«Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?»Mateo 6:24-25
¿Qué es el afán? El diccionario expositivo de Vine explica que la palabra griega para «afán» (merimna) transmite la idea de «atraer en varias direcciones, distraer», y de allí, «preocupación, ansiedad». El afán divide el corazón: tira de nosotros hacia un lado y hacia otro, y no nos deja en paz.
En este pasaje del Sermón del Monte, Jesús repite tres veces la misma orden: «no os afanéis» (vv. 25, 31 y 34). Y nos muestra que la solución es un corazón entero, puesto en un solo Señor y confiado en un Padre que cuida de sus hijos.
1. No podemos servir a dos señores (v. 24)
En tiempos de Jesús, un amo exigía obediencia y un servicio de calidad. La palabra «servir» que se usa aquí es la del esclavo, el que pertenece por completo a su señor. Una persona puede trabajar para dos patrones, pero no puede ser esclava de dos amos. Tarde o temprano, uno de ellos va a mandar algo que el otro prohíbe.
Jesús presenta a dos amos opuestos: Dios y las riquezas. La palabra que Él usó es mamón, un término arameo que la Reina-Valera 1960 traduce como «riquezas». No es que el dinero sea malo en sí mismo, sino que puede convertirse en un señor que reclama nuestro corazón.
Por eso tenemos que escoger a quién vamos a servir. «¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Mateo 16:26). El rico insensato de la parábola lo había planeado todo, pero Dios le dijo: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?» (Lucas 12:20). Y es significativo que, inmediatamente después de esa parábola, Jesús enseñara a sus discípulos lo mismo que leemos en Mateo 6: «No os afanéis por vuestra vida» (Lucas 12:22-31).
Aquí está la clave de todo el pasaje. El versículo 25 comienza con un «Por tanto». El afán nace de un corazón dividido. Quien no ha decidido a quién sirve vivirá siempre jalado en dos direcciones.
2. No debemos afanarnos por la vida (vv. 25, 31)
Jesús menciona primero la comida y la bebida, que son parte esencial de nuestra existencia. Para algunos, el afán es: «¿habrá para mañana?». Para otros, que sí la tienen, el afán es otro: «¿cuánto es suficiente?», «¿qué tipo es mejor?». Israel comía maná del cielo cada día, y aun así se quejaba: «Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos» (Números 11:5-6).
Luego menciona el cuerpo y el vestido: ¿qué ropa me pongo?, ¿de qué marca?, ¿cuántos roperos necesito?
El argumento de Jesús es sencillo y poderoso: «¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?» (v. 25). Quien nos dio lo mayor, la vida, ¿no nos dará lo menor?
Estas cosas son importantes, pero no son las más importantes. En la parábola del sembrador, la semilla que cayó entre espinos representa a quien oye la palabra, «pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa» (Mateo 13:22). Y cuando Marta se quejó porque su hermana no la ayudaba, el Señor le respondió: «Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte» (Lucas 10:41-42). Marta no estaba haciendo nada malo; estaba sirviendo. Pero el afán le había robado lo más importante.
Una aclaración necesaria: Jesús no prohíbe trabajar ni prever. La misma Biblia dice: «Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma» (2 Tesalonicenses 3:10). Lo que Jesús prohíbe es la ansiedad que desconfía de Dios.
3. Mirad y considerad (vv. 26-32)
Jesús nos invita a abrir los ojos y mirar la creación, porque en ella hay pruebas del amor y del cuidado de Dios.
Mirad las aves. «Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?» (v. 26). Si Dios cuida de ellas, ¡cuánto más cuidará de sus hijos!
Considerad los lirios. «Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos» (vv. 28-29). «Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros?» (v. 30).
De estas dos imágenes, Jesús saca tres lecciones sobre el afán:
- El afán es inútil. «¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?» (v. 27). Otras versiones traducen «añadir una hora a su vida». De cualquier forma, preocuparse no añade nada.
- El afán es un problema de fe. Jesús llama a los afanados «hombres de poca fe» (v. 30).
- El afán es vivir como si no tuviéramos Padre. «Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas» (v. 32). El que no conoce a Dios tiene motivos para afanarse; el hijo de Dios, no.
La aplicación es práctica: pensar menos en lo que no tenemos, reconocer lo que Dios ya nos ha dado y ser agradecidos.
4. Buscad primeramente el reino de Dios (v. 33)
«Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (v. 33). Este es el corazón del pasaje.
- El reino: someternos al gobierno de Dios en nuestra vida.
- Su justicia: vivir como Él manda. Jesús dijo: «si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 5:20; ver también 6:1).
- Primeramente: no es lo único que buscamos, pero sí lo primero. En el uso del tiempo, en el uso del dinero y en las decisiones de trabajo y de familia.
Y viene la promesa: «todas estas cosas os serán añadidas». Dios siempre bendice: «no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones» (Hechos 14:17); «él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas» (Hechos 17:25).
Pero notemos bien: Él añade lo que necesitamos, no todo lo que deseamos. «Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo» (1 Timoteo 6:8-9). A los ricos se les manda que no pongan «la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos» (1 Timoteo 6:17). Pablo había aprendido el secreto: «he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación […] Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:11-13).
5. No os afanéis por el día de mañana (v. 34)
«Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal» (v. 34).
El afán nos hace cargar hoy con problemas que todavía no existen, y que muchas veces nunca llegan. Dios da la fuerza para hoy, no por adelantado. Como el maná en el desierto, que se recogía cada mañana, su gracia llega cada día.
Por eso debemos velar: «Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día» (Lucas 21:34-36).
Conclusión
Es interesante notar que la palabra que Jesús usa en Mateo 6 es la misma que aparece en los demás textos que hemos visto: Marta «afanada» (Lucas 10:41), «el afán de este siglo» (Mateo 13:22), «los afanes de esta vida» (Lucas 21:34). La Biblia habla una y otra vez del mismo problema, porque es uno de los enemigos más comunes del corazón.
¿Quiere vivir sin afanarse? Decida hoy a quién va a servir, ponga el reino de Dios en primer lugar y confíe en su Padre, que sabe lo que usted necesita. Y cuando llegue la preocupación, llévela a Dios en oración:
«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús». Filipenses 4:6-7
O, como lo resumió el apóstol Pedro: «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:7).
Las citas bíblicas son de la versión Reina-Valera 1960.
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