Hebreos 5:11-14
El contexto
En este capítulo, el escritor a los Hebreos explica que el sacerdocio de Cristo es superior al sacerdocio levítico. Cristo es sacerdote «según el orden de Melquisedec» (5:6, 10; Salmo 110:4), y en el capítulo 7 lo desarrollará con más amplitud.
Pero antes de seguir, el escritor se detiene en los versículos 11 al 14 para reprender a sus lectores. Los hermanos no estaban creciendo, y la inmadurez es el primer paso hacia la apostasía, o sea, hacia abandonar la verdad o desviarse de ella. Por eso esta reprensión prepara la advertencia solemne del capítulo 6:4-8.
«Os habéis hecho tardos para oír» (v. 11)
«Acerca de esto», es decir, de Melquisedec, el escritor tenía mucho que decir. Pero le era difícil explicarlo por la actitud que ellos habían tomado: se habían hecho tardos para oír. Esto significa que no estaban poniendo la debida atención. No eran receptivos, sino lentos para entender, y eso dificultaba la tarea del escritor. No estaban listos para recibir la enseñanza espiritual.
Fíjese que dice «os habéis hecho». No siempre habían sido así: llegaron a serlo. La misma palabra aparece en Hebreos 6:12: «a fin de que no os hagáis perezosos».
Oír no significa solo percibir sonidos, sino ser receptivos y atender al mensaje para obedecerlo. El cristiano puede ser «tardo para oír» (otras versiones dicen «reacios» o «perezosos») cuando no es espiritual, cuando no tiene interés o cuando en su vida no hay entrega. Es tristemente cierto que nuestra comprensión de la verdad divina está limitada por nuestra propia condición espiritual. Oídos reacios o perezosos no pueden recibir verdades profundas.
Por eso Santiago dice: «todo hombre sea pronto para oír» (Santiago 1:19), y Jesús advirtió: «Mirad lo que oís» (Marcos 4:24).
«Debiendo ser ya maestros» (v. 12)
Después de tanto tiempo, ya deberían estar enseñando a otros. En cambio, necesitaban que se les volviera a enseñar lo más básico. En la vida cristiana, el tiempo que tengamos de habernos convertido al Señor no nos da madurez espiritual. La madurez viene de aplicar sus mandamientos a nuestra vida.
Era tal el atraso de estos hermanos que estaban volviendo a los temas de la conversión. En el capítulo 6:1-2, el escritor menciona cuáles son esos «rudimentos»: el arrepentimiento, la fe, los bautismos, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. Son verdades fundamentales, pero el cristiano no debe quedarse siempre en el fundamento: debe edificar sobre él.
No todos serán maestros en público, pero todo cristiano debe estar «siempre preparado para presentar defensa» de su fe (1 Pedro 3:15) y ser capaz de enseñar a otros lo que ha aprendido (2 Timoteo 2:2).
La leche y el alimento sólido (vv. 13-14)
La leche son los temas sencillos para los recién convertidos. Es necesaria al principio: «desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis» (1 Pedro 2:2). Pero la leche es para crecer, no para quedarse siempre en ella. Pablo tuvo que decir lo mismo a los corintios: «os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces… porque aún sois carnales» (1 Corintios 3:1-3).
El alimento sólido son las enseñanzas más profundas de la Palabra, las que exigen más estudio y meditación. Pero el texto dice que es para los que «por el uso tienen los sentidos ejercitados». La palabra «ejercitados» es la de donde viene «gimnasia». La madurez no viene solo de saber más, sino de practicar lo que sabemos. Así se desarrolla la capacidad de discernir entre el bien y el mal y de tomar buenas decisiones.
| El niño espiritual | El cristiano maduro |
|---|---|
| Tardo para oír (v. 11) | Pronto para oír (Stg 1:19) |
| Necesita que le enseñen otra vez (v. 12) | Enseña a otros (v. 12) |
| Solo puede tomar leche (v. 12) | Recibe alimento sólido (v. 14) |
| Inexperto en la palabra de justicia (v. 13) | Tiene los sentidos ejercitados (v. 14) |
| Llevado por todo viento de doctrina (Ef 4:14) | Discierne el bien y el mal (v. 14) |
El peligro de no crecer
El escritor ya había advertido: «es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos» (Hebreos 2:1). El cristiano que no crece no se queda quieto: se desliza. En el capítulo 6 el escritor da más detalles de la situación en que estaban estos hermanos, y advierte del terrible peligro de recaer (6:4-6).
Por eso, la respuesta es crecer:
¿Está usted creciendo? ¿O, después de tanto tiempo, todavía necesita leche?
Texto bíblico: Reina-Valera 1960.

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