo que estaba a su alcance para detener el avance de este grupo.

Pero lo que él no sabía es que la dispenciación Mosaica ya había llegado a su fin, y que este nuevo grupo de creyentes son ahora el nuevo pueblo de Dios, y por lo tanto el está luchando con Dios y no podría vencerle.

Leamos Hechos 9:1-9; “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.”; Los primeros creyentes experimentaron en carne propia lo que es sufrir por servir a Dios, la persecución que acaba de empezar ha hecho huir a todos los nuevos hermanos. Pero los enemigos de la iglesia no están contentos con que los nuevos creyentes hallan huido, su odio llega al extremo de seguirlos a las ciudades vecinas, y traerlos presos a Jerusalén, este es el plan que lleva Saulo de Tarso. Pero en el camino todo cambio. Nuestro Señor Jesucristo creyó oportuno hacer volver en si a Saulo, así como deseo la conversión del Eunuco e hizo todo para que esto fuera realidad, de igual forma desea la conversión de Saulo y ahora empieza a hacer todo lo necesario para tal propósito.

Nuestro Dios es un Dios que identifica a sus siervos por su nombre, el le dice: Saulo, Saulo. Aquí vemos lo importante que es para Cristo la iglesia, porque dice que Saulo al perseguir a los hermanos estaba persiguiéndolo a EL. Porque la iglesia es el cuerpo de Cristo, Efesios 5:23. El Señor le expresa a Saulo que toda su furia y odio a quien le esta haciendo daño es a el mismo.

Saludo de Tarso inmediatamente ve su gran pecado, esta persiguiendo y maltratando a Jesús, y esto lo lleva a humillarse ante el Señor y pregunta: ¿Qué quieres que yo haga?, aquí tenemos un arrepentimiento genuino. Cuando un ser humano en verdad ama a Dios y ve su pecado lo mas sabio que puede hacer es humillarse y decir: ¿Qué quiere que yo haga?. Pero muchas personas no quieren aceptar su pecado ante Dios, tratan de justificarse o de culpar a otros por sus faltas.

Los compañeros de Saulo fueron testigos de la voz, sin entenderla, vea Hechos 22:9 pero no vieron al Señor. Cuando Saulo se pone de pie para proseguir hacia donde el Señor le esta mandando, se da cuenta que está ciego, pero él está dispuesto hacer obediente al Señor y deja que le guíen a la ciudad. Ahí paso tres días sin ver, y tampoco comió ni bebió.

Ahora leamos Hechos 9:10-19; “Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.”; Ahora el Señor escoge a un discípulo de Damasco para que complete la conversión, este varón es Ananías. Este trata de explicar al Señor el record que tiene ese varón llamado Saulo, creyendo Ananías que el Señor no sabe todo esto. No vemos una negativa rotunda de Ananías si no una actitud de desconfianza hacia este hombre. Pero es precioso ver las palabras del Señor al decir: “Ve porque instrumento escogido me es éste…”, nosotros los seres humanos a veces juzgamos a las personas por su pasado, mientras que el Señor ve el futuro, y lo útil que es una persona para su ministerio. Muchas veces nosotros no queremos predicarle el evangelio a una persona porque según nuestro juicio, no se va a convertir, o no será útil. Dejemos que sea la misma persona que demuestre su capacidad para servir al Señor. Nuestro deber es sembrar la semilla en los corazones, si la persona es de buena tierra, producirá en abundancia.

Que bien que Ananías obedeció y fue al lugar donde estaba Saulo. Le restauro la vista y lo animo a que se convirtiera al Señor; leamos Hechos 22:16, “Ahora, pues, ¿por que te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”. Aquí vemos que aunque tres días a tras Saulo se había arrepentido y humillado ante el Señor, eso no le había dado el perdón de pecados, tuvo que ser bautizado para obtener el perdón de sus pecados, así como lo dijo el Señor en: Marcos 16:15-16 y lo que predico el E.S. por medio del Apóstol Pedro en Hechos 2:38. Las personas que dicen que fueron salvas cuando aceptaron a Cristo, podemos decirle que le han engañado, Saulo de Tarso no fue Salvo cuando creyó en Cristo si no cuando se Bautizo para lavar sus pecados.

Ahora que Saulo se convierte al Señor empieza a ser útil en la viña del Señor, porque ahora ya esta predicando a Cristo, veamos Hechos 9:20, “En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios. ” Y así lo hizo hasta el final de sus días.

Amigo si todavía no te has convertido al Señor te animamos a que lo hagas para que puedas ser lavados de todos tus pecados y empezar a ser útil para el servicio del Señor.

(18/SEPTIEMBRE/2019).

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«Y Baruc hijo de Nerías hizo conforme a todas las cosas que le mandó Jeremías profeta, leyendo en el libro las palabras de Jehová en la casa de Jehová. » Jeremías 36:8.

«volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. » HECHOS 8:28.

 

«leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, » EFESIOS 3:4