Juan 12:37-41
Introducción
Muchas personas no creen ni aun viendo. Muchos vieron los milagros del Señor, y ni así creyeron. ¿Por qué?
Fíjese en el orden del texto. Primero dice que no creían (v. 37), y después que no podían creer (v. 39). Dios no les impidió creer desde el principio; ellos rechazaron la luz, y Dios los entregó a la dureza que ellos mismos escogieron. Así hace Dios con los que «no recibieron el amor de la verdad para ser salvos» (2 Tesalonicenses 2:10-11; véase Romanos 1:24, 28).
Y note algo maravilloso: Isaías vio la gloria de Jehová en el templo (Isaías 6:1-5), y Juan dice que vio la gloria de Jesús. ¡Jesús es Dios!
En este mismo libro, el Espíritu Santo nos presenta por medio de Juan las razones por las que muchos no creyeron. Y lo sorprendente es que son las mismas razones que hoy tienen muchas personas para no obedecer el evangelio de Cristo.
1. Porque su fe era superficial
Era una fe de emoción, basada en lo espectacular, sin raíz ni compromiso. Muchos hoy se entusiasman con la religión mientras ven algo llamativo, pero no entregan su vida a Cristo.
2. Porque buscaban lo material y no lo espiritual
Después de la multiplicación de los panes, Jesús les dijo:
Cuando Jesús les habló del pan espiritual, dijeron: «Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?» (6:60). «Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él» (6:66). Muchos hoy buscan a Dios solo por lo que puede darles en lo material.
3. Porque temían a los hombres
El ejemplo de cobardía fue Pilato. Tres veces declaró: «Yo no hallo en él ningún delito» (Juan 18:38; 19:4, 6). Pero cuando los judíos gritaron: «Si a este sueltas, no eres amigo de César», tuvo miedo, y «se lo entregó a ellos para que fuese crucificado» (Juan 19:12-16). Sabía la verdad, pero temió más a los hombres que a Dios.
En cambio, José de Arimatea y Nicodemo, que habían sido discípulos «secretamente por miedo de los judíos», al final dieron la cara y pidieron el cuerpo de Jesús (Juan 19:38-39). El miedo se puede vencer. «El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado» (Proverbios 29:25).
- «Ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo a los judíos» (Juan 7:13).
- Los padres del ciego no quisieron responder «porque tenían miedo de los judíos», ya que el que confesara a Jesús sería expulsado de la sinagoga (Juan 9:21-22).
- «Aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga» (Juan 12:42).
4. Porque no amaban a Dios, sino otras cosas
«Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros» (Juan 5:42). Cuando no se ama a Dios, se ama otra cosa:
Las tinieblas: «Esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Juan 3:19-20).
La gloria de los hombres: «¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?» (Juan 5:44). «Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios» (Juan 12:43).
A sí mismos y las cosas materiales: «El que ama su vida, la perderá» (Juan 12:25). Pablo advirtió que habría hombres «amadores de sí mismos, avaros… amadores de los deleites más que de Dios» (2 Timoteo 3:2-4).
5. Porque tenían el corazón endurecido
Es lo que dice el texto: «Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón» (Juan 12:40). Jesús les dijo: «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida» (Juan 5:40).
Véase cómo trataron los judíos al hombre que nació ciego: aunque el milagro era evidente, estaban resueltos a no aceptar la verdad (Juan 9). Y los soldados se repartieron sus vestidos y echaron suertes al pie de la cruz durante la agonía de Jesús (Juan 19:23-24).
La parábola del sembrador muestra lo mismo: la palabra no da fruto en el corazón duro como el camino, ni en el superficial como la piedra, ni en el ocupado como los espinos. Solo da fruto en los que «con corazón bueno y recto retienen la palabra oída» (Lucas 8:11-15).
6. Por orgullo intelectual
Y al ciego sanado le dijeron: «Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros?» (Juan 9:34). Se creían demasiado sabios para aprender. Jesús les respondió: «Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece» (Juan 9:41).
7. Por indiferencia
Pilato le preguntó a Jesús: «¿Qué es la verdad?». Y cuando hubo dicho esto, salió (Juan 18:38). Tenía delante a Aquel que dijo «Yo soy la verdad» (Juan 14:6), y no esperó la respuesta. Hoy muchos hacen lo mismo: les interesa un poco el tema, pero no lo suficiente para buscar la respuesta y obedecerla.
| Razón | Texto clave |
|---|---|
| 1. Fe superficial | Juan 2:23-25 |
| 2. Buscar lo material | Juan 6:26-27, 66 |
| 3. Temor a los hombres | Juan 12:42; 19:12-16 |
| 4. No amar a Dios | Juan 3:19; 5:42, 44; 12:43 |
| 5. Corazón endurecido | Juan 5:40; 12:40 |
| 6. Orgullo intelectual | Juan 7:48-49; 9:34, 41 |
| 7. Indiferencia | Juan 18:38 |
Conclusión
La incredulidad de los judíos no sorprendió a Dios, porque Él ya lo había anunciado por medio del profeta Isaías. Pero Dios no quiere que nadie se quede en la incredulidad. Juan escribió su libro con un propósito:
Nosotros no vimos los milagros, pero tenemos el testimonio escrito. «Bienaventurados los que no vieron, y creyeron» (Juan 20:29).
Busquemos cada día la fuente de nuestra fe, que es su Palabra (Romanos 10:17), para que nunca volvamos atrás ni caigamos en ninguna de estas malas actitudes.
Texto bíblico: Reina-Valera 1960.

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