Juan 4:21-24
Jesús conversó con una mujer samaritana y le reveló grandes verdades.
Ya no importaría el lugar
Le dijo que el lugar donde se adoraba a Dios ya no iba a ser lo importante. Por muchos años, los samaritanos habían adorado a Dios en el monte Gerizim, y los judíos en Jerusalén.
Adorar lo que se sabe
La adoración de los samaritanos estaba basada en lo que no sabían, mientras que la de los judíos había sido guiada por Dios a través de Moisés y los profetas. Dios les había confiado a ellos su revelación:
Y por eso la salvación vino por medio de los judíos: de ellos vino la Palabra, y de ellos, según la carne, vino Cristo (Romanos 9:4-5).
La hora ha llegado
Dice el Señor que «la hora viene, y ahora es», cuando los verdaderos adoradores adorarían en espíritu y en verdad.
En espíritu: con nuestro ser interior, con el corazón.
En verdad: conforme a su Palabra, porque «tu palabra es verdad» (Juan 17:17).
Dios pide las dos cosas, no una sola:
| Cómo adoran | Qué pasa | Texto |
|---|---|---|
| En verdad, pero sin espíritu | Formas correctas, corazón lejos | Mateo 15:8 |
| En espíritu, pero sin verdad | Sinceridad, pero doctrinas de hombres | Mateo 15:9; Levítico 10:1-2 |
| En espíritu y en verdad | La adoración que el Padre busca | Juan 4:23-24 |
El Padre busca adoradores
Lo maravilloso de esto es que Dios el Padre busca que le adoren. Dios se complace en nuestra adoración. Tenemos el privilegio de estar entre esos adoradores que Dios ha buscado. No permitamos que nada ni nadie nos prive de ese privilegio.
Hoy debemos adorarle en espíritu y en verdad. Dios es Espíritu, y por eso debemos adorarle con reverencia (Hebreos 12:28), porque Él desea la comunión con nuestro espíritu, o sea, con nuestro ser interior.
Una adoración espiritual
La adoración del Nuevo Testamento tiene que ver con la parte interior del hombre, su ser espiritual. Todos los cristianos son sacerdotes que ofrecen sacrificios espirituales:
Nuestras oraciones suben a Dios como incienso: «Suba mi oración delante de ti como el incienso» (Salmo 141:2). Y Juan vio en el cielo «copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos» (Apocalipsis 5:8).
Nuestra música se hace en el corazón: «cantando y alabando al Señor en vuestros corazones» (Efesios 5:19). Es un «sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre» (Hebreos 13:15).
Los cinco actos de adoración
¿Cómo adoramos «en verdad»? Haciendo lo que el Nuevo Testamento enseña que la iglesia hacía cuando se reunía. Los primeros cristianos «perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones» (Hechos 2:42). Encontramos cinco actos de adoración:
1. La enseñanza de la Palabra
Es la proclamación, lectura y estudio de las Escrituras para instruir y guiar a la iglesia.
Cuando los discípulos se reunieron en Troas el primer día de la semana, Pablo les enseñó (Hechos 20:7). Y a Timoteo le dijo: «Ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza» (1 Timoteo 4:13).
En espíritu: escuchar con atención y con deseo de obedecer, «como niños recién nacidos» que desean la leche espiritual (1 Pedro 2:2).
2. El canto
Es la expresión de alabanza, gratitud y enseñanza mutua por medio de la voz.
Todos cantan, «unos a otros». El instrumento que Dios pide es el corazón.
En espíritu: cantar con entendimiento, no solo con los labios: «Cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento» (1 Corintios 14:15).
3. La oración
Es la comunicación con Dios, individual y en congregación, con peticiones, intercesión y acción de gracias.
Pablo pide que se hagan «rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres» (1 Timoteo 2:1).
En espíritu: orar con fe y con el corazón, diciendo «amén» a lo que se ora en público (1 Corintios 14:16; Santiago 1:6).
4. La Cena del Señor
Es la conmemoración de la muerte de Jesucristo por medio del pan y la copa, hasta que Él venga.
Los discípulos se reunían «el primer día de la semana… para partir el pan» (Hechos 20:7), el día en que el Señor resucitó.
En espíritu: examinarse a sí mismo y discernir el cuerpo del Señor: «pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan» (1 Corintios 11:28-29).
5. La ofrenda
Es el acto voluntario de apartar recursos materiales para sostener la obra del Señor y ayudar a los necesitados.
En espíritu: dar con alegría y generosidad: «Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre» (2 Corintios 9:7). Los macedonios «a sí mismos se dieron primeramente al Señor» (2 Corintios 8:5).
Los cinco actos en espíritu y en verdad
| Acto | En verdad (lo que Dios manda) | En espíritu (la actitud) |
|---|---|---|
| La enseñanza | Hechos 2:42; 20:7; 2 Timoteo 4:2 | Oír para obedecer (1 Pedro 2:2) |
| El canto | Efesios 5:19; Colosenses 3:16 | Con el corazón y el entendimiento (1 Corintios 14:15) |
| La oración | Hechos 2:42; 1 Timoteo 2:1 | Con fe (Santiago 1:6) |
| La Cena del Señor | 1 Corintios 11:23-26; Hechos 20:7 | Examinarse a sí mismo (1 Corintios 11:28) |
| La ofrenda | 1 Corintios 16:2 | Con alegría (2 Corintios 9:7) |
Conclusión
Así adoramos en verdad, conforme a lo que Dios ha mandado; y cuando lo hacemos de corazón, adoramos también en espíritu.
¿Crees tú que habrá algo más importante que adorar a Dios? Cada vez que nos reunimos para adorarle, ahí está nuestro Dios esperando nuestra adoración.
¡Bendito sea nuestro Dios por siempre!
Texto bíblico: Reina-Valera 1960.

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