Lucas 17:1-10
Introducción
¿Alguna vez ha sentido que su fe podría ser más fuerte? ¿Se ha sentido débil en la fe? ¿Ha mirado a otro cristiano y ha pensado: «Ojalá mi fe fuera tan fuerte»? ¿Ha pensado alguna vez: «No sé si tengo fe para hacer eso»?
Los apóstoles sintieron lo mismo, y le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe». La meta de cada hijo de Dios debe ser crecer hasta la madurez espiritual y ser útil en el reino de Dios. Pero no alcanzaremos esa meta si no la buscamos y hacemos lo necesario para lograrla.
1. ¿Por qué pidieron más fe?
Fíjese en el contexto. Los apóstoles no pidieron más fe para hacer milagros, sino después de escuchar lo que Jesús les pidió en los versículos 1 al 4:
| Lo que Jesús pidió | Por qué se necesita fe |
|---|---|
| No hacer tropezar a otros (vv. 1-2) | Cuidar nuestra influencia en los más débiles |
| «Mirad por vosotros mismos» (v. 3) | Examinarnos antes de juzgar a otros |
| Reprender al hermano que peca (v. 3) | Hace falta valor y amor |
| Perdonar siete veces al día (v. 4) | Hace falta un corazón como el de Cristo |
2. La importancia de una fe fuerte
La fe nos ayuda a ver más allá de la angustia y el sufrimiento de hoy, hasta la victoria de la vida eterna. «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Hebreos 11:1). Y «sin fe es imposible agradar a Dios» (Hebreos 11:6).
Varias veces Jesús llamó a sus discípulos «hombres de poca fe». Cada vez muestra un síntoma de una fe débil:
| Síntoma de poca fe | Texto |
|---|---|
| Preocupación por lo material | «¿No hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?» (Mateo 6:30) |
| Miedo ante la tormenta | «¿Por qué teméis, hombres de poca fe?» (Mateo 8:26) |
| Duda en medio de la prueba | «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?» (Mateo 14:31) |
| Olvidar lo que Dios ya hizo | «Hombres de poca fe… ¿No entendéis aún, ni os acordáis?» (Mateo 16:8-9) |
3. Cómo aumenta la fe
a) Acudiendo a la fuente correcta: la palabra de Cristo. «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10:17). Los de Berea «recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras» (Hechos 17:11).
No crece con doctrinas de hombres: «En vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres» (Mateo 15:9). Ni con sentimientos: «Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte» (Proverbios 14:12).
El Señor nos habla por medio de su revelación escrita: «leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo» (Efesios 3:4). Todo lo que necesitamos para madurar en Cristo está en las Escrituras:
b) Reconociendo nuestra debilidad. La honestidad exige que nos examinemos: «Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos» (2 Corintios 13:5). El padre del muchacho endemoniado oró: «Creo; ayuda mi incredulidad» (Marcos 9:24). Esa oración honesta es el comienzo de una fe más fuerte.
c) Entendiendo el poder de la fe. El grano de mostaza es muy pequeño, pero produce una planta muy grande (Mateo 13:31-32). Jesús no dijo que necesitamos mucha fe, sino fe verdadera, aunque sea pequeña, puesta en un Dios grande. Una fe así:
– Nos defiende de la tentación: «tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno» (Efesios 6:16).
– Vence los problemas de la vida: «esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe» (1 Juan 5:4).
– Da fruto para la gloria de Dios: «llevando fruto en toda buena obra… fortalecidos con todo poder» (Colosenses 1:10-11).
d) Usando la fe que tenemos. El énfasis no está en cuánta fe tenemos, sino en usar la que tenemos. Como un músculo del cuerpo, la fe crece cuando se ejercita. Lo que vale es «la fe que obra por el amor» (Gálatas 5:6). Abraham creyó y obedeció, y «la fe se perfeccionó por las obras» (Santiago 2:22).
e) Obedeciendo con humildad. La parábola del siervo (vv. 7-10) nos enseña que el siervo hace lo que se le manda sin esperar aplausos. «Siervos inútiles somos» no quiere decir que no servimos para nada, sino que no merecemos ningún premio especial por hacer lo que debíamos hacer. Si con gusto y humildad hacemos lo que el Señor manda, y dejamos que Él dirija nuestros pasos, nuestra fe crecerá.
4. ¿Qué pasa si la fe no aumenta?
- No crecemos y quedamos expuestos al error. «Guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Pedro 3:17-18).
- Nos volvemos tardos para oír. Los hebreos, «debiendo ser ya maestros», necesitaban otra vez la leche (Hebreos 5:11-12).
- Se debilita la esperanza. Si la fe es «la certeza de lo que se espera» (Hebreos 11:1), cuando la fe se debilita, la esperanza también.
- Corremos el peligro de apartarnos. «Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo» (Hebreos 3:12).
Conclusión
Los apóstoles hicieron una de las mejores oraciones que podemos hacer: «Señor, auméntanos la fe». Dios responde esa oración por medio de su Palabra, de las pruebas y de la obediencia diaria.
Leamos la Palabra, reconozcamos nuestra debilidad, usemos la fe que tenemos y obedezcamos con humildad. Así nuestra fe, como el grano de mostaza, crecerá.
¿Está creciendo su fe?
Texto bíblico: Reina-Valera 1960.

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