Andar en la verdad

Andar en la verdad – 3 Juan 3-4; Filipenses 3:15-16

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3 Juan 3-4; Filipenses 3:15-16

Textos

«Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad» 3 Juan 3-4
«Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa» Filipenses 3:15-16

Andar en la verdad es vivir cada día guiados por la palabra de Dios: creerla, confesarla, practicarla y gozarnos en ella. Pablo pide que, en lo que ya hemos aprendido, sigamos «una misma regla». Esa regla es la verdad de Dios.

1. Debemos andar creyendo la verdad de Dios

En la verdad de la palabra de Dios es donde debemos poner toda nuestra confianza. Pablo repite varias veces en sus cartas a Timoteo y a Tito: «Palabra fiel» (1 Timoteo 1:15; 3:1; 4:9; 2 Timoteo 2:11; Tito 3:8).

«Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero» 1 Timoteo 1:15

Pilato le preguntó a Jesús: «¿Qué es la verdad?», y salió sin esperar la respuesta (Juan 18:38). Pero la respuesta ya la había dado Jesús en su oración: «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad» (Juan 17:17). Y también: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6).

Podemos confiar en la palabra de Dios, porque es la verdad. Los tesalonicenses la recibieron así:

«…cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes» 1 Tesalonicenses 2:13

Dios los escogió para salvación «mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad» (2 Tesalonicenses 2:13). Y Pablo, aun en la cárcel, podía decir: «Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día» (2 Timoteo 1:12).

2. Debemos andar confesando la verdad de Dios

La palabra «profesión» (en griego, homología) significa, según el diccionario de W. E. Vine, «confesión, reconocimiento de la verdad». Es decir, declarar públicamente lo que creemos.

«Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos» 1 Timoteo 6:12
«Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió» Hebreos 10:23

El cristiano no debe avergonzarse de confesar al Señor. «Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria» (Lucas 9:26). En cambio, muchos gobernantes «creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban» (Juan 12:42).

Pero tal confesión no debe hacerse para ser vistos por los hombres. Jesús advirtió: «Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos» (Mateo 6:1). La meta no es nuestra gloria, sino la de Dios: «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16).

«Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él» (Colosenses 3:17).

3. Debemos andar practicando la verdad de Dios

De nada nos sirve estudiar la palabra de Dios si no la practicamos. «Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos» (Santiago 1:22).

«Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Y en esto conocemos que somos de la verdad» 1 Juan 3:18-19
«Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?… Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma… ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?» Santiago 2:14, 17, 22

Cuando vivimos la Palabra, hacemos que la doctrina de Dios brille ante todos los hombres. Pablo pidió a los siervos que se mostraran «fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador» (Tito 2:10). Por eso debemos vestirnos «de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia» (Colosenses 3:12).

En la palabra de Dios hay poder para cambiar vidas (Romanos 1:16; Hebreos 4:12). Cuando la practicamos, se nota en el fruto: «Por sus frutos los conoceréis… todo buen árbol da buenos frutos» (Mateo 7:16-17).

4. Debemos andar con el gozo de la verdad de Dios

El evangelio trae alegría al corazón de los que lo obedecen:

El eunuco: después de ser bautizado, «siguió gozoso su camino» (Hechos 8:39).

El carcelero de Filipos: «se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios» (Hechos 16:34).

Los cristianos del primer siglo son prueba de esa alegría, aun en medio de las pruebas:

«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo… y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones» Romanos 5:1-3
«Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos… Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria» 2 Corintios 4:8-9, 17

No hay mayor alegría que saber que en Cristo Jesús somos libres: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Por eso Pablo pudo escribir desde la cárcel: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Filipenses 4:4).

Andar en la verdadTexto
CreyéndolaJuan 17:17; 1 Tesalonicenses 2:13
Confesándola1 Timoteo 6:12; Lucas 9:26
PracticándolaSantiago 1:22; 1 Juan 3:18
Gozándonos en ellaHechos 8:39; Juan 8:32

Conclusión

Andar en la verdad es creer lo que Dios dice, confesarlo sin vergüenza, vivirlo cada día y gozarnos en la libertad que nos da. Juan no tenía mayor gozo que oír que sus hijos andaban en la verdad (3 Juan 4). Ese es también el gozo de nuestro Padre celestial.

¿Está usted andando en la verdad?

Texto bíblico: Reina-Valera 1960.

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